Ciudadanos consumiendo en una terraza de Madrid. / jesús andrade

Pymes y autónomos reactivan las alarmas de la morosidad

El 36% del volumen de crédito a empresas presenta ya los primeros síntomas de riesgo de impago

Clara Alba
CLARA ALBA Madrid

La red de protección tejida por el Gobierno durante la crisis con medidas como los ERTE, las moratorias al consumo e hipotecas, los préstamos avalados por el ICO o las ayudas directas a empresas han bloqueado el temido repunte de la morosidad en los últimos meses.

En los peores momentos de la pandemia, los más agoreros, incluidos directivos del sector, apuntaban a que los impagos por parte de familias y empresas harían repuntar el indicador hasta máximos de, al menos, el 10%. Pero el tiempo ha dado la razón a los optimistas y la mora se mantiene en el 4,5%.

Es cierto que el conjunto de las entidades esperan que el pico de impagos llegue en 2022, cuando empiece a notarse el efecto de la retirada de las ayudas. Pero ya nadie piensa en alcanzar cifras de doble dígito que podrían poner en serios apuros a los bancos.

Pese a este control de la mora, los expertos reclaman prudencia y tanto el Banco de España como distintos organismos internacionales han comenzado a pedir a las entidades que no se duerman en términos de provisiones por lo que pueda llegar dentro de unos meses. De hecho, los propios bancos han comenzado a detectar ya ciertas señales de alarma en algunas de sus carteras de crédito, con las que tendrán que permanecer vigilantes si no quieren que la situación se descontrole.

Si en la anterior crisis financiera fueron los préstamos inmobiliarios o construcción los desencadenantes del caos, esta vez los mayores riesgos se detectan en consumo y empresas, especialmente entre pymes y autónomos que, tras las generosas medidas de apoyo a la liquidez durante los últimos meses, presentan ahora elevadas tasas de endeudamiento.

Ángel Estrada, director general de estabilidad financiera del Banco de España, advierte de que «los riesgos latentes son muy relevantes». Los datos que maneja el organismo apuntan a que la banca mantiene un 35,8% de los créditos a empresas y un 29,4% a individuales (básicamente autónomos) en 'vigilancia especial'. Este es el cajón en el que el sector guarda los créditos que, sin llegar a ser morosos, empiezan a presentar problemas, por lo que hay que vigilar de cerca para que no acaben en impago.

Igual de preocupante es la situación en los créditos con aval del ICO. En el caso de las empresas, el 8,2% de estos préstamos con garantía pública se encontraba en esta situación. Y la cifra se acerca peligrosamente al 14% para los autónomos. Hay que tener en cuenta, además, que el Estado asume hasta el 80% del riesgo de impago de estos préstamos avalados, con lo que un problema de morosidad en estos casos pasaría de los bancos a las propias arcas públicas.

Por sectores

«El dato positivo es que los activos improductivos no han subido en su conjunto, aunque es cierto que hay sectores, los más afectados por la crisis, que estamos vigilando de cerca ante posibles riesgos de impago», reconocen desde una entidad financiera nacional. Desde el Banco de España recuerdan, no obstante, que en la anterior crisis se llegaron a soportar ratios de improductivos que se acercaron al 14%. Cifra que se redujo en los siguientes años a golpe de ventas de carteras inmobiliarias a grandes fondos de inversión.

Ahora, las pymes se presentan como el nuevo cliente de riesgo y hay voces que apuntan a que la concesión de crédito será mucho más estricta a partir de ahora pues, tras el enorme esfuerzo de los últimos meses, la banca no se puede permitir que la crisis sanitaria, que es económica desde hace tiempo, termine por convertirse en una crisis financiera.

Jordi Solé, socio de la firma Kreedit, advierte de que «los bancos no van a prestar como antes hasta que termine la pandemia». «Al menos durante bastantes meses no van a estar proactivos», insiste.

El experto indica que ya hace tiempo que las entidades desistieron de atender a empresas en las que no tuvieran una inversión previa comprometida. Con este telón de fondo, habrá muchas de ellas que tendrán que buscar financiación alternativa al canal bancario tradicional. «Esto pasa por modificar la mentalidad de los empresarios, pues este tipo de financiación (capital riesgo, por ejemplo) implica tener que compartir parte de la gestión», explican desde la firma Kreedit.