Colmillos afilados en el Tartiere

06/04/2019

La UD aspira a mantener su perfil agresivo lejos de casa, el que le llevó a ganar en Riazor y rozar el triunfo en Granada, en la visita al Oviedo, un compromiso ya con aires trascendentales para sus reducidas opciones de pelear la sexta posición

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En el drama que ahora se vive en la UD, a nada de descabalgarse irremediablemente del ascenso, cualquier partido ya cobra aires trascendentales. Un tremendismo que se ha ganado a pulso el equipo, en el alambre absoluto, con los peores presagios posibles dadas las diferencias en la tabla, casi inabarcables a estas alturas del calendario. Ni el colmillo que le ha dado Pepe Mel a la versión visitante de Las Palmas, triunfo en Riazor y 0-1 hasta el minuto 90 en Granada que no facturó tres puntos por un gol encajado sobre la bocina, alcanza, de momento, para coger carril. Porque todo lo ganado fuera se ha desparramado en casa, con los clamorosos fracasos ante Mallorca y Elche. Así es imposible, convienen todos. El problema viene por la falta de soluciones. Mel, como ya hicieran Jiménez o Herrera, rota jugadores, hace probaturas de norte a sur, no termina de explicarse tanta calamidad. Pero, a diferencia de sus antecesores, el tiempo le devora. Hoy, como una, dos o tres semanas atrás, la escapatoria está en ganar. No valen actuaciones meritorias ni resultados decentes. Para añadirle picante a todo, aguarda un Oviedo en crecida, con las opciones intactas de colarse entre los mejores y pelear el salto a Primera. Mal negocio estos partidos de lija, llenos de riesgos, imprevisibles. Claro que si a algo se ha habituado esta UD es a tardes como la de hoy, moneda al aire, con el corazón en la boca y la vida en juego.

Así se presenta la faena en el Carlos Tartiere, donde los anfitriones únicamente han perdido dos veces en este curso y ofrecen argumentos fiables siempre ante su gente. Un aviso de que no abundarán las cortesías. A la UD le aguarda batalla, eso nadie lo cuestiona. La duda está en la versión que ofrecerá en esta ocasión, sabiéndose en el centro de la diana, con la obligación de arriesgar y exponer, prohibido el retrovisor.

Anquela, como Mel, no negocia con su libreto y los tres centrales ya son parte identitaria de su modelo. Entiende que todo empieza por fortificar el área propia aunque pueda perder músculo arriba. Así, dispone de marcadores bien dispuestos, con doble pivote posicional y carrileros largos para compensar la asimetría en el ataque. O lo que viene a ser lo mismo, si la UD quiere encontrar vías de agua, bien hará en hacerlo desde la pelota raseada, combinaciones rápidas y movilidad en el frente ofensivo. Porque a centros divididos, pelotazos en largo y demás recursos groseros la ventaja será para el rival. La importancia de Galarreta y su juego de toque e irrupción puede tener un valor infinito en encuentros de este corte. Y el recurso de Momo, que envejece como el buen vino, también figura en la lista de Mel, que lo considera con poso y pie para hacer daño por dentro y por fuera.

Sin pistas de la fachada de esta tarde, parece previsible un centro del campo más armador, ya que el oponente, en teoría, concederá metros, y dos extremos abiertos, que puedan dibujar diagonales y con quiebro de amenaza añadida. Debe decidir Mel, que tiene para elegir y más tras el derrumbe del pasado domingo ante el Elche. Funcionaron entonces pocas cosas, lo que abre la veda a aire fresco o, al menos, una apuesta rupturista. Quedaron señalados muchos en ese partido de tan pésimo recuerdo y con aquella primera mitad «de psiquiátrico». Maikel Mesa, sin ir más lejos, lo verá por la tele. Y llega la hora de comprobar si se aplican más medidas correctoras. Tampoco hay mucho que perder dado el escenario actual, con el destino de la UD casi empeñado. Con todo, Oviedo, como ya lo fue Riazor, esconde el premio doble con el refuerzo anímico que tendría un triunfo. Lo mismo esta noche se ven las cosas de otra manera si, huelga decirlo, hay tres puntos más en la despensa.

Así se cocina un partido antaño grande y que hoy, pese a la categoría que lo acoge, sigue teniendo buena fragancia y despierta nostalgias de lo que fue. La realidad impide más evocaciones e invita a afilar los colmillos para aplicarse en la faena. Está cara la sexta posición. Para muchos orma parte de una utopía casi ingenua con la que está cayendo. Pero Mel no se rinde y tampoco permitirá que lo hagan los que salten al césped del Tartiere. Además de querer luchar hay que parecerlo. Correr, sudar y meter la pierna. Hay partido.