Viera celebra un gol en el Gran Canaria, una imagen frecuente en la historia reciente de la UD. / C7

Una garantía de éxito, compromiso y ejemplaridad

Nuevo regreso para la ilusión. En sus etapas anteriores en la UD, Viera fue diferencial. Lideró un ascenso a Primera, alcanzó la internacionalidad absoluta, honró el brazalete, enamoró a la grada, rindió como el que más...

IGNACIO S. ACEDO

El tercer regreso de Jonathan Viera supone un caso único y sin precedentes en los 72 años de vida de la UD. Nunca antes un jugador tuvo esta ida y vuelta tan prolongada, además de producirse en un ciclo de tiempo comprimido en seis temporadas, las que van de 2015, cuando volvió por vez primera y directamente desde el fútbol belga desde el Standard de Lieja, hasta el de ahora, procedente del Beijing Guoan, idéntico origen que en 2019. La historia de Jonathan con la UD también está fuera de los cánones actuales del deporte, toda vez que ha dejado a un lado el componente económico para anteponer el pasional en cada una de las ocasiones en las que se anunció su retorno a casa y siempre estando Las Palmas en Segunda, un escenario que no le es proporcional a su categoría y experiencia. Fue denominador común desechar ofertas que le doblaban lo que aquí le daban y le garantizan competir en categoría superior. Sin ir más lejos, ahora el Beijing le había extendido una propuesta para que renovara y con unas condiciones salariales fuera del alcance de la UD. Y, de haber querido, tenía sobre la mesa posibilidades en otros países también mucho más atractivas en aspectos monetarios.

Pero no, tal y como ya hizo en 2015 y 2019, Viera, que el próximo mes de octubre cumplirá 32 años, ha querido estar donde siempre tuvo el corazón. Y su incorporación es una garantía a todos los niveles: además del tirón popular innegable que tiene con una afición que le venera, en el club ya se frotan las manos con el impulso que comportará en la campaña de abonados, su rendimiento e impacto en el equipo es otro valor seguro. Un repaso a su trayectoria en el Gran Canaria, y en cada una de sus etapas así lo atestigua, lo que avala de pleno el esfuerzo realizado por la entidad para ponerlo al frente del proyecto 2021-22, cuyo objetivo es el de pelear el ascenso sin excusas.

1ª etapa (2010-2012)

Debutó en agosto de 2010, con Paco Jémez en el banquillo, y muy pronto confirmó las referencias que hablaban de él como un jugador destinado a la cima. De hecho, meses después de su estreno ya era citado por la selección sub-21. En esas dos campañas totalizó 60 partidos y 15 goles, lo que le valió la atención de varios clubes (se llegó a anunciar su venta al Granada), aunque, finalmente, fue transferido en mayo de 2012 al Valencia por 2,5 millones de euros. En esos inicios reconoció que la influencia en el banquillo de Juan Manuel Rodríguez, que no dudó en ponerle el peto de suplente en alguna ocasión, le permitió madurar y corregir actitudes que no le favorecían.

2ª etapa (2015-2018)

El gran golpe de una UD que iba encaminada al ascenso, bajo las órdenes de Paco Herrera, llegó en el mercado invernal de la campaña 2014-15. Viera estaba a disgusto en el Standard de Lieja, luego de salir del Valencia y no cuajar en el Rayo. Ramírez logró que la entidad belga accediera a su préstamo en una maniobra que resultó fundamental en la suerte del equipo. En 21 encuentros, los del tramo final de aquel calendario incluyendo los cuatro de la promoción con las dobles eliminatorias ante Valladolid y Zaragoza, anotó 7 goles y ofreció una clase magistral de liderazgo . Fue pieza maestra en el ansiado ascenso a la máxima categoría y, durante dos campañas y media, ya entre los grandes, lució a un nivel superlativo, lo que le llevó a ser internacional absoluto con España mientras defendía la camiseta amarilla, algo que no se producía desde los tiempos de Gerardo Miranda, casi cuarenta años atrás. La UD terminó ejecutando su opción de compra y en Primera vivió dos años plenos, jugando 96 encuentros, incluyendo la Copa, y firmando 21 goles e infinidad de asistencias y acciones prodigiosas. El célebre 3-3 del Bernabéu, en marzo de 2017, en el que marcó de penalti, fue uno de sus momentos estelares de mayor eco. Cerrada la etapa de Setién en el banquillo, inició el fatídico curso 2017-18, marcado por los numerosos cambios en el banquillo (Márquez, Ayestarán, Paquito y Paco Jémez en apenas cuatro meses) y que concluiría en descenso a Segunda. Pero él no vivió hasta el final ese calvario porque en febrero de 2018 fue vendido al Beijing Guoan. Nunca se hicieron oficiales las cifras del traspaso, aunque la operación superó los 20 millones de euros convirtiéndose en la de mayor cuantía realizada hasta ahora por la UD (las cifras ingresadas por Pedri desde el Barcelona todavía no alcanzan estos parámetros). Dejó un vacío que terminó castigando la suerte de sus compañeros.

3ª etapa (2019)

En un movimiento calcado a 2014, esta vez desde China, Miguel Ángel Ramírez volvió a lograr su cesión pese a que el club tenía una posición de fuerza debilitada, tanto por su economía como por competir en Segunda. La voluntad del jugador y el empeño del presidente posibilitaron que todo encajara para que la operación prosperara. Ya con Mel en el banquillo, y tras unas semanas de puesta a punto al venir de una lesión, tal y como sucede ahora, la estrella de Viera volvió a propulsar al equipo. En 13 partidos hizo 10 goles, una media al alcance de los elegidos, y, al margen de su impecable hoja de servicios con las botas puestas, también se encargó de tutelar los primeros pasos de Pedri, entonces en juvenil sin experiencia y con el que mezcló a las mil maravillas dentro y fuera del campo. El 21 de diciembre de 2019 se despidió de la afición tras un encuentro ante el Rayo en el Gran Canaria, obligado a retornar al Beijing en virtud del acuerdo de préstamo que expiraba, sin otra opción, en esa fecha.