Rivera, en la visita a la Ponferradina, diciembre pasado, uno de los cuatro partidos en los que ha participado en esta temporada. / LALIGA

La historia imposible entre la UD y Rivera

El club no ha podido desprenderse de un jugador con salario fuera de mercado, que no está ni se le espera y cuyo contrato expira en 2022

IGNACIO S. ACEDO Las Palmas de Gran Canaria

No hubo manera de colocarlo en verano ni de rescindir su contrato, tampoco de encontrarle salida en la ventana invernal, ante la falta de ofertas, después de que volviera a constatarse que no encajaba en los planes de Mel, tal y como había ocurrido la campaña pasada. Y, con el agravante de ser uno de los futbolistas con mejor salario de la plantilla (1,2 millones al año) y tener vínculo laboral hasta junio de 2022, Christian Rivera sigue en la plantilla de la UD, camino ya de cumplir tres meses sin haber jugado un solo minuto y, en apariencia, conforme ante su rol residual, con visos de prolongarse hasta final de campaña.

Un episodio más de su historial frustrado en Las Palmas, donde no ha parado de encadenar fiascos y un serial de cesiones que ha sido un despropósito. En dos años y medio, ha desfilado por el Huesca, Girona y Leganés sin enraizar en ninguna plaza y lejos de cumplir el propósito de ser promocionado como se pretendía desde Siete Palmas. Sus estadísticas son más que elocuentes: 17 partidos y solo 7 completos desde el verano de 2019.

Rivera sigue haciendo méritos para convertirse en una de las operaciones más ruinosas de la historia contemporánea de la UD tras su llegada en julio de 2018 procedente del Eibar.

No juega desde diciembre siendo invisible para Mel, antes encadenó tres cesiones y se ha devaluado hasta carecer de ofertas

Firmó por cuatro campañas y como una apuesta personal del entonces secretario técnico Toni Otero, que lo conocía de sus tiempos en el filial del Barcelona y le procuró unas condiciones fuera de mercado, como se está pudiendo comprobar. «Salvando las distancias, siempre me han comparado con Busquets», dijo en su acto de presentación.

Añadió, incluso, que aspiraba a acercarse al nivel de su referente, nada más lejos de la realidad pese a que, en su época de juvenil fue considerado una de las grandes esperanzas del fútbol español, siendo internacional en categorías inferiores y captado por el Barça con 20 años luego de haber brillado en Primera con el Eibar. De lo que pudo ser a lo que es, un mundo.

El centrocampista asturiano ya fue cortado en los primeros compases de la temporada 2018-19, con apenas tres partidos a hombros, al no contar con la confianza de Manolo Jiménez. Paradójicamente, acabó en un destino de Primera División, el Huesca, en el que tuvo algo de regularidad (22 encuentros y dos goles), insuficiente, no obstante, para recuperar cartel. Porque a su regreso fugaz a la UD (vino para volverse a ir) se sucedieron otras dos cesiones de impacto invisible: Leganés (5 partidos) y Girona (8).

El conjunto catalán tenía una opción de compra obligatoria en caso de ascenso a Primera, pero perdió la eliminatoria decisiva frente al Elche y se arruinó una transferencia que en las oficinas del Gran Canaria ansiaban como ninguna otra.

Antes del inicio de la presente campaña, los esfuerzos de Luis Helguera y Tino Luis Cabrera por buscarle una salida fueron ímprobos. Mel, no obstante, estimuló al jugador al saber que no había otro remedio que integrarlo en el grupo: «Christian Rivera es un buen futbolista. Queríamos al Rivera que quiere estar aquí. Eso ha sucedido. Quiere sumar cosas. Tener buenos futbolistas no es un problema. Siempre es algo bueno». Pero el futbolista nunca cuajó.

Y en la entidad miran con escepticismo cierto acomodamiento por su parte en la confortabilidad que le proporciona su situación contractual. En otras palabras, que no ha dado el paso al frente que se esperaba y así luce, con apenas cuatro encuentros disputados en este curso siendo su última aparición el pasado 20 de diciembre, en la derrota en Vallecas ante el Rayo (2-0).

Nada se ha vuelto a saber de él salvo que ha entrado en alguna convocatoria, nunca estimado, eso sí, por el cuerpo técnico para ayudar al equipo. El panorama para lo que viene no es mejor: dentro de la política de contención de gasto que se ha intensificado en estos tiempos de pandemia, tener en nómina a un jugador carísimo, que no juega, carece de pretendientes y no va a perdonar un euro suena a pecado mortal.

Y si los veranos anteriores con Rivera fueron como fueron, el que viene no va a ser diferente.