Mitch McConell, líder de la mayoría del Senado / EFE

Los líderes republicanos se rinden a la derrota de Trump

El presidente organiza a sus seguidores para nombrar a representantes paralelos al Colegio Electoral convencido de aún puede revertir los resultados

MERCEDES GALLEGO Nueva York

«El Colegio Electoral ha hablado, tenemos un nuevo presidente electo». Sonaba a Perogrullo, casi mes y medio después de que los estadounidenses votaran el pasado 3 de noviembre, pero al venir del líder del Senado Mitch McConnell, que ha sido un buen aliado de Donald Trump durante los últimos cuatro años, era todo un hito.

Y un triunfo de Joe Biden, que ha mantenido la calma, convencido de que su antiguo colega del Senado durante casi un cuarto de siglo acabaría por reconocerle la victoria en su debido momento. Biden sabe que el cargo de McConnell depende de que su partido gane los dos asientos de Georgia que se disputarán el día 5, por lo que no puede arriesgarse a desatar la ira de Trump, que ha obtenido 74 millones de votos (11 millones más que hace cuatro años).

A estas alturas el 77% de los republicanos cree que hubo fraude, según una encuesta de la Universidad de Quinnipiac. Un 7% más que la que tomó hace un mes Morning Consult, prueba de que el viejo dicho de Francis Bacon 'calumnia con audacia, que algo quedará', funciona. Trump ha despedido a los cargos del gobierno que le han llevado la contraria públicamente –William Barr, fiscal general, y Chris Krebs, director de Seguridad Interior- aunque no puede despedir a McConnell tiene a Georgia por rehén.

Si el líder del Senado se sintió envalentonado es porque a Biden ya le han dado la razón 309 representantes del Colegio Electoral y 85 jueces en 58 demandas, según la cuenta que lleva en Twitter el abogado demócrata Marc Elias. La única victoria victoria que le dio un juez de Pensilvania al eliminar las papeletas que llegaron por correo durante la ventana de tres días sin la debida identificación no impidió que Biden ganara ese estado por más de 80.000 votos.

Muchos de esos jueces eran conservadores y al menos ocho los había elegido él mismo. Antes de sentenciar en contra de su «extraordinaria demanda», el juez federal de Wisconsin Brett Ludwig la calificó de «estrambótica». En su sentencia destacó su extrañeza ante las objeciones de «un presidente que no ha logrado prevalecer en las urnas y pide que se anule el voto por razones administrativas que bien pudo haber corregido antes de las elecciones». En Georgia el juez Steven Grimberg advirtió que detener la certificación de las elecciones en el último momento sin haber encontrado arraigo ni en la ley ni en los hechos presentados «hubiera dañado el interés público de incontables maneras». Y en el Supremo, en el que Trump confiaba para repetir la histórica decisión de Bush vs Gore que en el año 2000 diera la presidencia al republicano, los nueve jueces se negaron unánimemente a intervenir.

«¡No tienen juicio ni valor!», bramó el presidente por Twitter. «¡Estoy tan decepcionado, no ha habido ni un juez valiente!» Por el contrario, al celebrar el lunes la victoria, el presidente electo destacó la «absoluta valentía» de aquellos funcionarios republicanos en todas las instancias locales y estatales que han resistido las presiones para revertir los resultados de las urnas pretendiendo un fraude masivo. «Siempre estaremos en deuda con estos funcionarios públicos a los que les debemos la supervivencia de nuestra democracia», declaró.

Mientras líderes renuentes como el mexicano Andrés Manuel López Obrador rendían por fin pleitesía al nuevo mandatario de EEUU, un escalofrío recorría el país. ¿Qué hubiera pasado si algunos de esos funcionarios no hubiera resistido las presiones? ¿O si el resultado hubiera sido todavía más ajustado? En Arizona los representantes del Colegio Electoral tuvieron que votar desde un lugar secreto por temor a las amenazas recibidas. En Michigan, la policía tuvo que acordonar el Capitolio y alrededores. Y en Wisconsin tuvieron que acceder al edificio por una puerta oculta. Es lo que Biden calificó de «un ataque sin precedentes a la democracia».

La batalla no ha terminado. Según el asesor del presidente Steven Miller, hay «tiempo de sobra» para revertir el resultado. Siguiendo sus indicaciones los legisladores republicanos de seis estados han votado en paralelo otro grupo de representantes del Colegio Electoral para el caso de que algún juez acepte las acusaciones de Trump en los 35 días que le quedan antes de transferir el poder. A medida que se cierra esa ventana y sus posibilidades legales se vuelven más remotas, aumenta el miedo a una salida violenta por parte de sus seguidores. El verdadero asalto a la democracia podría estar en cierne.