La tenista Naomi Osaka, en las instalaciones de Flushing Meadows. / Efe

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Nueva York, la ciudad vampira

El US Open arranca este lunes en su edición más extraña, sin público y con la higiene y la responsabilidad como bandera

ENRIC GARDINER Madrid

Parafraseando al cantante asturiano Nacho Vegas en su canción 'Ciudad Vampira', Nueva York y, en concreto, el complejo de Flushing Meadows, es «la ciudad más triste que jamás una mente triste pudo imaginar».

Las impresionantes instalaciones del Abierto de los Estados Unidos, uno de los torneos más sobrecogedores del circuito, permanecen estos días prácticamente vacías. Solo los tenistas, sus entrenadores y fisioterapeutas y los trabajadores del recinto deambulan por unas calles que en otros tiempos estarían a rebosar.

Xavier Budó es uno de los pocos afortunados que este año tiene acceso al US Open. Es el entrenador de Paula Badosa, número 94 del mundo, y atiende a este periódico por teléfono desde Nueva York.

«La atmósfera del torneo este año es totalmente distinta. Todo el mundo viene con uno o dos acompañantes como máximo. En las zonas de restaurante o en las de descanso antes había mucho movimiento de gente y ahora es mucho más tranquilo y reducido. Si a esto le añades que se acaba de jugar el torneo de Cincinnati sin público... Es una atmósfera muy tranquila, muy ordenada, con todo el mundo muy concienciado y responsable«, explica el técnico.

Un test al llegar

Por primera vez, los tenistas han tenido que dejar de lado los hoteles de Manhattan, una de las zonas de más contagio de la ciudad, y se han distribuido en dos hoteles, Long Island Marriott y el Garden City, ambos a 45 minutos del torneo. «Es un hotel burbuja porque alrededor no hay nada y estamos alejados de todo», apunta.

Solo hay unas pocas excepciones a este hotel. Los cabezas de serie, entre los que se encuentran los españoles Garbiñe Muguruza, Pablo Carreño y Roberto Bautista, pueden hospedarse en las suites de la pista principal, la Arthur Ashe, con inmejorables vistas a lo que sucede en la cancha. Otra excepción es la de Serena Williams, quien rechazó ambas opciones por sus problemas respiratorios y el miedo a un posible contagio. La estadounidense ha podido alquilar una casa.

« Las normativas de seguridad están muy bien. Cuando llegas al torneo lo primero que te hacen es el test de la Covid-19. Después estás 24 horas confinado sin poder moverte fuera, ni ir al club a acreditarte ni nada, hasta que sale el negativo. Luego te hacen test cada 48 horas para asegurarse de que estás bien«, aseguró Budó.

Desde los hoteles salen autobuses (a la mitad de su capacidad) cada 15 minutos y los tenistas solo están autorizados a estar en Flushing Meadows, ya sea entrenando o compitiendo, o en el hotel.

«No puedes ir ni a una cafetería que está a 300 metros»

Para liquidar las horas muertas, la organización ha montado una serie de zonas de entretenimiento. «Hay una zona de recuperación física, otra de juegos, donde hay ping-pong, baloncesto, un simulador de golf... Han intentado que en el hotel haya mucha vida ya que vamos a pasar muchas horas ahí».

En cuanto a las medidas de higiene, su pupila, Badosa, fue muy crítica con lo vivido en el torneo de Palermo, el primero tras el parón, donde la supuesta burbuja no fue más que una pantomima.

« Aquí lo desinfectan absolutamente todo, desde la zona de restaurante, hasta la zona de descanso, los autobuses cada vez que se utilizan...«, cuenta Budó.

« Del 1 al 10 les pondría un 10. Es excelente. La cantidad de personas que hay pendientes de cada detalle es increíble. Si hay un solo segundo que se te olvida ponerte la mascarilla te viene alguien por detrás y te lo recuerda. Son muy estrictos«, puntualiza.

Badosa buscará este lunes su primera victoria en el US Open ante la rusa Varvara Gracheva, número 102 del mundo. Lo hará en un torneo diferente a otros años y que ha necesitado de mucho esfuerzo y sacrificios para salir adelante. Se disputará en una Nueva York diferente, se disputará en la ciudad vampira.