Vitolo y Viera, en el antiguo campo de Barranco Seco y antes de su estreno profesional. Corría agosto de 2010. / Juan Carlos Alonso

Viera-Vitolo: una década de su alumbramiento

Este viernes se cumplen diez años del debut conjunto de esta dupla estelar que ha alcanzado la cima y dejó a la UD casi 40 millones de beneficio

IGNACIO S. ACEDO Las Palmas de Gran Canaria.

Ocurrió justo hace diez años, en el partido que abría el telón de la campaña 2010-11 y en un UD-Nástic de Tarragona, partido que, con el tiempo, ha pasado a la historia por alumbrar el debut simultáneo de dos de las figuras más importantes de la historia del club: Jonathan Viera y Vitolo. Hoy consolidados como figuras internacionales, el primero en China, el segundo en el Atlético de Madrid, con paso intermedio, también, por la selección absoluta, su relevancia en la edad contemporánea de la entidad va más allá del césped y se computa, por encima de juego y goles, también en las plusvalías generadas.

Viera ha sido traspasado hasta en dos ocasiones (Valencia en 2012 por 2,5 millones de euros y en febrero de 2018 por un montante que rondó los 30), mientras que Vitolo dejó en caja 3 millones en 2013 al ser transferido al Sevilla más un rédito adicional de otros 4 en el verano de 2018 cuando, tras el abono de su cláusula, emigró al Atlético de Madrid. La suma es clara: unos 40 millones de euros.

«Dos personas formidables, que han dado sobradas muestras de su cariño, lealtad y compromiso por la UD. Dos futbolistas que se criaron en nuestra casa y han alcanzado la plenitud profesional, cumpliendo su sueño de defender la camiseta amarilla en Primera y de España. Dos jugadores que se han ganado a pulso tener nuestro reconocimiento por el rendimiento y prestigio que nos han dado, y el respeto y admiración de toda la afición, y que son un ejemplo para nuestra cantera. Siempre tendrán las puertas abiertas para volver», expone Miguel Ángel Ramírez, el presidente que les alumbró cuando rompieron el cascarón, impidiendo que se marcharan a edad juvenil, y con el que desde siempre han mantenido una relación casi familiar.

Lo cierto es que Viera y Vitolo, Vitolo y Viera, tuvieron que superar un inicio accidentado. Para empezar, fueron promocionados al primer equipo sin tener la confianza plena del técnico de entonces, Paco Jémez, quien amenazó con dimitir en pleno verano al considerar que la plantilla no le daba garantías. El caso es que siguió adelante y antes del inicio del campeonato, durante una concentración en Lanzarote, con motivo de una participación en el torneo de San Ginés, dos futbolistas llegaron de amanecida al hotel después de una juerga. Eran... Viera y Vitolo.

Obligados a pedir perdón en Barranco Seco, y escoltados por Pedro Vega, David García, Javi Guerrero y Pindado, el cuarteto de capitanes, estaban en la diana sin haber jugado un partido oficial y por motivos que amenazaban con dinamitar sus carreras. Fue una experiencia que les ayudó a madurar sobre la marcha y de la que extrajeron el aprendizaje necesario para nunca más volver a dar que hablar más allá de sus diabluras y artes con las botas puestas, dibujando una trayectoria estelar que encumbró la escuela propia y que ayudó a acunar a otras piezas de nivel estimable como Roque Mesa o Pedri.

Los dos también tienen palabra: prometieron, al irse, volver si era preciso y cumplieron con la promesa. Viera lo ha hecho en dos ocasiones: en diciembre de 2014 para liderar el ascenso, meses después a Primera, y el año pasado también acudió al rescate en los meses iniciales del proyecto 2019-20. Siempre rindió como el mejor y dejó estadísticas propias de su cartel. Vitolo, por su parte, también retornó para media campaña en 2018, pero las lesiones le castigaron sin descanso.

En los altares de la UD, se les espera de vuelta para cuando quieran vivir con su escudo el cierre de sus carrera. Nadie duda de que será el epílogo perfecto.