La Bolsa española, líder europea en rentabilidad por dividendo

Las compañías del sector energético destacan como las más generosas con sus inversores

Cristina Vallejo
CRISTINA VALLEJO Madrid

El Ibex-35 es líder en rentabilidad por dividendo de la zona euro, con un 3,5%, según Allianz, cuando en el índice paneuropeo Eurostoxx 50 no alcanza el 3%. Pero la rentabilidad por dividendo se calcula tomando la cuantía de la retribución al accionista y poniéndola en relación con el precio de las acciones: un mismo dividendo tiene más rendimiento si la cotización es más baja. Y el mercado español se ha comportado peor que otros en Europa. «Un Dax alemán o un Eurostoxx 50 han evolucionado mejor. El Ibex-35 se ha visto más castigado por la pandemia», señala Javier Molina, de eToro. Así, el Ibex-35 cayó un 15,5% en 2020, mientras que el Eurostoxx 50 se dejó un 4,6%. En definitiva: la mayor rentabilidad por dividendo española puede deberse a lo deprimidas que están las acciones domésticas.

Pero los analistas también recuerdan la arraigada tradición de la retribución al accionista por parte de las compañías en nuestro país y la querencia del inversor español por cobrarlos. De ahí que, según Jesús de Blas, de Bankoa, las empresas muestren tantas resistencias antes de cancelar o reducir la retribución.

Aunque algunas compañías sí se han visto obligadas a reducir o cancelar el dividendo durante la pandemia. Algunas, como las entidades financieras, por mandato del Banco Central Europeo, y otras por los rigores económicos, como Amadeus, AENA o Meliá. Y ello es lo que anima a pensar a Natalia Aguirre, de Renta 4, que la rentabilidad por dividendo del Ibex-35 no solo es la más alta de los países de nuestro entorno, sino que además tiene margen de mejora: está pendiente que los bancos retomen su retribución y también es de esperar que, fruto de la recuperación, se asista a una progresiva mejora de los beneficios -y a ellos está ligado el pago a los accionistas, puesto que muchas veces se reparte entre éstos un porcentaje fijo de las ganancias-.

La cuestión importante en estas circunstancias de mercado, con incertidumbres y volatilidad, es si conviene apostar por empresas con altos dividendos. Sobre este particular, se abre una brecha entre los expertos: hay algunos que creen que esta estrategia es inteligente, mientras que otros dicen que es un error. Entre los primeros está Aguirre, que argumenta que con los tipos tan bajos y tan reducida rentabilidad de la deuda o los depósitos, los dividendos son más competitivos. Sin embargo, De Blas cree que se ha demostrado un error invertir atendiendo al dividendo: en 2020 Telefónica o Repsol, con elevada retribución al accionista, sufrieron recortes. «Es peligroso considerar el dividendo como algo recurrente y compararlo con los tipos cero de las cuentas corrientes o de los bonos; distrae del hecho de que la cotización puede caer», explica De Blas. Una rentabilidad por dividendo del 5% no compensa una caída de las acciones del 40%.

Para evitar este último riesgo, Joaquín Robles, de XTB, cree que hay que apostar por compañías con alto dividendo, pero que tengan potencial de crecimiento y hacerlo bien en Bolsa. «El dividendo sería un plus», asegura. Diogo Gomes, de UBS AM Iberia, añade que hay que primar «la calidad de la compañía». Gomes cree que, en términos sectoriales, ahora mismo su selección de compañías destacan el sector energético y los servicios de comunicaciones. También el sector sanitario, el de las 'utilities' y materiales.

¿Qué valores?

La cartera de valores de Renta 4 escogidos por su atractivo dividendo está compuesta por Enagás, Iberdrola, Logista, Mapfre, CAF, Red Eléctrica, Repsol y Telefónica. Mientras tanto, Robles destaca como sector más recomendable por su atractiva retribución al accionista al de las 'utilities', porque combina un atractivo dividendo con el crecimiento que se espera ligado a su inversión en energías renovables. Javier Molina sugiere saltar las fronteras españolas y escoger los mejores nombres del índice Dow Jones Dividend Aristocrats, el índice de referencia que aglutina las compañías con los mejores y más recurrentes dividendos.

Molina añade más elementos a considerar. En primer lugar, el perfil de riesgo del inversor: la inversión por dividendos es más adecuada para ahorradores conservadores. Y, también, cuestiones fiscales, ya que es posible que salga más a cuenta que la empresa reinvierta sus beneficios a que los reparta, ya que los accionistas tendrán que tributarlos en concepto de rendimientos del capital.

No hay que desdeñar empresas que no reparten dividendos. Como recuerda Robles, las que más crecen en el mundo no retribuyen a sus accionistas porque destinan todos sus recursos al crecimiento. A veces, la remuneración a los inversores responde a la renuncia a la inversión, o a que no se encuentra destino más interesante al dinero. Y eso es preocupante.

La retribución al accionista, un colchón de seguridad

Existe la creencia de que las compañías con elevada rentabilidad por dividendo resisten mejor los periodos de caídas bursátiles. Ello obedece a dos razones: los inversores son más resistentes a vender, dado que cuentan con el incentivo del dividendo; y, por otro lado, las empresas que se pueden permitir retribuir a sus inversores suelen ser más estables y menos sometidas a los vaivenes del mercado.

Así lo afirma Javier Molina, portavoz de eToro en España: el dividendo actúa como colchón de protección y contribuye a que el rendimiento final que obtiene un inversor que apueste por compañías con elevada rentabilidad por dividendo pueda ser mayor -o menos malo- que el del conjunto del mercado, sobre todo cuando vienen mal dadas en Bolsa. Ello, porque en los momentos positivos para la renta variable, las empresas que sacan más partido son las de crecimiento que, como su propio nombre indica, suelen destinar sus recursos a invertir y a crecer, más que a repartirlos entre los inversores.

En todo caso, según las estadísticas de Allianz, el dividendo, al menos en Europa, ha sido un componente decisivo de la rentabilidad total obtenida por los inversores en las últimas décadas. Hasta tal punto que, en los primeros años 2000, logró mermar los números rojos cosechados por las acciones y en el quinquenio siguiente hizo posible que la inversión bursátil batiera a la inflación.

No hay que olvidar, sin embargo, la recomendación de Jesús de Blas, de Bankoa: hay que ver si toda la rentabilidad por dividendo corresponde a una retribución en especie y no a pago en acciones, recompra de títulos...

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