Ciudad Deportiva UDLP

Cuando a Barranco Seco no se podía ir con playeras blancas, o volvían marrones

09/07/2019

Desde principios de los años 80, miles de futbolistas, sus padres y los fieles aficionados del fútbol canario han acudido a La Fábrica Amarilla por el serpenteante camino que les conducía a sus sueños futbolísticos.

Treinta y siete primaveras después (1982 - 2019), la Ciudad Deportiva de la Unión Deportiva Las Palmas es lo que soñaron los dirigentes de aquella época. Atrás quedan innumerables horas de proyectos, de trazar estrategias para cerrar acuerdos con las instituciones, de salvar el penúltimo escollo, de probaturas de tipos de hierbas y de un sínfin de pequeños detalles que han desembocado en una obra que ya es historia.

Acceso al campo de fútbol / <b>Norberto Rodríguez</b>
Acceso al campo de fútbol / Norberto Rodríguez

Atrás quedan los recuerdos de miles de futbolistas, multiplicando los casi 300 que suelen componer las plantillas de filiales de la UD Las Palmas por las 37 temporadas, y tendremos los números de cuantos visitantes que ha tenido a diario la hoy flamante Ciudad Deportiva amarilla.

Barranco Seco / <b>Norberto Rodríguez</b>
Barranco Seco / Norberto Rodríguez

Uno de los futbolistas que ayer acudió al acto de inauguración fue Benito Morales, ex canterano, jugador del primer equipo, técnico en varios escalafones y delegado en su última etapa, reciente, recordaba con su inseparable sonrisa, como en 1976, ya entrenaban allí, en un terreno pequeñito, los futbolistas del equipo amarillo entonces conocido como Las Palmas Aficionado.

Cuando a Barranco Seco no se podía ir con playeras blancas, o volvían marrones

Y si era una odisea llegar hasta allí, por un camino serpenteante, donde dos coches debían manejarse con suma prudencia en direcciones contrarias, eso no ha cambiado mucho, sí que conviene recordar que una de las máximas era no llevar playeras de color blanco, si no querían que volviesen de color marrón tierra.

Cuando a Barranco Seco no se podía ir con playeras blancas, o volvían marrones

Hoy, eso ya es pasado y quienes acuden al Barranco Seco de siempre se encontrarán con unas instalaciones de primer nivel, donde se han cuidado los detalles, en el que impera la arquitectura moderna y sostenible, con variedad de soluciones para hacer cómodo y confortable la estancia de quienes acudan cada día a la nueva fábrica amarilla, esa donde siempre se seguirán forjando, a fuego lento, entrenamiento a entrenamiento el sueño de vestir de amarillo, y también de ver como el primer equipo pelea por estar en la mejor liga del mundo.

Cuando a Barranco Seco no se podía ir con playeras blancas, o volvían marrones
¡Quién lo ha visto y quién lo ve!

El Maestro Germán Dévora observa las evoluciones de un grupo de jugadores desde el campo de arriba. Transcurría la temporada 97-98 en una instalación en la que los problemas de resiembra de la hierba era constante y se hablaba mucho de su incidencia en las lesiones de los profesionales, si bien los canteranos como Gustavo Castilla o Pachi Castellano, seguían su camino hacia el primer equipo pisando la tierra firme que a veces, solo a veces, se convertía en barro. Inolvidable Barranco Seco.