Melquiades Rodríguez, poco antes de conceder la entrevista en la que repasó sus vivencias y recuerdos en los terreros. / P. REYES

Desde Tenerife, el gran Melquiades

El recordado luchador, que dejó huella en su etapa en el Gáldar, hace retrospectiva de su carrera y opina, también, de los nuevos tiempos

PEDRO REYES Santa Cruz de Tenerife.

El bar de Claudio en Barranco Grande, fue el lugar elegido para la pausa del bocadillo que permitió, conseguir del gran exluchador tinerfeño, Melquiades Rodríguez, unos minutos de su trabajo en Emmasa, para que contara su vida luchística en Gran Canaria y sus impresiones sobre la lucha canaria y la evolución que lleva en la actualidad.

Con puntualidad prusiana, el bueno de Melquiades Rodríguez relataba sus inicios: «Empecé al luchar con 13 años. Muy joven la vi, me gustó y me quedé. Fue en Fasnia, en el Brisas del Teide. Después de allí pase al Victoria tres temporadas y más tarde al Santa Cruz, nueve o diez de años. Posteriormente iniciaba mi etapa en Gran Canaria firmando por el Gáldar, Maspalomas y Tinamar, regresando a Tenerife, a Valle Guerra y al Santa Cruz nuevamente. Empecé en segunda y juveniles en La Victoria y después ya comienzo las agarradas en preferente, con el Parri II. Fue una época dorada, preciosa. Entrenaba con esa ilusión que llegara el domingo, cuando veía los campos llenos, la plaza de toros llena. Era algo fuera de lo normal, las picaditas del estómago. Fue una época fenomenal que no sé si volverá».

Su rivalidad con el Parri II llenaba los terreros. «El Parri y yo somos buenos amigos y antes también. Lo cortés no quita lo valiente. Fue con el puntal contra el que más finales he luchado y nunca hubo malos modos ni una mala palabra. Es una persona muy correcta un buen deportista que sabe estar. Sus puntos débiles eran pocos, tenía que analizarlo mucho. Si le ganaba era por algún fallito, pero tenía pocos y por eso tenía que aprovecharlos si se producía. Era un gran luchador. Completos no hay ninguno, todos tenemos nuestros puntos flacos».

Un ciclo entrañable

Su etapa en Gran Canaria la recuerda con cariño. «Llegué a una competición muy fuerte, con Tonono, Pedro Cano, Loreto, Emilín, Callejón, la flor y nata de la lucha. Quedamos subcampeones con el Gáldar en una liga muy reñida, muy bonita», detalla.

La dificultad de la liga grancanaria le daba mayor sabor a las victorias: «En Gran Canaria todos los puntales de esa época eran muy complicados. Por su forma de luchar, Loreto al hacerlo a lo zurdo, era muy ágil, muy rápido y me dio muchos problemas. Fue además del Parri II, con el que más problemas tuve, pero es que todos te lo ponían difícil. El Callejón era un guanche, Emilín se agarraba a un clavo ardiendo, Pedro Cano era muy poderoso... Incluso no siendo puntales, siempre había luchadores que te buscaban las cosquillas y te lo ponían muy complicado. Sin calificar, había muchísimos luchadores que, si no tenías cuidado, te podían vencer, por ejemplo, Emilín chico, Javi Monzón, Pedro López del Roque Nublo, Manolín Alemán. Te buscaban las vueltas, estaban todos muy bien preparados. Todos querían ganar, la lucha estaba bien, pero solo puede ganar uno».

Uno de los problemas del vernáculo deporte lo tiene muy claro y, desde su opinión autorizada, así lo expone: «La lucha canaria tiene cosas que tiene que arreglar, al margen de la pandemia. Un hombre que tiene 18 o 19 años no puede estar en Segunda o en Tercera. Como dicen los argentinos, quien no juega con 19 años en Primera División, no vale. Esa gente tiene que luchar arriba. Hay luchadores que tienen que luchar en Segunda o en Tercera para que haya equipo en barrios o en pueblos pequeños y lo entiendo perfectamente. Creo que con esas edades si no estás en Primera, es tiempo perdido».

Con el tema de las separadas no quiso hacer sangre: «Por desgracia, en los últimos años hay bastantes separadas, pero solo puede ganar uno. Todos quieren estar primeros y es el eterno problema, aunque pienso que se ha corregido un poco pues hay mucha gente que lucha al ataque. Mientras tengan la mentalidad que 'un punto es un punto', es difícil que se cambie. En todos los deportes el ataque es bonito y las separadas no le dan mucha vistosidad a la lucha».

Si fuera presidente de la federación, Melquiades tiene claro lo que modificaría en beneficio de su deporte: «Una de las cosas es que la gente que despunta, que tiene un cartel, no puede estar en categorías inferiores que solo son para los que empiezan o un veterano que va de vuelta. Si el luchador veterano está para ayudar a un barrio o un equipo, lo puedo entender, pero el resto tienen que ir todos para arriba».

Otro de los problemas de la lucha actual, lo analiza con crudeza: «Los luchadores actuales han de hacer más pantalón, más parte técnica y no tanto gimnasio. La lucha, igual que otros deportes, es arte y el arte hay que practicarlo. El luchador debe tener un ramillete de mañas para poder finalizar una agarrada y si el contrario no lo puedes tumbar de una manera, que tenga recursos técnicos para poder hacerlo por otra. La parte técnica hay que trabajarla más. En el futbol, no el que más corre es mejor. Un toque por dentro, toque pa, tras, son mañas que se deben dominar. Hay que acotar los cauces para vencer al contrario y creo que la parte técnica hoy día se trabaja poco el pantalón».

La técnica, ese gran tesoro

Melquiades seguía insistiendo en la importancia de la técnica: «Es malo que los luchadores dominen unas pocas mañas e incluso las defensas, que no sabe defenderse. Hay que ser cauto y listo porque si no, te tiran pronto a la arena desde que te ataquen».

«La preparación física está muy bien, pero si llego y no sé hacer un toque pa tras, no sé hacer una atravesada, no sé defenderme si me cogen el muslo, no puedo progresar. Todo esto hay que entrenarlo constantemente», pondera.

El tema de la base le preocupa mucho y no lo disimula: «Con la pandemia hemos perdido lo poco que teníamos de cantera, aunque se estaba trabajando en los últimos años bastante bien. Hay que empezar por los colegios, esa es la base. Ponerle guaguas para llevarlos a los terreros para ver si logramos recuperarlos. Hay que empezar de nuevo. A los niños que le gusta la lucha, van a los terreros sin obligarlos. Hace falta salir de esto y empezar de nuevo, que el niño lo vea y que le guste».

Sus instantes más alegres y más complicados los tiene muy presentes a la hora de hacer retrospectiva: «Cuando estaba llegando las finales de los campeonatos, cuando ves reflejado el trabajo de lo que has entrenado, eran instantes alegres. Triste fue la lesión grave que padecí, la rotura de peroné que me tuvo seis meses escayolado. Gracias a la constancia, la insistencia, las ganas de volver, me pude recuperar. Hay que tener mucho orgullo y ser duro de cabeza porque si no, no lo consigues y no vuelves a la lucha».

El gran puntal tinerfeño finalizaba con un consejo a los que comienzan en los terreros: «Les aconsejo que entrenen duro, que es un deporte nuestro, bonito, que es de los canarios, que me gustaba con locura. Cuando saltaba al terrero y había entrenado como mandan los cánones, me veía preparado para tirar a cualquiera y eso es lo más bonito que hay, que tienes fuerza y motivos para solucionar un problema que se te presenta sobre la marcha porque una luchada fácil no hay nunca, no puedes esperar eso».