Marcelino Oreja acaba de ser relevado como ejecutivo de Enagás. / europa press

Marcelino Oreja Arburua | Exconsejero delegado de Enagás

«Conviviremos con el gas natural 20 o 30 años porque no es fácil sustituirlo»

Advierte que los precios de esta fuente de energía seguirán altos y no volverán a la situación de hace tan sólo unos meses

MANU ÁLVAREZ Bilbao

Aunque su primer apellido está ligado al del exministro de Asuntos Exteriores del gabinete de Adolfo Suárez, apenas ha dedicado dos años de su vida a su faceta política faceta –como parlamentario europeo por el PP–, ya que la mayor parte de su trayectoria ha estado ligada al mundo empresarial, pasando por cargos en firmas como Aldeasa, Comsa o Enagás, compañía de la que ha sido consejero delegado durante la última década. Un sector, el del gas, en el que advierte que no hay soluciones milagrosas al problema que se ha creado tras la invasión de Ucrania.

– España no depende del gas ruso y eso es una suerte. ¿Ha desvelado esta guerra uno de los puntos débiles de Europa?

– Sin duda. Para bien o para mal España es casi una isla en lo que se refiere al gas, porque dependemos sobre todo del gasoducto de Argelia y de las regasificadoras. Un tipo de instalaciones en las que comenzó a invertirse en 1970 porque entonces era la única opción. Es más caro, pero te permite tener suministradores distintos y sustituibles. La dependencia de Europa del gas ruso siempre ha sido elevada.

– ¿Por qué no se ha ampliado la conexión con Francia?

– Hay dos pequeñas, una en el País Vasco y otra en Navarra. Ha existido otro proyecto por Cataluña, pero se canceló. Nadie pensó en que íbamos a tener una situación así, porque es cierto que habría servido para que Europa hubiese tenido una alternativa.

– Quizá se pensó que era una inversión innecesaria o excesivamente costosa.

– Sí, aunque yo siempre he pensado que las infraestructuras hay que diseñarlas para el momento punta. Creo que es el momento de que ese proyecto se recupere.

– ¿Es ingenuo pensar en la posibilidad de sustituir el gas natural a corto o medio plazo?

– No será sencillo sustituir el gas. Conviviremos con él 20 o 30 años. Hay procesos industriales en los que es imprescindible y no hay sustitución posible. Cualquier proceso que requiere más de 200 grados de calor pasa por el gas.

– ¿Coincidía con la idea de que los precios del gas iban a estar normalizados en abril?

– Creía que se iba a alargar más la situación de precios altos. Es más, creo que nunca volveremos a precios de gas a 20 euros/MWh. Ahora estamos por encima de 160 euros/MWh. Las fuentes de suministro no se pueden establecer de forma acelerada. Construir un barco de gas puede costar 36 meses... Y para conseguir que los precios se estabilicen necesitamos que también se estabilice la demanda, que haya más barcos y más gasoductos.

«Una transición energética no se ejecuta en menos de 40 o 50 años. Hemos apostado en exceso por esa transición y hemos dejado de invertir en fuentes de producción de gas natural»

– Todo esto, ¿puede acelerar o ralentizar los proyectos de transición energética?

– Una transición energética no se ejecuta en menos de 40 o 50 años. Hemos apostado en exceso por esa transición, pensando que iba a ser más rápida, y hemos dejado de invertir en fuentes de producción de gas natural: esa también es una de las claves del aumento de costes. Hay que correr, pero las cosas llevan su tiempo.

– ¿Se pueden adoptar medidas coyunturales para reducir el coste de la energía en estos momentos? ¿Qué le parece la idea que defiende el Gobierno de Pedro Sánchez de desligar el precio del gas de los costes de la electricidad?

– En el ámbito doméstico hay que proteger a los más desfavorecidos. En el ámbito industrial hay que tener cuidado de que el proceso de descarbonización no nos haga menos competitivos. Y en cuanto al sistema de formación de precios, sí estoy de acuerdo con ese planteamiento y creo que la Unión Europea tiene que replanteárselo. En el largo plazo hay que apostar por las infraestructuras de exploración y de transporte de gas natural.

– ¿Es de los que piensan que hay que retomar la construcción de centrales nucleares?

– Veo muy difícil que la opinión pública admita tener una central nuclear cerca de casa, incluso de las pequeñas. Quizá en Francia sí porque existe una cultura diferente en torno a este asunto, pero en España no lo creo.

– Ahora vivimos una especie de burbuja en torno al hidrógeno. ¿Nos estamos pasando en la trascendencia del tema?

– Hay bastante burbuja porque el hidrógeno está en la frontera entre lo conocido y lo desconocido. Sabemos cómo generarlo, la tecnología es conocida. Incluso yo tengo en mi casa un aparato de juguete para producir hidrógeno, pero es una opción cara. Lo que pasa es que no hay muchas alternativas, por eso es bueno apostar por su desarrollo. Será un sector económico en el futuro salvo que alguien desarrolle otra alternativa. Pero va a costar tiempo, no es algo que se pueda comprar en el supermercado.

– Pero dice que es muy caro.

– Por eso hay que apostar por el desarrollo tecnológico y la inversión en proyectos industriales. Existe la voluntad política de que eso ocurra y los fondos europeos van a jugar un papel importante en este tema.

– Dos compañías como Repsol e Iberdrola, aparentemente, han desatado una gran competencia en torno al hidrógeno verde de cara al futuro.

– Sí, pero son dos proyectos y dos intereses diferentes. Repsol es un gran consumidor de hidrógeno y lo necesita para descarbonizar su proceso de producción de combustibles. Iberdrola lo que busca es una oportunidad para aprovechar la energía eléctrica y tener también un nuevo producto.

Es una competencia que va más allá del producto y que incide en el modelo. Los eléctricos quieren buscan una producción en el lugar de consumo para incrementar sus redes eléctricas, mientras que las compañías petroleras buscan una producción a gran escala para luego distribuirlo.

– Al menos la competencia viene bien para estimular el desarrollo tecnológico.

– Sin duda. Nos tenemos que dar cuenta de que sólo las grandes compañías son capaces de protagonizar la transición energética. Son las que tienen equipos, capacidad de invertir, también de arriesgar e incluso de perder. Es absurdo demonizar por ejemplo a las petroleras, porque van a ser ellas las que nos van a llevar hacia un mundo más descarbonizado y tienen planes para ello.