Juan Ignacio García-Gallardo . / EFE

García-Gallardo; tres idiomas, joven y curtido en oratoria

El candidato de Vox, un recién llegado a la política, es el único varón de una familia de abolengo en el mundo del Derecho

ANTONIO CORBILLÓN

Juan García-Gallardo, burgalés de 30 años, es graduado en Derecho con Diploma en International Legal Studies (E-1), por la Universidad Pontificia de Comillas. Allí también cursó un doble Máster de Acceso a la Abogacía y Derecho de Empresa en Icade-Deusto. Hijo y nieto de letrados, el Derecho parecía su destino natural. Su abuelo abrió el bufete familiar hace 65 años. Un prestigioso despacho que ha logrado absorber hasta en diez ocasiones a Ruiz Mateos.

El único varón en una familia de cuatro hermanos, dos de sus hermanas también se dedican al Derecho. Juan García-Gallardo, elegido por Vox como candidato en Castilla y León, habla inglés y alemán, y también se defiende con un francés aceptable. Aunque en la noche electoral se mostró discreto, está curtido en comunicación y debate, ya que ha ganado competiciones autonómicas y ha participado incluso en el campeonato mundial de debate en castellano hace ocho años.

Hace cinco años se incorporó al prestigioso bufete de abogados que encabeza su padre. Antes, se curtió en las oficinas de Madrid del bufete King&Wood Mallesons en sus departamentos de Mercantil y Procesal, y en Herbert Smith Freehills.

En la web del despacho paterno se le define como un letrado «con experiencia en litigios complejos de las áreas civil, mercantil y penal económico». Es un recién llegado a Vox, donde milita desde junio del pasado año. En alguna ocasión ha reconocido que dio el paso ante el recorte de libertades que supuso la pandemia para los jóvenes.

En las redes sociales pueden verse sus imágenes con su novia, una joven consultora mallorquina que conoció en la universidad y con la que comparte la afición a los caballos. Cuando saltó su nombre como candidato, saltaron a la luz varios tuits homófobos y machistas en los que hablaba de limpiar el fútbol «repleto de maricones« o consideraba «ridículo que las mujeres exijan igualdad de trato, cuando lo que quieren es seguir siendo tratadas igual de bien que hasta ahora». Él se escudó después diciendo que eran comentarios de sus tiempos de veinteañero.