Asistentes al funeral celebrado el pasado jueves. / cober

Estupor y consternación en la sociedad canaria: «Ángel no se merecía esto»

F. S. A. Las Palmas de Gran Canaria

El lunes, tras conocerse la noticia del fallecimiento de Ángel Ferrera, los mensajes de condolencias fueron coincidentes a la hora de valorar no solo el legado empresarial e institucional, sino también su caballerosidad, espíritu de diálogo y voluntad de consenso. Acto seguido, la sorpresa vino al saber que no habría velatorio público y que la incineración prevista para las 11.30 del tanatorio San Miguel quedaba suspendida sin explicación alguna. De hecho, en la mañana del lunes la incineración de Ferrera aparecía prevista en la propia web del tanatorio.

Del estupor se pasó a la consternación al ver que las hijas publicaban una esquela que dejaba al margen a la segunda esposa y que organizaban un funeral también sin contar con ella. Fue entonces cuando se hizo público lo que era un secreto a voces: la tormenta familiar en la que vivió Ferrera sus últimos años.

«Ángel no se merecía esto», fue el comentario generalizado ya en la noche del lunes y la mañana del martes entre los numerosos amigos del empresario fallecido Muchos evitan entrar a posicionarse en uno u otro bando familiar, pero se muestran contrariados al saber que la voluntad del empresario de ser incinerado no ha podido llevarse a cabo por la acción judicial instada por las hijas.

El funeral celebrado el jueves en la parroquia de Santa Catalina (Colegio de los Salesianos) tampoco ayudó a pacificar el ambiente. En su homilía, el sacerdote, en clara connivencia con las hijas, solo mencionó a la primera esposa: como si María Ángeles Tavío no existiera. A esa misa faltaron algunos amigos de toda la vida de Ferrera.

No se descarta que, tras la entrega del cadáver a la viuda y su incineración, se convoque otra misa en recuerdo del empresario.