La razón de la coherencia y los riesgos del miedo

La mejor versión de Las Palmas en la primera mitad hizo posible la segunda victoria con Paco Herrera en el banquillo, pero se vio afeada por unos 45 minutos siguientes en los que el equipo volvió a recular y terminó sufriendo hasta el pitido final

Ronald Ramírez Alemán
RONALD RAMÍREZ ALEMÁN

Otra bocanada de aire. Cuánta falta hacía y cómo lo celebraron los amarillos. Jugadores y afición volvieron, después de mucho tiempo, a ser uno. Pero cuanto cuesta. Fue un triunfo trabajado, sufrido. De esos que, como decía Raúl Fernández, hacían falta. Porque últimamente, cada vez que los duelos se apretaban, la balanza caía del lado contrario al de la Unión Deportiva. O se goleaba, como ante el Osasuna, o la victoria era esquiva. Sin embargo, ayer fue diferente. Y eso que el encuentro se pudo encarrilar desde la primera mitad, pero Rubén Castro perdonó y Las Palmas casi lo termina lamentando con otro final trágico.

Esta vez los cambios en el once de Paco Herrera funcionaron. Ayuda cuando se ponen los cromos en su lugar. Lemos volvió a la titularidad y la banda derecha ganó en profundidad. Además, el entrenador catalán apostó por dos extremos como Blum y Fidel, y ambos fueron, junto a Galarreta y Mantovani, los mejores en el primer periodo. Unos 45 minutos que se erigieron como lo mejorcito de la temporada. No era tan difícil, pero en esta ocasión sí que los brotes verdes son reales. Herrera no tiene la necesidad de seguir «vendiendo humo», como negó que hiciera en la previa del compromiso.

El problema es que el representativo volvió a venirse abajo en la segunda mitad. Como ya ha ocurrido tantas veces esta temporada, y tantos puntos han costado. Anoche los extremos de casa fueron una pesadilla para los sportinguistas, y Galarreta, con su primer gol con la camiseta amarilla, por fin se convirtió en el jugador que se fichó en verano. Lemos subía la banda y le demostraba a Herrera que lo más efectivo es la coherencia, disponer a los futbolistas en sus posiciones naturales y no dejarse llevar por miedos enfundados. Los traumas vividos en Córdoba, Cádiz o Lugo ya quedaron atrás.

Estos momentos de felicidad, un pequeño oasis en el vasto desierto, empujan al optimismo y a las felicitaciones. Se dejan a un lado los discutibles cambios (es un escándalo que Rubén Castro juegue los 90 minutos), los planteamientos conservadores y la escasez de fútbol, hay que felicitar a Herrera su apuesta por Mantovani cuando el zaguero argentino hacía -literalmente- las maletas para marcharse en invierno. Vaya central ha recuperado Las Palmas. El mismo que contribuyó al milagro del Leganés en su camino de Segunda B hasta Primera División.

El aplauso no es unánime con la confianza hacia Peñalba, pero es innegable el equilibrio que le da al representativo. Es un jugador diesel, le cuesta arrancar. Sin embargo, sujeta el centro del campo y permite a hombres como Galarreta brillar. En el debe de Herrera está el de haber crucificado a Maikel Mesa sin motivo conocido. Timor sigue sin estar y el tinerfeño, con Gaby detrás, merece una oportunidad. Ojalá la coherencia termine de imponerse al miedo.