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Maridaje sonoro
Ensayo de un camarero

Maridaje sonoro

Todo suma a la hora de tener una experiencia gastronómica, y esta no se reduce solo a que el menú ofrecido este rico y sabroso, o que el servicio sea profesional

José Miguel Sánchez

Las Palmas de Gran Canaria

Lunes, 29 de abril 2024, 11:17

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Cada local donde se sirve comida o bebida, ya sea una tasca, un restaurante o un bar de copas debe cuidar no solo los grandes detalles, sino también aquellos que a veces solo son perceptibles cuando ponemos cierta atención y podemos percatarnos de ellos.

Hoy en día el entorno, aquello que rodea a un restaurante u otro negocio, es casi tan importante como los propios alimentos que vamos a tomar. La decoración, el tipo de mesas y asientos que se utilizan, la vajilla, etc. Sin embargo, hay un elemento que muchas veces ayuda a situarte dentro de un ambiente determinado y te predispone a disfrutar de esa comida o botella de vino de forma diferente, ya sea en una tasca, en un refinado restaurante o en la barra de un bar.

Ese elemento tan importante es la música de fondo que podemos escuchar en los locales a los que acudimos. Siempre que esta no sea desagradable cuando se mezcla con el ambiente, en el sentido de que no puedas hablar con tus acompañantes, o que el medio sonoro sean unos altavoces de mala calidad. En la mayoría de los casos, puede proporcionar un plus añadido en nuestras experiencias gastronómicas.

Hay estudios científicos que sostienen que la música puede influir en la percepción de los sabores en nuestra boca. Nuestro sentido del gusto puede verse ligeramente alterado, por ejemplo, a la hora de escuchar música clásica para degustar un vino, o una ópera italiana si comemos una pasta carbonara, y así consecutivamente para comidas y bebidas que relacionamos con un país, o un determinado estilo musical.

Mi experiencia me desvela que en numerosas ocasiones el comensal que espera en la mesa a que llegue su cita tomando un aperitivo, abandona la compañía del teléfono móvil cuando la música que escucha de fondo es agradable y el día acompaña. Puedo observar como muchos comensales se contonean sutilmente mientras se llevan el tenedor a la boca, o por ejemplo cuando a determinada hora de la noche la música que te llega te anima a pedirte la arrancadilla antes de abandonar el local.

La música siempre ha funcionado como un nexo de unión de recuerdos asociados a determinadas experiencias. Todos y todas recordamos una canción de verano, o de algún desamor y por qué no, también podemos sumar a una gran velada en algún restaurante con amigos o alguien especial.

Yo me quedo por ejemplo, con momentos musicales acompañado de una copa de vino en La Bodega Extremeña escuchando a los Mojinos Escocios que nuestro amigo Ángel ponía cada noche, o con el son del Perola del grupo Mestisay, comiendo unas papas fritas con berberechos en El Perola en Agaete, o aquellas sensaciones que transmitía saborear las papas arrugadas con mojo, en El Herreño de Tito, con isas y folías canarias de fondo cantadas por algún trovador timplista de los que ya quedan pocos.

Como decía aquella canción del gran José Luis Perales, «la música es amante y compañera para la soledad, el punto de partida de una historia de amor» y por qué no sumar también para acompañarnos en nuestro restaurante o tasca favorita. Ensayo de un camarero.

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