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Pere Aragonés durante el acto electoral que los republicanos celebran el viernes en Barcelona. Efe
Los vetos cruzados elevan el riesgo de una repetición electoral

Los vetos cruzados elevan el riesgo de una repetición electoral

Esquerra tiene la llave para renovar la alianza soberanista o recuperar el tripartito con los socialistas y los comunes

CRISTIAN REINO

Domingo, 7 de febrero 2021

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Cataluña vota el próximo domingo en las que serán las quintas elecciones en poco más de diez años (2010, 2012, 2015 y 2017). Con el riesgo además de que no sirvan para nada y haya que ir a una repetición en verano o en otoño, como ya apuntan algunas fuentes independentistas. Se trasladaría al tablero catalán lo que ya se vivió en la política española en las generales de 2015 y 2019.

Si unos y otros están diciendo la verdad en campaña, la formación de un nuevo Gobierno será más que improbable. Aunque como ya ha apuntado la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo, lo que pasa en campaña se queda en campaña y tampoco hay que tomarse al pie de la letra lo que prometen los candidatos.

El caso es el que el cruce de vetos está siendo el pan de cada día en la carrera electoral hacia el 14 de febrero. Esquerra Republicana y el PSC niegan a diario un supuesto tripartito, junto a los comunes, y afirman que es «imposible» un pacto como el gobernó Cataluña entre 2003 y 2010 con los republicanos, los socialistas e Iniciativa. Además, el PP ha vetado a Salvador Illa; la CUP puso la cruz a la posconvergente Laura Borràs, aunque luego rectificó; Esquerra amenaza también con no respaldar a la cabeza de lista de JxCat, que a su vez se distancia Pere Aragonès; y JxCat y los comunes no quieren ni verse. «No es nada descabellado pensar que vamos abocados a una repetición electoral», reconocen fuentes de Esquerra.

Los republicanos, con las encuestas en la mano que pronostican un triple empate entre ellos, JxCat y PSC, tendrán la llave de la gobernabilidad. Tanto si buscan un nuevo Gobierno independentista, junto a JxCat y la CUP, como si se abren a explorar un Ejecutivo que rompa la dinámica de bloques que ha marcado esta última década, y que ponga fin al 'procés'.

En ERC tienen asumido que puede haber nuevas elecciones, pero también admiten que el partido que provoque esa repetición saldrá muy mal parado en los siguientes comicios porque el electorado independentista está harto de tanta batalla interna entre socios y lo que quiere es unidad. El bloque secesionista está herido por una guerra civil desatada desde 2017, pero aún se mantiene unido cuando sus integrantes tienen que defender a los presos o la autodeterminación.

Si gana Esquerra, JxCat y la CUP pondrán una exigencias inasumibles a día de hoy por los republicanos porque regresan a la confrontación con el resto de España con un nuevo referéndum unilateral o una declaración de independencia. Pero si es JxCat la más votada, el riesgo es el mismo. Fuentes republicanas no descartan un veto a Laura Borràs, por su condición de imputada por corrupción, un rechazo al que se añadiría la CUP.

Si los posconvergentes corren la lista, el siguiente es Joan Canadell, expresidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, al que nadie que no sea JxCat quiere ver ni en pintura por sus declaraciones xenófobas –tilda a los catalanes que nacieron en el resto de España de «colonos»–. No hay que olvidar que las investiduras de 2016, con Carles Puigdemont, y 2018, con Quim Torra, fueron in extremis, y estuvieron a punto de saltar por los aires. Suerte que corrieron Artur Mas y Jordi Turull por la negativa de la CUP a darles sus votos.

La otra opción, la de que gane el socialista Salvador Illa e intente formar un gobierno constitucionalista, a diferencia de lo que hizo Inés Arrimadas cuando ganó en 2017, no estaría exenta de obstáculos, si bien ninguna de las encuestas publicadas lo hace aritméticamente posible, además de ser políticamente inviable. Se han visto cosas raras en la política catalana durante estos últimos años de turbulencias sin fin, pero para que Illa sea el próximo presidente de la Generalitat tendrían que darse unas combinaciones tan extrañas como que Vox y los comunes –la extrema derecha y los herederos de los comunistas del PSUC– compartan voto o que Ciudadanos y el PP apoyen un Ejecutivo de PSC y Catalunya en Comú. La otra es que Esquerra apoyara al PSC, pero sería su tumba política.

Posible tripartito

La tercera derivada sería un Ejecutivo liderado por ERC con los comunes, dentro o fuera del Gobierno. Socialistas y republicanos se han vetado en campaña, pero lo que ya no descartan fuentes de Esquerra es que el PSC, sin entrar en el Ejecutivo, facilitase un Govern de Pere Aragonès. Esa es la misión que según algunos analistas se le ha encomendado a Illa con su salida del Gobierno y su regreso a la política catalana. «El objetivo de la operación Illa no es presidir el Gobierno, sino dejar que lo presida ERC con el mínimo coste para ambos», afirma Jordi Mercader, asesor de Pasqual Maragall en la Presidencia de la Generalitat.

Arrinconar a Puigdemont para que la estabilidad del Gobierno central no sufra tras el 14-F. Ese es el escenario deseado por Pedro Sánchez. El que teme es que ERC salga derrotada y debilitada, lo que podría abrir un nuevo periodo convulso en las filas republicanas (una constante histórica) que les llevara a revisar su actual apuesta por el diálogo y la gobernabilidad española.

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