Así funciona el negocio chino de la reventa de gas ruso a Europa

El gigante asiático licúa el gas que le llega por tubo a un precio muy económico y lo revende en gaseros junto al exceso de gas licuado que adquiere a Moscú

ZIGOR ALDAMA

Vladimir Putin financia la invasión de Ucrania con la exportación de combustibles fósiles. Europa ha sido su principal cliente, sobre todo de gas natural -el año pasado suministró el 45% del que consume el continente-, pero la tensión política que provoca el cierre del gasoducto Nord Stream 1 y la posibilidad de que las sanciones se impongan también al gas dificultan este comercio y amenazan con ponerle punto final. Así que Rusia busca clientes alternativos, y China aparece como el más lógico: es un gigante en crecimiento que necesita energía y que no condena ni castiga la 'operación militar especial' rusa.

La relación se ha consolidado y se va acercando a su actual máximo operativo. En el primer semestre del año, China ha incrementado en un 63,4% el volumen de gas importado de Rusia, cuyo valor se ha triplicado hasta alcanzar 2.390 millones de dólares. Todo ello a pesar de que solo hay un gasoducto entre ambas potencias: el Power of Siberia, inaugurado en diciembre de 2019 con capacidad para suministrar 38.000 millones de metros cúbicos (38 bcm) al año. Ese volumen se alcanzará en 2025 gracias a la conexión que el 25 de octubre tiene previsto abrir a través de un nuevo conector en Sibera Oriental, pero este año se espera que por el gasoducto solo suministre 16 bcm.

A este plan se suma el compromiso adquirido hace unos días entre los presidentes de Rusia, China y Mongolia para construir el Power of Siberia 2, con capacidad para 50 bcm, que serviría para desviar a China parte del gas que se extrae de Yamal, en Siberia Occidental, y que actualmente suministra a Europa a través del Nord Stream 1. Si las previsiones se cumplen, en 2030 Rusia podría enviar a China más de 100 bcm de gas natural, dos tercios de los 155 bcm que vendió a Europa el año pasado.

No obstante, diferentes expertos argumentan que, a pesar de ser un importador neto de este combustible, China no necesita tanto volumen. Y que eso explica el negocio que está haciendo. Porque todo apunta a que parte de ese incremento en las importaciones de gas ruso, comprado a precio de saldo por la coyuntura actual, acaba en otros países que se rascan el bolsillo mucho más. No en vano, entre enero y agosto de 2022 China ha exportado gas licuado (GNL) por valor de 448 millones de dólares. Son 64 veces más que en 2021, y, según los datos de la aduana china, 164 millones tuvieron como destino países europeos, entre ellos España. Gracias a su capacidad regasificadora y espacio para gaseros de gran tamaño, el Puerto de Bilbao es la infraestructura del país que más GNL descarga y el tercero que más recibe desde Rusia del mundo.

China cuenta con regasificadoras en el noreste del país, donde acaba el Power of Siberia, y puede redireccionar el gas extra que compra licuado a Rusia o enfriar el que llega en forma gaseosa para enviarlo en estado líquido. Así es imposible que el país de destino conozca el origen del combustible, ya que también se puede mezclar con el que llega de Qatar. De esta manera, en lo que va de año, las empresas chinas han vendido al extranjero al menos 4 millones de toneladas de GNL, equivalente al 7% del que consume Europa. Solo el grupo Jovo reconoce haber vendido 100 millones de dólares a un cliente europeo, y Sinopec ha enviado al menos 45 gaseros.

«Así es China, y no Rusia, la que se lleva el beneficio adicional que deja la reventa del gas», ha explicado Anna Mikulska, del Centro para Estudios sobre la Energía de la Universidad Rice, a la cadena alemana Deutsche Welle en referencia a que China cobra por su gas en torno al doble de lo que paga por él. «Y no hay nada que Europa pueda hacer, salvo acabar con las compras a China, lo cual podría provocar una seria escasez de suministro en invierno», apostilla Mikulska.