J. Andrade

Los ERTE evitaron que el paro se disparara al 40% en la pandemia

Fedea calcula que la tasa de desempleo de los trabajadores temporales habría pasado del 17% al 33% pero advierte de que este mecanismo es «insostenible» mucho más tiempo e insta a hacer «ajustes sectoriales»

Edurne Martínez
EDURNE MARTÍNEZ Madrid

Los ERTE han sido el mecanismo más valorado por las empresas y familias para contener el impacto de la crisis desde que estallara la pandemia en marzo del año pasado. La Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) también reconoce que este instrumento de flexibilidad laboral implementado han mitigado el efecto de la crisis en el empleo, pero advierte de que deben ser revisados o incluso retirados.

Por un lado, el gabinete de estudios calcula que los ERTE evitaron que la tasa de paro se disparara del 14% con la que cerró 2019 hasta el 40% en el peor momento de la pandemia (abril de 2020, cuando 3,5 millones de españoles estuvieron acogidos a este mecanismo). En su estudio 'Despidos temporales, reducción de jornada y covid-19', Fedea considera que la tasa de destrucción de empleo se habría duplicado para los trabajadores temporales (pasando del 17% al 33%) y habría aumentado en dos puntos (del 8% al 10%) para los que tienen un contrato permanente.

Pero por otro, los autores del estudio aseguran que los ERTE implican cierta «ineficiencias» y advierten de costes fiscales y «costes de peso muerto» significativos para el sistema debido a que esta ayuda ha mantenido a trabajadores en puestos poco productivos que en un escenario sin subsidios «deberían haber desaparecido». A su juicio, los ERTE están retrasando «ajustes sectoriales y ocupacionales» ya necesarios antes de la pandemia y eso puede tener consecuencias importantes para el ajuste futuro de la economía española.

Por ello, aseguran que esta situación de «dopaje económico» del mercado de trabajo «no es sostenible» mucho más tiempo ni desde el punto de vista fiscal ni de eficiencia económica. Así, una de las conclusiones del estudio es que el mantenimiento de una tasa de desempleo relativamente reducida mediante la introducción de fuertes subvenciones puede tener algo de «ilusión óptica», por cuanto no evita una fuerte caída de la tasa de utilización del trabajo, y «solo puede ser una solución de corto plazo».

Los analistas explican que con un con un subsidio del 80%, en línea con lo que se ha hecho en España durante la crisis, la tasa de paro se mantiene por debajo del 20% y las tasas de destrucción de empleo se reducen sensiblemente en relación con el escenario de base (hasta el 9% para los empleos temporales y cero para los permanentes). Sin embargo, el número medio de horas trabajadas cae mucho en este escenario, con lo que la tasa de desempleo equivalente (en horas) se eleva hasta el 30%.

En cambio, con un tipo de subvención del 33%, la mejora sería mucho menor en términos de paro (que se iría al 29%) y de las tasas de destrucción de empleo (que serían del 22 y el 8% respectivamente), pero habría poca diferencia en términos de desempleo equivalente, que se quedaría en el 32%. Así, Fedea concluye que la opción preferible en términos de bienestar medio y de costes fiscales es la de un tipo de subvención relativamente bajo, pero no cero.

Y los autores conjeturan que esta puede ser la razón de fondo por la que el Gobierno español busca reducir el tipo de subsidio a las cotizaciones empresariales, sobre todo en el caso de los trabajadores que siguen en suspensión de actividad, y trata de trasladar los incentivos a la recontratación y al reciclaje profesional de los trabajadores.

Déficit de empleos

Asimismo, la crisis ha provocado un déficit mundial de puestos de trabajo nunca visto antes. Según el informe publicado este miércoles por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), este déficit asciende a 75 millones de empleos en 2021 y 23 millones en 2022.

Y es que la organización calcula que en 2020 se perdieron el 8,8% del total de horas de trabajo, el equivalente a las horas trabajadas en un año por 255 millones de trabajadores a tiempo completo. Alrededor de la mitad de esas horas se han perdido por la reducción de jornadas laborales de quienes conservaron sus puestos a pesar de la pandemia. Y la mitad restante se debió a la destrucción de empleo.

La OIT calcula que si no hubiera habido pandemia, se habrían creado unos 30 millones de nuevos puestos en 2020 en todo el mundo. En conjunto, estas pérdidas significan que el déficit mundial del empleo aumentó en 144 millones de puestos en 2020, «lo que acentuó aún más la escasez de oportunidades de empleo que ya existía antes de esta crisis». En resumen, se han perdido cinco años de avances hacia la erradicación de la pobreza laboral, ya que ha alcanzado tasas equivalentes a las de 2015.