Frutas a la venta en un supermercado. / colpisa

La inflación se dispara al 10,2% en junio, máximos de 37 años

La subida de los carburantes y de los alimentos están detrás del alza de precios. La tasa subyacente sube seis décimas al 5,5%, la más alta desde agosto de 1993

CLARA ALBA EDURNE MARTÍNEZ Madrid

La inflación sigue siendo el indicador que mayores quebraderos de cabeza está dando al Gobierno español y, sobre todo, al bolsillo de los consumidores. Tras despedir mayo enel 8,7%, cuatro décimas por encima de abril, el IPC se desbocó en junio al 10,2%. Un doble dígito que se ha situado muy por encima de lo esperado y que supone la tasa más alta desde abril de 1985. Supera con creces el anterior pico del 9,8% que había alcanzado en marzo.

En tasa mensual, los precios subieron un 1,8% en junio respecto a mayo, el mayor aumento en un mes de junio desde 1977. Y lo que es más preocupante. La tasa de inflación subyacente (que excluye los alimentos no elaborados y los productos energéticos) ha subido hasta el 5,5%, seis décimas más que el dato registrado el mes anterior y la más alta desde agosto de 1993.

El dato anticipado por el Instituto Nacional de Estadística (INE), que se confirmará a mediados de julio, evidencia que la subida de los precios de los carburantes, de los alimentos y de las bebidas no alcohólicas vuelven a ser la principal causa de la escalada del IPC. Pero todo sube. Los hoteles, los cafés y los restaurantes también han influido en el indicador.

El dato adelantado ha sobrepasado todas las previsiones del mercado y sitúa a la economía y al Ejecutivo en una situación de extrema impotencia al observar cómo las medidas acometidas hasta ahora para frenar el alza de precios no terminan de impactar en el indicador. El propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, reconocía este miércoles que el dato conocido este miércoles «demuestra la gravedad de la situación de la economía europea y española», y defendía la «idoneidad» de las medidas puestas en marcha, así como la necesidad de reformar el mercado eléctrico.

Los expertos, no obstante, advierten que es posible que aún no se haya tocado techo, sobre todo por la evolución de los precios energéticos. «Los precios siguen sin dar tregua y todavía no se observa un impacto en el cálculo de la excepción ibérica que comenzó a mediados de mes, mientras el reciente anuncio de nuevas medidas, como la rebaja del IVA de la luz (al 5% desde 10%) entrará en vigor en julio», recuerdan desde el departamento de análisis de Bankinter. «Si incorporamos este dato a nuestras proyecciones actuales, el medio del ejercicio superaría el 8% frente al 7,4% estimado inicialmente», insisten.

La subyacente, disparada

Para hacerse una idea de cómo ha cambiado la situación, hace solo un año la inflación subyacente -que no tiene en cuenta la energía ni los alimentos frescos- se situaba en el 0,2% (el IPC general, en el 2,7%). A partir de junio de 2021 fue comenzando su escalada, en septiembre llegó al 1% y solo dos meses después ya había ascendido hasta el 2,1%. En febrero, cuando comenzó la guerra de Ucrania, ya estaba en el 3%, llegó al 4,9% en mayo, pero ahora se dispara al 5,5%, su tasa más alta desde agosto de 1993.

Pedro del Pozo, director de inversiones financieras de Mutualidad de la Abogacía, explica que de los datos conocidos «más allá de los problemas un poco más coyunturales de energía y alimentación, lo que nos dice la subyacente es que existen también problemas que se están haciendo más estructurales dentro de la formación de precios en España, problemas de segunda ronda que tienen que ver, fundamentalmente, con el ciclo de salarios y formación de precios».

Aunque en los datos de junio que ha dado este miércoles el INE no se desglosa por productos, ya en mayo llamó la atención cómo habían subido de precio productos tan básicos de la cesta de la compra como el aceite (casi un 45% más caro que en mayo del año pasado) o el pan (12,6% más), además de los huevos (25%) o los cereales (16%).

De hecho, un informe reciente de Kantar revela que el encarecimiento de los alimentos está ahogando la economía de muchas familias españolas: el 4% de los hogares aseguran no poder ya permitirse una compra de alimentación básica a la que antes accedían sin problema. «Consideramos que estos precios disparados acabarán impactando en el consumo, aunque la época veraniega puede posponer este efecto. Lo que sí está claro es que la última parte del año va a traer una importante contracción desde el punto de vista del consumo», indica Javier Molina, portavoz en España de la plataforma de inversión eToro.

Plan anticrisis y tensión con el INE

Desde el Gobierno calculan que el conjunto de las medidas aprobadas, incluyendo el tope del gas y el plan anticrisis (tanto con las medidas ya existentes como las que se han prorrogado hasta final de año) contendrán en 3,5 puntos el alza de los precios este año. Datos que no se corresponderían con lo que el INE recoge mes a mes en el denominado IPC a precios constantes, que refleja precisamente ese comportamiento del indicador en ausencia de medidas.

La inflación ha sido, de hecho, uno de los recientes caballos de batalla entre Economía y el instituto estadístico, que ha terminado con la reciente dimisión de Juan Manuel Rodríguez Poo al frente de la institución.

Hace ya meses que el Ejecutivo censuró que el INE no computase en sus cálculos del indicador la tarifa libre de la luz (aquella que pactan libremente los clientes con las empresas), incluyendo solo la regulada vinculada directamente a los precios mayoristas, lo que impactaría al alza en el cálculo del IPC. El INE trabaja desde hace tiempo para ser más preciso en este sentido, pero alega que es enormemente complejo conseguir esos datos de los eléctricas.

En este entorno, los bancos centrales se han marcado el objetivo de poner fin a una inflación que, hace solo unos meses, seguían calificando de «transitoria». El paso del tiempo ha demostrado que se equivocaban, obligando a los principales organismos monetarios a acelerar la retirada de estímulos y primar la lucha contra la subida de precios, incluso aunque eso implique generar una recesión económica.

La presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, aseguraba esta misma semana que la institución está dispuesta a llegar «tan lejos como sea necesario» para garantizar que la inflación se estabiliza en el 2% a medio plazo en la región. En ese camino, Lagarde confía en que la herramienta para combatir la fragmentación de los mercados de la zona euro permitirá al banco europeo elevar los tipos de interés «tanto como sea necesario»