Araujo celebra su gol en Mallorca, donde la UD ganó hace ya dos meses.

La UD, ante su síndrome oscuro: el de visitante

Con una única victoria fuera de casa en Liga, comparece el sábado en Fuenlabrada en pleno bache, luego de sumar 4 de los últimos 18 puntos

IGNACIO S. ACEDO Las Palmas de Gran Canaria

La UD se enfrenta a su peor síndrome ahora que está obligada a levantarse y le toca, caprichos del destino, jugar como visitante, condición en la que acostumbra a no ganar. En esta campaña solo ha sido capaz de imponerse una vez lejos del Gran Canaria (Mallorca) y el curso pasado tuvo una frecuencia más amplia aunque, en su balance final, también deficitaria (cinco victorias en veintitún desplazamientos).

Pese a que con la pandemia ha quedado anulado el factor ambiental, con las gradas de los estadios vacías, Las Palmas no ha terminado de aprovechar esta circunstancia. Y habiendo cedido quince puntos como local, clasificados en tres derrotas y otros tantos empates, su saldo positivo fuera no alcanza a tapar esta sangría, lo que enfatiza todavía más su debilidad con la piel de foráneo.

Pepe Mel, un poco harto ya de coartadas cada vez que toda coger el avión, lanzó una advertencia en la víspera de la última salida, que trajo el naufragio ante el Castellón (4-0), por entonces colista de la categoría: «La excusa de los viajes no vale, ya no son expediciones de tres días. Antes perdías la calidad del entrenamiento. Ahora vamos en chárter. Almorzamos allí, nos echamos la siesta y jugamos. Si perdemos, es culpa del entrenador y futbolistas. No hay más». De poco valía la arenga del técnico porque, horas después, pasó lo que pasó en Castalia.

El rival es el peor de Segunda como local, desde septiembre sin triunfos en el Fernando Torres

Ahora asoma en el horizonte un Fuenlabrada que no gana como local desde septiembre, que ya es decir. El desmoronamiento del conjunto madrileño en su campo, el Fernando Torres, no tiene comparación en la categoría, porque el saqueo en los últimos cinco meses y medio ha sido colosal: diez empates y dos derrotas para sumar los 26 puntos que han volado de la periferia de la capital de España.

Nada garantiza la endeblez del equipo ahora dirigido por José Luis Oltra en su territorio, pero los datos están ahí y, sobre el papel, dibujan un terreno accesible. Porque, tras doblar la rodilla el Albacete (1-0) en la tercera jornada, todos los rivales del Fuenlabrada allí han sacado tajada. Y ya han pasado hasta doce diferentes.

Ni el propio Mel ni los jugadores encuentran una lógica a la mala travesía fuera. Errores arbitrales y bajas sensibles al margen, condicionantes que en muchas ocasiones han resultado capitales, todos admiten que hay capacidad para mucho más.

Doblegar al Mallorca en su feudo y además con mayor suficiencia de la que reflejó el 0-1 final acredita los poderes de esta UD, capaz de derribar todos los pronósticos para bien... Y también para mal si se hace una retrospectiva a sus últimas salidas, humillada en Castellón (4-0), con severos errores de concentración en Almería (3-1) y sin nervio en Miranda de Ebro (2-0).

Que se puedan juntar por primera vez en el campo Araujo, Jesé y Pejiño (Rober acelera para volver aunque está por ver), así como las buenas sensaciones con las que se finalizó el choque del pasado sábado ante el Rayo, reaccionando un gol en contra con argumentos y determinación competitiva alimenta los buenos augurios para este compromiso, de obligaciones ineludibles para la mala racha que se lleva a cuestas (cuatro puntos de los últimos dieciocho posibles).

Pero los antecedentes son los que son y ponen sobre aviso y obligan a encarar este pulso desde la intensidad, el orden y la ambición. La UD ya ha quedado demasiada expuesta y lastimada cada vez que se ha saltado alguno de esos parámetros y esa lección debe servir para lo que viene pasado mañana y en franja inusual (15.00 horas).