Santiago Abascal ha participado en varios actos electorales en apoyo a Ignacio Garriga. / EFE

Resultados electorales en Cataluña Vox arrolla al PP y a Ciudadanos, y Abascal ajusta cuentas con Casado

La extrema derecha supera sus mejores previsiones y se estrena en el Parlament como cuarta fuerza

Luis López
LUIS LÓPEZ

Ni en los mejores sueños de Santiago Abascal pasaba esto: Vox se corona como cuarta fuerza en Cataluña en su estreno en el Parlament, logra 11 escaños y no sólo hay sorpasso con el PP, sino que arrolla a los populares, que se quedan con 3 asientos. También vapulea a Ciudadanos, que se hunde a 6. Así que Abascal, de paso, le ajusta las cuentas a Pablo Casado tras el golpe que éste le había asestado en la moción de censura del 22 de octubre, cuando le dejó aislado en el Congreso. Y lo hace con ensañamiento. Mucho se va a hablar de cómo la derecha catalana se ha movido hacia posiciones tan extremas. Aunque también es una tendencia poco sorprendente en un entorno tan explosivo y tan polarizado como el catalán, donde el conflicto y el enfrentamiento forman parte de la rutina política desde hace demasiado tiempo.

Como ocurrió el pasado año en Euskadi, en Cataluña buena parte de la campaña se la hicieron a Vox los exaltados del polo opuesto. Le vinieron bien a los de Abascal los muchos acosos, insultos, agresiones y lanzamientos de objetos -hasta el punto de que los guardaespaldas de los líderes de extrema derecha adoptaron los paraguas como complementos indispensables-. ¿Por qué les vino bien? Porque supieron rentabilizar el victimismo. En sus redes, más que aplausos de sus seguidores, divulgaban escenas violentas de sus detractores e imágenes de sus líderes desafiantes, casi heroicos, frente a la turba. Ayer mismo se lo pusieron en bandeja cinco activistas de Femen que esperaban a Ignacio Garriga en su colegio electoral con los pechos descubiertos y al grito de «no es patriotismo, es fascismo». Eso le sirvió al cabeza de lista del partido para estirar la campaña hasta el último minuto y llamar a las urnas para hacer frente al «totalitarismo de la mafia separatista y la izquierda totalitaria».

Elecciones Catalanas 2021

Por lo demás, los de Abascal se presentaron a los comicios catalanes con sus credenciales clásicas: promesas de expulsar a los inmigrantes ilegales, cerrar los centros de menas -a quienes endosan la responsabilidad de la inseguridad-, clausura de mezquitas... Como particularidades para estas autonómicas hubo propuestas como cerrar los medios públicos TV3 y Catalunya Radio, y denunciar a Quim Torra y a los independentistas en general por delitos contra la unidad de la nación. Y, aprovechando la situación pandémica, culparon a los gobiernos de llevar a la quiebra a miles de empresas por las restricciones a la actividad y a la movilidad, y prometieron la reapertura de todos los negocios y el fin de los cerrojazos.

Si al atractivo que puede tener todo todo esto para una parte de la población que padece una situación desesperada se le suma la escasa participación -buena para Vox- y el fracaso de PP y Ciudadanos, la situación queda así. La derecha en Cataluña es cosa de los de Abascal. No se pueden hacer comparaciones con las anteriores autonómicas, las de 2017, porque en aquellas no concurrían. Pero si se mira hacia las generales de 2019, la mejora es notable: entonces se habían llevado el 6,33% de los sufragios en un resultado que ya esa imponente para ellos. Ahora, esa proporción supera el 7,6%.

Tan destacable es la victoria de Vox que hasta logra un deseo que había mostrado el propio Abascal hace sólo un par de días: superar tanto a CUP como a Podemos. Tener más apoyos que «quienes nos lanzaban piedras y nos amenazaban de muerte», recordó al filo de la medianoche. Pero, sobre todo, el líder de Vox asumió que su partido adquiere «un deber inmenso ante más de 210.000 catalanes que piensan que somos la última esperanza para recuperar una Cataluña hispana».

Al margen del papel que pueda jugar la extrema derecha en el Parlament, lo que supone este resultado es ganar proyección en el resto de España y consolidarse, si no lo estaba ya, como seria amenaza para un Partido Popular que no puede tener más frentes abiertos.