Un chispazo de Halilovic sube a la UD al tren de la salvación

Un disparo del croata sobre la bocina, cuando el equipo estaba desahuciado, arrojó un ápice de esperanza. La ansiedad volvió a pasearse por el césped, aún queda mucho por mejorar.

Kevin Fontecha
KEVIN FONTECHA

Era un partido para que uno de los dos equipos diera un golpe sobre la mesa. Un tren hacia la salvación que, probablemente, no volvería a pasar más. Una final a la que agarrarse para que creciera la esperanza. Y cuando todo parecía perdido, inmersos en una fúnebre oscuridad, un rayo de luz en forma de disparo de Halilovic encendió la llama de la ilusión. Minutos antes, la afición entonaba el «sí se puede», empujando a los suyos. El cronómetro parecía desvanecerse, pero el croata tenía una bala guardada en su recámara. Maltratado por las lesiones, la suerte le debía un momento heroico. El extremo balcánico, en la sombra de recién llegados como Nacho Gil y Jairo Samperio, arrojó un ápice de fe en la permanencia.

Un gol de Halilovic en el 90 regalaba otra vida al conjunto isleño, pero, de resto, la misma historia de siempre. Empezaba el choque y ambos conjuntos tenían más miedo a perder que fe en conseguir la victoria. Pasaban los minutos y las botas pesaban. La ansiedad volvía a pasearse por el recinto de Siete Palmas y solo los recién llegados parecían meterle una marcha más al duelo. Aguirregaray en la banda y Etebo por el centro buscaban la puñalada a la defensa malacitana. De resto, más de lo mismo, un grupo lleno de complejos sobre el verde. Y eso que hablaba Jémez en la previa sobre los mercenario. Asesinos del fútbol que no aparecieron hasta que comprendieron que, para ganar, debían irse al ataque con todo, aunque eso conllevara hipotecar el choque a que Chichizola salvase los contragolpes blanquiazules. Y así fue. El arquero argentino se hizo grande y defendió la red con un acierto enorme.

Y aunque se lograron los tres puntos, la imagen fue de dos equipos inertes. Tal vez, el problema fue no afrontar el encuentro como una final a vida o muerte, porque lo era. Faltó intensidad y espíritu de superviviencia. La UD jamás dio síntomas de resurrección. Nacho Gil en un costado pasando completamente desapercibido y con Toledo totalmente desasistido. Etebo intentándolo de todas las maneras posibles y con Viera marcado y desacertado. Pero el dios del fútbol estaba en deuda con la hinchada amarilla y devolvió el eterno aliento con un triunfo balsámico. Aun así, Las Palmas necesita un poco más de todo para quedarse en Primera.