El tomate canario se rearma ante su declive

21/09/2018

Los productores hortofrutícolas afrontan el reto de corregir los problemas que provocaron el transporte de la fruta en contenedores refrigerados la pasada campaña. La escasez de mano de obra local en los cultivos y el control de las plagas generan las principales preocupaciones del sector este año

Los productores canarios de tomate afrontan una zafra 2018/2019 con el siempre complicado reto de frenar el descenso de las exportaciones que ha marcado el devenir del sector en las últimas décadas. Un declive que recuerdan con crueldad las estadísticas oficiales: en la pasada campaña se exportaron algo más de 51.000 toneladas de la preciada fruta canaria, apenas la cuarta parte de las 204.036 toneladas que se alcanzaron la cierre de 2005.

Una de las prioridades inmediatas se centra este año en corregir los problemas que surgieron con el cambio en el sistema de transporte. Los tomates, que tradicionalmente llegaban al viejo continente en los barcos fletados por los propios productores, se enviaron en esta última campaña íntegramente en contenedores refrigerados, un nuevo modelo logístico cuya implantación, reconocen abiertamente los exportadores, fue uno de los factores clave para que la campaña fuera «regular tirando a mala».

«Se produjeron retrasos considerables en las salidas y las llegadas, en ocasiones, superiores a los quince días, lo que motivó muchos problemas con los clientes», detalla el portavoz de la Federación de las dos asociaciones provinciales de productores hortofrutícolas Fedex, y Aceto, Gustavo Rodríguez. «Hemos negociado con la naviera mejoras en cuanto al calendario de servicios». Pero admite que se están presentando nuevos inconvenientes: «Lo que sí nos está perjudicando es el retraso en la publicación del coste tipo, que habitualmente se hacía en el mes de julio, lo que está demorando bastante el abono de la compensación al transporte, fundamental para encarar el principio de la campaña», advierte Rodríguez.

También preocupa a las empresas agrícolas «la escasez de mano de obra que ya se empieza a notar al principio de esta campaña, tanto en la actividad de semillero como en la de transplante», aunque el pico de contrataciones se producirá en octubre».

El boom de la construcción de 2005 derivó en la desbandada de capital humano local del sector primario, lo que llevó a traer trabajadores de Polonia y Rumanía. A pesar del cambio de coyuntura, insisten desde Fedex, los productores se están encontrando con dificultades para contratar personal.

Otra fuente de frustración fue en la pasada zafra la aplicación al tomate del control de la temida plabga Keiferia. «Esto complicó aún más la logística ya que una parte de los contenedores tenían que desviarse al punto de inspección fronteriza (PIF) del Puerto para ser inspeccionados. La certificación de la inspección tenía que ser enviada de manera inmediata al puerto de desembarque (Reino Unido, Rotterdam o península) antes de que el barco atracara, porque si no, no podían ser desembarcados y quedaban en cuarentena».

Al margen de las cuestiones administrativas, la producción dependerá, como siempre, de las condiciones climáticas y los precios de mercado. «Aunque el sector trabaja con precios pactados en contratos, también hay un elevado porcentaje de la producción que llega al mercado a competir con el resto de producciones. Al final es el mercado el que condiciona nuestras exportaciones y aquí el clima es determinante. Nuestra ventana de mercado tradicional oscilaba entre los meses de octubre y junio. Las mejoras y menores costes de los productores comunitarios han ido reduciendo esta ventana a los meses entre noviembre y abril», concluye Rodríguez.