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Alfonso XIII, el veraneo y los tragos

Alfonso XIII, el veraneo y los tragos

Gastrohistorias ·

Lejos de su esposa y de la política española, el escandaloso verano del rey en Deauville en 1922 legó una joya a la historia de la coctelería

ana vega pérez de arlucea

Viernes, 2 de julio 2021

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Alfonso XIII se lo pasó muy bien durante el verano de 1922. Demasiado bien para ser rey. El 9 de agosto de aquel año tomó un tren en dirección a Francia junto a su compinche y amigo el marqués de Viana para pasar unas semanas al sol de Deauville, la popular localidad costera de Normandía en donde la aristocracia europea practicaba el golf, el polo y la vida crápula. Atrás quedaban su esposa, sus seis hijos (sin contar los ilegítimos) y una crisis política sin precedentes. En poco más de un año se habían sucedido en el cargo cuatro presidentes del Consejo de Ministros y apenas doce meses antes había ocurrido el Desastre de Annual, en el que más de 10.000 soldados españoles perdieron la vida.

No era un buen momento para que el rey diera que hablar, pero le dio igual. Tenía 36 años, se sentía joven y estaba harto tanto de su mujer Victoria Eugenia como de la corte madrileña. Se fue a a pasar el último tramo del verano en la mansión Clairefontaine –también conocida como Le Grand Bec– un espectacular caserón de estilo inglés a pocos kilómetros de Deauville. Allí, en compañía de Pepe Viana, el duque de Peñaranda y el conde de la Maza, podía disfrutar con cierta discreción de placeres que en España le estaban vedados: pasear, ir al casino, sentarse en una terraza… En una de ellas, muy concurrida y en pleno centro de Deauville, le pillaron las cámaras del noticiario British Paté. Esas imágenes no llegaron a proyectarse en España, pero al final de uno de sus films informativos se puede ver perfectamente al monarca español tomándose una copichuela.

Alfonso XIII sentado en la terraza de un café de Deauville, British Paté 1922.
Alfonso XIII sentado en la terraza de un café de Deauville, British Paté 1922.

Hedonista y disfrutón, además de jugar al polo, al tenis y probablemente también a otros deportes, ejem, más íntimos, el rey se convirtió en fiel cliente de algunos de los bares más famosos de Deauville. En uno de ellos se aficionó a un cóctel elaborado con champán, Dubonnet, angostura y azúcar que a partir de aquel verano de 1922 (y no tras su exilio, como se suele afirmar) se conoció en todo el mundo como el «Alfonso cocktail».

En 1923 la fórmula en cuestión ya apareció en un recetario de coctelería, el 'ABC of Mixing Cocktails' del famosísimo barman escocés Harry MacElhone. «Este cóctel fue muy popular en Deauville en 1922, durante la estancia de su Majestad el rey de España en ese popular resort de Normandía», dice la receta. Al rey le dedicarían más tarde una marca de jerez y varios cócteles más, como el «Alfonso XIII sour» de Pedro Chicote (hielo picado, azúcar en polvo, Grand Marnier, jerez, whisky y zumo de limón), pero el auténtico Alfonso, el del veraneo francés, es tal y como sigue:

Cóctel Alfonso: 'Harry of Ciro's ABC of mixing cocktails'. Harry MacElhone, Londres, 1923. «Meter un terrón de azúcar en una copa de vino de tamaño mediano, echar 2 gotas de bitter sobre el azúcar, un pedazo de hielo, un cuarto de vaso de Dubonnet, llenar el resto con champagne y estrujar encima una corteza de limón. Remover suavemente».

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