Raíces de una seña de identidad

El historiador José Roque Falcón desgrana los antecedentes de la lucha desde su surgimiento y hasta su consolidación entre los siglos XIX y XX

PEDRO REYES Las Palmas de Gran Canaria

El historiador José Roque Falcón, uno de los investigadores que más ha indagado sobre el deporte vernáculo en los siglos XIX y principio del XX, ha tratado de sintetizar qué caracterizaba a la lucha canaria en dicha época. En su artículo, desmenuza cómo era el vernáculo deporte en la parte final del siglo XIX y en lo que se convirtió con la llegada del dinero, pasando de ser una actividad tradicional y lúdica, de las fiestas especialmente, a un negocio con pingües beneficios, en el que también intervinieron algunos luchadores, que, junto con empresarios, vieron una manera de enriquecerse con un espectáculo que atraía a la afición.

En la actualidad hay una mezcla de ambas situaciones. En el ultimo cuarto del siglo XXI, con la televisión y de los grandes patrocinadores, los mejores luchadores cobraban varios millones de pesetas por una ficha. Hoy en día, la crisis en todos los aspectos por la que atraviesa ha llevado a que ahora sean fichas más modestas las compensaciones que reciben los luchadores.

José Roque Falcón desgrana con crudeza una parte de la lucha canaria que no siempre se ha querido ver, pero que forma parte de su historia.

La revista 'Canarias Turista' de 1912, uno de cuyos ejemplares está en manos del tinerfeño Dámaso Rodríguez, ofreció un número integro dedicado a la lucha canaria, con fotografías de algunas mañas y de los principales luchadores que competían en Gran Canaria. Aunque fueron fotos realizadas en un estudio, es el mejor documento gráfico existente.

Sin lugar a dudas, la Lucha Canaria, elevada a deporte, es de todos los juegos tradicionales con el que más se sienten identificados los canarios. Resulta un factor de identidad propio, un referente social que nos distingue y que va más allá de la práctica meramente deportiva.

Podemos decir que, hasta el tercer cuarto del siglo XIX, el sistema de Lucha Canaria que conocemos en la actualidad, con ciertas variantes de agarre según zonas e islas, se practicaba de una forma espontánea por la pollería. Los enfrentamientos se desarrollaban en los pueblos, unos contra otros o entre los diferentes pueblos, tomando generalmente la pila bautismal como nexo de unión de cada uno. Estas pilas de luchadores se enfrentaban en sus ratos de ocio y habitualmente con motivo de las fiestas o tras la realización de sus diversas ocupaciones laborales con el fin de medir sus fuerzas y ganar para su pueblo la supremacía luchística.

No podemos hablar de competiciones, ni de equipos, ni tan siquiera de deportistas. Es cierto que con la práctica de la Lucha Canaria los luchadores de aquella época realizaban un ejercicio físico, pero no eran conscientes de que la realización de tal actividad significara practicar deporte alguno. La Lucha Canaria era un juego tradicional, una práctica lúdico-agonal, que generalmente se practicaba por diversión y sólo se manifiesta con fines competitivos en contadas ocasiones, tanto de forma individual, a través de desafíos, como colectiva por pilas o bandos.

Es a fines del siglo XIX, con la llegada de la Segunda Revolución Industrial y la preocupación burguesa por su estado físico, cuando nace el deporte tal y como lo entendemos hoy en día, siendo los ingleses los primeros en atribuirle cierta importancia social. Y siendo la colonia inglesa en Canarias muy numerosa a fines del siglo XIX, comienzan a introducir en los muelles, hoteles y lugares de descanso, la práctica de juegos, hoy deportes, hasta entonces desconocidos por los canarios. Así, el fútbol, el tenis o el golf hicieron su aparición en las islas, aunque, por sorprendente, que parezca en nuestros días, ninguno de ellos logró eclipsar o usurpar la hegemonía de la Lucha Canaria hasta bien entrado el siglo XX, comenzando a denominarse en la prensa del momento a la Lucha Canaria como el 'sport canario'.

No obstante, este 'sport canario' de fines del siglo XIX y principios del siglo XX difería de la práctica lúdico-agonal por divertimento que hasta entonces se había desarrollado en las islas. Y ello es así porque a partir de fines del siglo XIX adquiere la categoría de espectáculo de pago, trasladándose su práctica de los espacios abiertos y públicos, como una era una plaza pública, a los Teatro-Circo de las diferentes ciudades y pueblos de las islas. Así, circos como el Cuyás de Las Palmas de Gran Canaria, el Viana de La Laguna o el Teatro-Circo de Arucas, albergaron en esta época grandes temporadas de luchas con un carácter eminentemente empresarial. Lugares donde, previo paso por taquilla, se desarrollaban espectaculares luchadas que eran anunciadas a bombo y platillo por la prensa de la época con el fin de llenar el aforo.

Adiós al espíritu lúdico

No me cabe la menor duda que en este periodo la Lucha Canaria perdió su inocencia, dejándose llevar por el sentimiento capitalista que desde entonces ha movido casi todas nuestras relaciones sociales, pasando de ser una manifestación lúdico-agonal, con marcados valores tradicionales, a un espectáculo de pago, por el que los luchadores, algunos convertidos en empresas, cobraban por sus actuaciones para el deleite de unos aficionados ávidos de fuertes sensaciones, pudiendo afirmar que en Canarias fue la Lucha Canaria la pionera de los deportes espectáculo actuales, pero sin llegar a consolidarse verdaderamente como tal deporte, porque no se le dio importancia al ejercicio físico en sí, es decir, sólo como medio para mantener una vida saludable, sino adquirió un marcado carácter de negocio crematístico, controlado por los luchadores y empresas del momento.

La importancia social y mediática de la Lucha Canaria era impresionante y recuerdo que en una entrevista realizada a don José Araña, Pollo de Arucas, contó que su padre le reñía si llegaba a su casa con los pantalones rotos o sucios por jugar al fútbol, temiendo incluso se fuera a enfermar del pulmón, y sin embargo, lo animaba a practicar la Lucha Canaria.

Y es que en esta etapa, eminentemente mercantilista, la prensa elevó a la figura del luchador canario hasta el nivel de los famosos deportistas actuales. Incluso, en 1912, la revista 'Canarias Turista' dedicó todo un número especial a este deporte y en el mismo salieron, como en un álbum de cromos de fútbol actual, todos los ases de la Lucha Canaria.

Algunos, incluso, aprovecharon su fama para cruzar el Atlántico y llenar circos en América Latina, demostrando que eran invencibles en la lucha, casos de Mandarria, Juan Castro o Ramón Méndez de El Hierro que, convertidos en luchadores-empresa se arriesgaron, como, cualquier empresa artística de la época, a cruzar el charco para deleitar al público americano.

Pero la Lucha Canaria se vio sometida mucho tiempo al interés especulativo de luchadores y de empresas constituidas con el fin de explotarla como espectáculo público, provocando que, a la finalización de la temporada de varias luchas programadas y desaparecido el interés empresarial por la misma, quedara casi en el olvido, teniendo que ponerse en marcha para cada temporada toda una campaña propagandística con el fin de conseguir nuevamente el interés del público al no existir federación, ni equipos federados, ni competiciones regulares.

Frente al fútbol, tenis, golf u otros deportes de los denominados hoy en día como universales, la Lucha Canaria era el 'sport canario', pero mientras esos crecieron en número de practicantes y en organización, constituyéndose verdaderamente en deportes, la Lucha Canaria no adquirió la organización necesaria, viviendo a rachas y continuamente preocupados por la desaparición de su práctica, hecho éste que parece que no ha cambiado mucho desde entonces.

Es cierto que hubo intentos por organizarla en las primeras décadas del siglo XX, pero cuando se acababan los contratos de los luchadores para las temporadas de luchas, concluía el interés por la Lucha Canaria. También en los años veinte hubo algún intento por someterla a reglamentación en torno a sociedades previamente constituidas, que hacían publicidad de sus fines amateurs, pero la publicidad era una cosa y la realidad otra, puesto que, dichas sociedades acababan también siendo contratadas y después de acabadas las luchadas y cobradas las entradas, llegaban las mismas a su fin. A lo largo de todo este periodo y hasta el fin de la Guerra Civil resultó muy difícil fomentar o promocionar la Lucha Canaria como deporte organizado y es sólo tras la Guerra Civil cuando el gobierno centralista de Franco pone todo su empeño en organizar una actividad que hasta ese momento se había mantenido al margen de reglamentación y control alguno. Así, a mediados de la década de los años 40, comenzó a institucionalizarse dentro de un proceso que tardó muchos años en fraguar dada la resistencia a los cambios organizativos.