Vendedores de verduras de Les Halles, ca. 1915 (Pinterest) e ilustración de ajos.

¿Sabían que el chándal debe su nombre a los verduleros parisinos?

En 1894 un fabricante de Amiens (Francia) bautizó un nuevo tipo de prenda de punto en honor a quienes más lo usaban: los vendedores de ajos o chands d'ail

ANA VEGA PÉREZ DE ARLUCEA

Vayan al diccionario de la Real Academia Española. Busquen «chándal». Ahí, junto a la definición de ropa deportiva que consta de un pantalón y una chaqueta o jersey amplios» aparece también la etimología de la palabra. Chándal es la versión españolizada de la palabra francesa chandail, que significa –agárrense– «jersey de los vendedores de verdura». O más bien de los vendedores de ajo, que es lo que literalmente quiere decir esta expresión abreviada proveniente de la expresión marchand d'ail.

Fueron los marchantes de ajos, cebollas y otras verduras del gran mercado de Les Halles, en París, quienes dieron nombre a esta prenda en 1894, aunque de manera involuntaria. La historia de cómo nació esta prenda deportiva la contó su propio inventor en 1915, en una carta dirigida al periódico 'Le Temps'. Por aquella época el término ya se había extendido tanto que se había convertido en sinónimo de suéter, en particular uno de lana gruesa y hechuras cómodas muy popular entre los montañeros, los ciclistas y los aficionados a otras disciplinas deportivas. El origen del nombre chandail despertaba curiosidad y consecuentemente suscitó varias teorías diferentes, así que su creador, el empresario de Amiens monsieur Delaux-Chatel, tuvo que zanjar la cuestión con una misiva publicada el 15 de abril de 1915 en la que explicó con pelos y señales cómo había nacido la idea: «El chandail para hombres, mujeres y niños fue creado por mí hace veintiún años y mi muestra fue depositada en la secretaría del tribunal industrial en Amiens el 5 de mayo de 1894. Lo creé en el único y primer telar capaz de producir este tipo de prenda, que yo tenía desde 1880, y preparé para uno de mis clientes en París, M. Pringault (rue des Bourdonnais) unas pocas docenas de un artículo de punto flexible destinado a los trabajadores del mercado, verduleros, etc. Como buen parisino el señor Pringault había venido, por abreviatura, a preguntarme por su encargo para sus «chands d'ail«. A partir de ahí pensé en llamar a mi creación chandail, término que viene de «marchand d'ail». Por lo tanto la idea se remonta treinta y cuatro años atrás, pero la palabra chandail no apareció en facturas y catálogos hasta 1894. Hoy, todos los fabricantes de mercerías en Francia e incluso en el extranjero están fabricando chandails».

Deportista luciendo el chandail del Club Athlétique de la Société Générale, 1921. / Gallica

¿Y cómo pasó un jersey corriente y moliente a ser un icono del deporte? Pues por su comodidad. De punto grueso, cuellos altos y pudiendo ser cerrado o abierto con botones, el chandail original era semejante a lo que hoy en día reconoceríamos como una sudadera pero de lana. Fue maillot de invierno de los ciclistas galos durante la primera década del siglo XX y algo más tarde lo llevaron tanto los soldados franceses a las trincheras de Verdún como los alpinistas a las cumbres nevadas. También se crearon versiones femeninas en clave sofisticada que durante bastante tiempo se conocieron en España inicialmente como chandails o chandalls, prendas que como decía la sección de moda de la revista Crónica ( 9 de septiembre de 1934) eran «de sport, con pechera semejante a la de la camisa del hombre y con manga larga o media manga hasta el codo […] una indumentaria sencilla dentro del indispensable chic».

Aquel chandail venido de Francia fue simplificándose poco a poco y añadiendo pantalones al conjunto. En los años 50 se empexó a hablar de él en la prensa deportiva española como un uniforme que permitía practicar deporte a la vez que lucir los colores o emblemas de cada equipo, y finalmente acabó siendo adoptado como «chándal» en 1983 por la mismísima RAE. Y todo gracias a los vendedores de ajos de París.