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Joe Biden saluda a sus seguidores en su discurso tras declararse presidente electo, el sábado en Wilmington donde reside. afp

Biden empieza a enmendar la era Trump

Pide unión al país mientras este lunes convoca a su equipo para crear una comisión contra el Covid y definir varias reformas del legado de su predecesor

Mercedes Gallego

Filadelfia

Domingo, 8 de noviembre 2020

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Manos a la obra. Apenas 48 horas después de adjudicarse la victoria electoral, Joe Biden comenzará a trabajar este lunes con su equipo en las nuevas decisiones sobre el país como si mañana mismo fuera a ocupar el Despacho Oval. Quedan 72 días para el traspaso efectivo de poderes, pero el presidente electo ya ha convocado a los suyos esta mañana con el fin de definir una estrategia contra el coronavirus.

La pandemia es su primera prioridad, como dejó sentado en su discurso del sábado. La situación es insoportable. Los fallecidos superan los 237.000 y esta semana se rebasará el listón de los diez millones de infectados. Mientras la Administración de Donald Trump anunciaba en plena campaña que, más allá de doblegar la curva, su empeño era concentrarse en una vacuna que llegara a los ciudadanos, Biden se propone crear una comisión especial que luche contra la enfermedad. Este lunes nombrará a sus doce componentes, entre los cuales estará el exdirector de la Sanidad pública estadounidense Vivek Murthyi como vicepresidente. También está previsto que el futuro mandatario se reúna con el asesor científico del Gobierno, Antonhy Fauci, y nombre un responsable específico para la logística de las vacunas cuando hayan sido aprobadas.

Además de la propia urgencia sanitaria, el demócrata marca perfil propio frente a un predecesor que nunca cogió la pandemia de frente y comienza a ofrecer a los estadounidenses una sensación de que el gabinete ya está en marcha. Biden, además, se propone enmendar el legado de Trump en otros aspectos a corto plazo. Quiere suspender al menos un centenar de órdenes directivas dictadas por aquél en los últimos cuatro años y reformar los planes gubernamentales frente a la inmigración -más flexibilidad en las entradas y protocolos de estancia con los musulmanes de determinados países y con quienes llegaron a EE UU siendo menores de edad- o el medio ambiente, con la reincoporación inmediata del país a los Acuerdos de París o incluso con la enmienda de artículos introducidos por el Ejecutivo republicano en la gestión de los parques forestales.

Pero si hay algo que prima sobre todo esto, es la unidad. Biden quiere suturar la brecha ideológica abierta en la sociedad durante el trumpismo. De momento, el sábado pudo percibirse el gran suspiro de alivo que exhaló Estados Unidos al certificarse su victoria electoral. Fue como si se rompiese el maleficio y se disipase de pronto el manto de oscuridad que ensombrecía el país. Hasta el frío de noviembre dejó paso a un extraño día de verano, como el de la noche en que Barack Obama ganó la presidencia en 2008. No era lo único que recordaba al primer presidente afroamericano. Sonaba Bruce Springsteen en los altavoces y el presidente electo rezumaba empatía al hablar de un país unido en el que no haya «estados rojos o azules», sino unos Estados Unidos que caminen hacia esa unión más perfecta de la que habla el preámbulo de la Constitución, firmado precisamente en Filadelfia. «Dejemos que esta era de demonización en EE UU empiece a terminar aquí y ahora», invocó. «Es hora de sanar EE UU».

Joe Biden y Kamala Harris saben bien que deberán su gobierno a los miles de manifestantes que todavía durante la noche del sábado -madrugada del domingo en España- seguían ocupando las calles con la algarabía de bailes y tambores con la que han asegurado que las juntas electorales sigan contando sufragios, pese a la intimidación de hombres armados y la tormenta de demandas que desató Donald Trump. «Nuestra nación está en deuda con vosotros», les agradeció Harris al hacer historia como la primera vicepresidenta de Estados Unidos, y la primera candidata de color.

Y no se lo agradecía solo a ellos, sino a los millones de personas que «durante cuatro años os habéis manifestado y organizado por la igualdad y la justicia, por nuestras vidas y por nuestro planeta». Esos que comenzaron a protestar en las calles de un noviembre mucho más gélido, cuando aún no costaba encajar que la anomalía del Colegio Electoral, los piratas rusos y las manipulaciones de las redes sociales le hubieran dado la victoria a un magnate irreverente como Trump. Continuaron con la marcha de millón de mujeres que descendió en Washington para su investidura y completaron con los mayores disturbios raciales desde la muerte de Martin Luther King, pero no terminó ahí, porque «entonces, votasteis», les reconoció Harris, de padre jamaicano y madre india, que encarna la diversidad de un país de vuelta a sus orígenes. «Habéis elegido la unidad, la decencia, la ciencia y, sí, la verdad», se sonrió.

«Un nuevo día en América»

Harris volvió a tener ayer palabras de agradecimiento y de orgullo por la oportunidad histórica que le han concedido los votantes. «Estoy pensando en mi madre, Shyamala Gopalan Harris, y en las generaciones de mujeres negras que vinieron antes que yo y que creían tan profundamente en un Estados Unidos donde un momento como este es posible», reflexionó en Twitter en una línea similar a su discurso del día anterior, cuando lanzó un mensaje de esperanza: «Espero que todas las niñas que nos miran esta noche vean que este es un país de posibilidades».

A partir del 20 de enero probalemente no habrá más acusaciones de 'fake news' desde el púlpito de la Casa Blanca. No se llamará a la prensa el enemigo del pueblo, se marginará a los científicos, se intimidará a los funcionarios ni se intentará domar al FBI, la CIA y el Departamento de Justicia como si fueran un cuerpo de seguridad privada. Ha costado mucho «dolor, tristeza y aflicción», reconoció, pero al fin «es un nuevo día en América».

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