El Gobierno sopesa reabrir las fronteras al turismo por regiones

28/05/2020

González Laya defiende que sea Bruselas quien fije para todos los países los criterios para permitir la movilidad.

En julio las fronteras de España estarán ya abiertas al turismo. Así lo anunció el pasado fin de semana el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en un claro guiño a uno de los sectores más castigados en esta crisis del coronavirus y que aporta más del 14% del PIB. A partir del 1 de julio quienes entren en el país no tendrán que guardar los 14 días de cuarentena que imperan en la actualidad, un obstáculo, sin duda, para quienes deseen acudir aquí. Pero es posible que incluso antes de esa fecha algunas regiones, las que más limpias de virus estén, puedan abrir sus fronteras para acoger a los turistas. Así lo reconoció ayer la ministra de Exteriores, Arancha González Laya, en una entrevista en la radio. «Nosotros no excluimos la posibilidad de que se pueda hacer esa apertura de manera asimétrica, como asimétrica está siendo la desescalada», explicó.

Ésta es la reivindicación que llevan haciendo al Gobierno algunas comunidades, como Canarias y Baleares, dos de las menos afectadas por el virus y con mayor dependencia de este sector: que les permita establecer corredores entre mercados emisores y destinos seguros y actuar a modo de ‘laboratorio turístico’. Sin embargo, por ahora la Comisión Europea solo acepta abrir esos corredores entre países, para evitar discriminaciones entre regiones de una misma nación. De hecho, algunas autonomías, como Cataluña, Andalucía o Valencia, ya han manifestado su oposición.

Por ello, el Gobierno quiere pactar con los socios europeos los criterios que permitan esa apertura de forma segura. «Se podría imaginar una apertura asimétrica de la movilidad dentro del espacio Schengen, pero lo importante no es eso, sino los criterios, definir qué condiciones se consideran seguras», apuntó González Laya. A su juicio, esas condiciones deben pactarse entre los estados miembros, porque si cada país decide sus criterios probablemente se incurrirá «en un ejercicio de discriminación y se fragmentará el espacio Schengen».

En este sentido, abogó por que los protocolos en fronteras para permitir las llegadas desde dentro y fuera de la UE sean «lo más comunes posibles y fruto de elaboración conjunta» entre los estados miembros. Así, considera que lo más útil sería que la Comisión Europea y el Centro de Control de Epidemias de la UE fueran quienes elaborasen una metodología para determinar si un territorio es seguro y no que cada país tenga su propia definición, porque eso supondría fragmentar la movilidad en Europa. Se trata de tener «unas reglas claras que todos entiendan y que los ciudadanos puedan cumplir», concluyó.