El vicepresidente del BCE, Luis de Guindos. / reuters

El BCE contempla una recesión en 2023 si el escenario empeora

Luis de Guindos indica que el plan para controlar las primas de riesgo dejará «manos libres» al organismo para combatir la inflación

Clara Alba
CLARA ALBA Madrid

Los tambores de recesión que desde hace semanas retumban en los mercados empiezan a escucharse cada vez más cerca. Los inversores llevan semanas advirtiendo de esta posibilidad de que ni siquiera el Banco Central Europeo (BCE), en pleno proceso de retirada de estímulos para luchar contra la inflación, es capaz de ignorar.

La presidenta del organismo, Christine Lagarde, aseguraba hace solo unos días ante el Parlamento Europeo que ese escenario no es actualmente la referencia con la que trabaja el organismo para desarrollar su política monetaria. Pero su vicepresidente, Luis de Guindos, fue ayer algo más específico reconociendo la posibilidad de que los riesgos que afronta la economía tras la guerra en Ucrania se consoliden en los próximos meses, derivando en un escenario adverso, en el que la recesión se contempla ya para 2023.

Durante su intervención en los cursos de verano de la APIE en Santander, Guindos recordó que el escenario central es de un crecimiento positivo en la zona euro de más de 2% este año y el próximo. Pero reconoció que también se contempla una caída del PIB para el próximo año en el caso de producirse un entorno peor del previsto con la inflación y los problemas de suministros de materias primas que ya están impactando de lleno en la renta de los consumidores.

Este escenario adverso que maneja el BCE es desde hace meses el central para gigantes financieros como Morgan Stanley, ante el aumento constante de los precios del petróleo y las materias primas agrícolas. En un reciente informe, sus analistas ya advertían de que si los precios suben más de lo esperado, la entrada en «franca recesión» será inevitable. Y Luis de Guindos ya reconoció ayer que la inflación desbocada al 8,1% en mayo en la zona euro fue una auténtica sorpresa negativa para la institución.

Escenarios imprevisibles

El escenario que maneja Morgan Stanley es el de un incremento de los precios del barril de petróleo Brent, de referencia en Europa en 150 dólares, que se sumaría a un incremento de las materias primas agrículas del 20%. Esto haría bajar el consumo y la inversión y «en ausencia de una política fiscal que suavice el golpe» el PIB de la zona euro se reduciría en 1,1 puntos porcentuales más en los próximos cuatro trimestres, «con una recesión que se prolongaría hasta el primero de 2023», indican.

En el mismo sentido se ha manifestado en su último informe de mercados BlackRock. El gigante de la inversión estadounidense, con una amplia exposición a las empresas del Ibex-35, considera que el BCE se verá incluso obligado a replantear el ritmo de subidas de tipos al «subestimar el riesgo de que la crisis energética derive en recesión».

De momento, los bancos centrales del mundo tienen claro que su objetivo prioritario es controlar la inflación. Aunque eso impacte de forma directa en el ritmo de recuperación económica. Guindos explicó ayer que el BCE ya espera que la tasa de inflación se mantenga en niveles similares a los actuales, sobre el 8%, y solo comience a relajarse tras los meses estivales, para concluir 2022 en torno al 6%.

¿Más subidas de tipos?

En este sentido, el economista español apuntó que, si bien las expectativas de inflación están relativamente bien ancladas, muy próximas al 2% a medio plazo, existe un segundo elemento que son los factores de segunda ronda. «Si nos encontramos con efectos de segunda ronda, esto llevará a que la inflación sea más extensa y afecte a más componentes del IPC y a que la respuesta de la política monetaria sea diferente», advirtió.

Es decir, si la situación empeora, a la subida de tipos de interés en 25 puntos básicos esperada para la reunión de julio, le seguiría otra en septiembre de mayor intensidad. Guindos, de hecho, no ha querido definir el techo hasta el que podrá llegar este nuevo ciclo.

La simple expectativa del cambio en la política monetaria ha generado fuertes tensiones en los mercados de deuda de los países con mayores desequilibrios, entre ellos España pero, sobre todo, Italia.

En este entorno, el BCE se ha comprometido a desarrollar el «mecanismo antifragmentación» (cuando las primas de riesgo de algunos países no están justificadas por las conficiones económicas) que, básicamente, se traducirá en que un nuevo programa con el que poder seguir comprando bonos de estos países en caso de que sea necesario, al tiempo que el organismo retira los actuales.

Guindos ha dejado claro que «el programa antifragmentación no debe interferir en el planteamiento de la política monetaria y la lucha contra la inflación». Confía en que este plan deje las manos más libres a esta para cumplir el objetivo de inflación del 2% simétrico a medio plazo. «Contar con un instrumento antifragmentación es liberar a la política monetaria para poder actuar con más contundencia contra la inflación», seguró. No obstante, marizó que esto no quiere decir necesariamente que las subidas de tipos vayan a acelerarse o ganar en intensidad, ya que cualquier decisión del banco central será «dependiente de los datos».

En todo caso, asegura que este programa no debe compararse con el lanzado hace diez años por el BCE tras la famosa frase 'whatever it takes' con la que el entonces presidente del organismo, Mario Draghi, logró frenar la crisis del euro.