La UE encara con reticencias el debate sobre el ‘plan Marshall’

Todo apunta a una nueva vídeocumbre de debate político; «un intercambio de pensamientos», auguraba una fuente diplomática. No se prevé, de hecho, redacción de conclusiones. Es más, se lanzan señales de que hasta junio (y en la confianza de poder celebrar ya entonces un Consejo Europeo presencial en Bruselas) no deberían esperarse avances concretos.

SALVADOR ARROYO / BRUSELAS

Así que el trazado del ‘plan Marshall’ para la reconstrucción de Europa en la era ‘postcoronavirus’ aparentemente no tendrá este jueves ni un primer esbozo. El presidente de la institución que coordina a los Estados, Charles Michel, ha propuesto que sea la Comisión Europea la encargada de «valorar las necesidades y presentar una propuesta (en el plazo de una semana) acorde con el desafío al que nos enfrentamos». Ese trabajo tendría que lograr el consenso que hoy no existe.

Con varias propuestas nacionales (España, Francia, Países Bajos) encima de la mesa, ninguna concita los apoyos suficientes. Primero porque este jueves se ponen en común por primera vez y segundo porque la desconfianza entre socios persiste pese a los acuerdos alcanzados el pasado 9 de marzo por los ministros de Economía.

España apoya un fondo de 1,5 billones basado en subvenciones «pero hay países que ven la solución en créditos a largo plazo»

Aquellos 540.000 millones de euros que pactaron a través de tres vías (fondo de rescate o Mede, Banco Europeo de Inversiones y programa Sure para financiar los ERTEs) salvan la respuesta de urgencia tanto para dar liquidez a los Estados como para ayudar a las pymes y al mercado laboral en plena batalla contra la pandemia. El Fondo de Reconstrucción es la respuesta para el día después. Así que arranca el debate.

«Hay países que creen que pagarán la deuda de otros y países que piensan que otros van a tener más ventajas para competir», explicaba un diplomático. Las fricciones norte-sur, como la pandemia, tampoco han entrado en una fase clara de desescalada. Ni siquiera la propuesta que defenderá España «la mejor de las muchas que han surgido», según destacaba esta semana el diario económico ‘Financial Times’, parece haber cerrado esa sima.

España apuesta por un fondo europeo de recuperación de hasta 1,5 billones de euros que otorgue subvenciones y no préstamos, dirigido a los Estados más castigados por la pandemia, sin abandonar la hoja de ruta europea de la transición ecológica y la transformación digital y con el foco en los sectores más damnificados (transporte y turismo).

Bonos de «deuda perpetua»

El fondo debería surtir durante dos o tres años -a partir del 1 de enero-; apoyarse en una emisión de «bonos de deuda perpetua» de las instituciones europeas (a fondo perdido salvo el pago de intereses), con encaje en el presupuesto UE a siete años (2021-2027), y nutrido también vía impuestos (que hoy no existen) a las emisiones de CO2 o a las importaciones a territorio UE.

Se hila fino. Ni una alusión a emisiones de deuda en forma de eurobonos o coronabonos, lo que en teoría convierte la idea en negociable para Alemania e incluso Holanda. Y, al mismo tiempo no es degradante para una Italia que mantiene la mutualización como exigencia base de la solidaridad. Además se soporta en el presupuesto europeo (que debería eso sí incrementarse por encima de 1,114% de aportación sobre las rentas nacionales brutas de los países) y favorecería un escenario de recuperación simétrico al priorizar a los más golpeados por la Covid-19. De no ser así, «el mercado único, su coherencia y cohesión, estarán en juego», han alertado tanto el propio Michel como Mario Centeno desde el Eurogrupo.

Hasta ahí, todos de acuerdo. El problema es que « hay palabras difíciles de digerir». Y «perpetuo» ligado a bonos, es una de esas palabras, según un funcionario de la UE. Así que España añade al debate fórmula, pero también esencia: subvenciones o préstamos. «Muchos países ven la recuperación más en términos de créditos a largo plazo». Piensan en más endeudamiento. Justo lo que España quiere evitar.