Coronavirus

El debate entre parar todo o seguir trabajando

28/03/2020

Los economistas avisan de que los efectos de una mayor congelación de la actividad empresarial sería peores incluso en la lucha contra la Covid-19.

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La gestión de una crisis sanitaria como la del coronavirus ha activado un abanico de medidas para atajar la pandemia tan heterogéneas como la particularidad de cada país. No hay un solo Estado que haya hecho lo mismo que su vecino, ni al mismo tiempo. Y las consecuencias económicas también derivarán en un heterogéneo laberinto de impactos sociales, empresariales y económicos. Y así aparecen voces que piden más confinamiento del que ya han aprobado países como España. ¿Salud o dinero? Los economistas rechazan esta dicotomía. «No hace falta suicidarse, hay una escala de grises que pueden combinar medidas de confinamiento sin llegar a paralizar todo el país», explica Javier Santacruz, profesor del IEB.

En uno de sus discursos más llamativos, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, puso sobre la mesa esta cuestión a principios de esta semana. «No podemos dejar que el remedio sea peor que la enfermedad», apuntaba cuando comprobaba que las restricciones podrían dañar su economía. Trump juega condicionado por un país cuyas estructuras sociales van desde urbes como Nueva York hasta el campo del Medio Oeste, y se mueve con la mirada siempre puesta en las elecciones de noviembre donde se juega su reelección.

Perspectivas negativas de las pymes

El 96% de las pymes creen que la situación afectará de forma negativa o muy negativa a su negocio este año.

Pero también en España hay diferentes criterios: tanto entre comunidades (Cataluña insiste en su confinamiento) como entre los miembros del Ejecutivo -Unidas Podemos apuesta por más restricciones que sean sufragadas con presupuesto- y entre los partidos -el PP es partidario de más limitaciones- aunque con matices.

Los análisis más templados -los que exponen el Gobierno y partidos como el PNV- apuntan que se puede mantener la lucha contra la propagación con el confinamiento actual. A juicio de Javier Santacruz, «pasarse dos pantallas y paralizar todo de golpe no parece tan efectivo». Es la postura que mantiene la ministra de Economía, Nadia Calviño: «Se ha adoptado el catálogo de medidas más fuerte de nuestro entorno», recordaba. E insistía en que el reto es «reorientar» la actividad hacia los bienes prioritarios.

Una producción de apoyo

La industria europea también ha pedido mantener su actividad para evitar daños irreparables. La organización ERT, que agrupa a 55 firmas (en España son miembros Iberdrola, Telefónica, Inditex y Ferrovial), ha advertido de que una parálisis total generaría una espiral que retrasaría la recuperación. El presidente de Iberdrola, Ignacio Galán, sostiene que «la colaboración de las administraciones es esencial en este esfuerzo, en aspectos como las autorizaciones administrativas». E indica que «actuar así es evitar que se pierdan empleos, y acelerar la reactivación cuando la crisis pase».

La Alianza por la Competitividad de la Industria Española está «convencida» de que España «necesita a su industria como el motor de progreso y prosperidad». El director general de Unesid, Andrés Barceló, explica que «es difícil cuadrar la protección de la salud con la producción, pero cerrar todo sería la ruina». «Somos un país al que se le ha ido el turismo, no podemos perder más», avisa.

Las energéticas, las constructoras, las materias primas, papeleras, farmacéuticas, químicas, textiles, tecnológicas, algunas automovilísticas o el sector agroalimentario, entre otras muchas, siguen funcionando. Tan es así que la ministra de Industria, Reyes Maroto, considera crucial garantizar el suministro de material sanitario y asegurarlo con fabricación local, como en una economía de guerra. «Podemos aprovechar esta crisis para recuperar industria y capacidades productivas que se queden en España», indicó

En este sentido, Alicia Coronil, economista jefe de Singular Bank, destaca que estamos «en un momento en el que la colaboración pública y privada es clave en la búsqueda de nuevas soluciones que permitan mitigar sus consecuencias sobre el crecimiento económico y especialmente en el tejido empresarial y el empleo».

Los Gobiernos buscan el punto de equilibrio con el que consigan aplanar la curva de contagios y muertes y, a la vez, no provocar más daños económicos de los que ya están sobre la mesa (afectados por ERTE, negocios cerrados y sin ingresos, nula facturación en los autónomos...). «No he escuchado a nadie defender que haya que paralizar la actividad económica en su conjunto porque habrá que mantener las actividades básicas», explica Juan Moscoso del Prado, director de Deusto Asuntos Globales de Deusto Business School. «Es muy naif la llamada a la parálisis total», sostiene.

Una crisis menos estructural

Ni siquiera China llegó a clausurar un país de 1.000 millones de habitantes. Lo hizo por provincias y sectores. Y ahora la actividad, aunque dañada, ha vuelto a reanimarse. «Hacer lo contrario nos llevaría a un escenario aún peor que el de 2008», sostiene Santacruz. «Es la diferencia entre reactivar en unas semanas una demanda deprimida o reconstruirla», analiza este experto.

Las dudas que dejan ver los políticos también denotan otro debate mucho más profundo en su forma de actuar: ¿salvar vidas o a la economía? Aunque no hay tal disyuntiva «la respuesta a este dilema solo la podemos afrontar desde un punto de vista ético, ya que el precio para preservar la economía se mide en vidas», sostiene Aitor Méndez, de IG. «Todos tenemos en mente los estragos que provocó la última crisis financieray precisamente por ello los países europeos se mostraron dubitativos a la hora de adoptar restricciones», explica. Y Juan Moscoso indica que «ninguna de las dos estrategias pueden ser verificadas mientras no haya análisis para todos, no solo para contagiados sino quien es positivo o está inmunizado». Habrá que esperar para ver el resultado.