O. Chamorro

Seguir con una actividad laboral «es una maravilla si lo resistes»

Dos pensionistas subrayan que prolongar el trabajo «mantiene a la gente activa y reduce el coste de las pensiones»

ZIGOR ALDAMA

«Me dicen que tengo que pasear a los nietos o vigilar las obras. Pero para lo primero me sobra el tiempo y lo segundo no me ha interesado nunca». Miguel Solano justifica con sorna por qué ha optado por continuar trabajando tras la jubilación. «Habría seguido en mi puesto, pero el sistema no me quiere. No hay espacio para trabajadores de 72 años», comenta. Por eso, cuando le llegó el momento de colgar la chapa de consultor en la empresa primero se vio atraído por el voluntariado y luego dio con la fórmula legal para compaginar su pensión con una actividad remunerada.

«Tenía claro que no quería hacerme autónomo para evitar facturar con IVA, así que hago formaciones sobre la administración electrónica, actividad lectiva que no requiere cotizar a la Seguridad Social. Si ingresas menos del equivalente al salario mínimo, 14.000 euros al año, no hay que notificarlo», explica. Por eso, Solano cierra el año siempre entre los 8.000 y los 10.000 euros que ingresa gracias a sus conferencias, el canal de Youtube que tiene y publicaciones como el 'Diccionario de conceptos y términos de la Administración Electrónica'. «El resto de actividades las hago de forma desinteresada», añade.

Solano ha optado por una de las diferentes formas que permiten trabajar jubilado: «Es una maravilla si lo resistes. Si tienes la mente activa y fuerza, sirve para canalizar el entusiasmo y el conocimiento adquirido». Tiene además algunas ventajas relevantes. «Soy dueño de mi agenda, no tengo que aguantar a clientes 'capullos' y puedo decir lo que quiera sin temer a lo políticamente correcto», subraya jocoso.

Para rentas medias y altas

Francisco, que prefiere no revelar su apellido, también trabaja tras la jubilación. Es más, hace nueve años fue uno de los primeros que optaron por la jubilación activa. «Un amigo me habló de ella y me interesó. Cuando la pedí, en la Seguridad Social ni siquiera sabían como gestionarla», recuerda.

No obstante, Francisco estuvo poco tiempo jubilado, porque al cabo de unos años le ofrecieron un puesto relevante en una institución oficial, incompatible con su estatus, y decidió regresar al mercado laboral. «Estuve cuatro años antes de volver a acogerme a la jubilación activa. Todo fue bien con una excepción: debido a ese nuevo período profesional, mi prestación tenía que ser incrementada y tuve que recurrir para que me lo reconocieran», relata.

Ahora gestiona un fondo de capital riesgo, cobra la mitad de la pensión que le corresponde y por sus ingresos cotiza como autónomo. «Desde el principio tuve claro que quería dormir tranquilo, que quería hacerlo todo legal. La jubilación activa es muy positiva porque mantiene a la gente activa mientras su salud mental y física es buena y reduce el coste de las pensiones», señala.

Eso sí, Francisco reconoce que es una modalidad atractiva solo para quienes prevén alcanzar al menos unos ingresos medios. «Si te pagan la mitad de la pensión, por lo menos tendrás que ganar lo suficiente para compensar esa reducción tras haber pagado impuestos y cotizaciones, lo que puede desmotivar a muchos. Debería ajustarse a los ingresos reales».

Solano concuerda con ello. «La jubilación activa funciona bien si cobras la intemerata. El sistema pone trabas importantes para quienes tienen ingresos medios, porque si alguien te ofrece 30.000 euros, como la Seguridad Social te va a reducir la pensión a la mitad, supone que te va a ingresar unos 20.000 menos y puede que no te compense», explica.