Pepe Moriana y Víctor García compartieron reflexiones de pasado, presente y futuro en el entorno que mejor les caracteriza: en una pista de baloncesto. / COBER SERVICIOS AUDIOVISUALES COBER SERVICIOS AUDIOVISUALES

Pepe Moriana: «Veo en Víctor García la continuidad del espíritu del club»

El fundador del Gran Canaria resalta la autenticidad y sentimiento de pertenencia del técnico galardonado con el premio que lleva su nombre

IGNACIO S. ACEDO Las Palmas de Gran Canaria

Baloncesto en grado superlativo, devoción por la canasta y respeto reverencial por todo lo que emana de un deporte del que han hecho su modo de vida. Es lo que trae juntar a Víctor García, entrenador-ayudante del Gran Canaria, con Pepe Moriana, alfa y omega del club y que apadrina el premio que recibirá el técnico el próximo miércoles, en los prolegómenos del partido ante la Virtus de Bolonia, en reconocimiento a su trayectoria profesional. Hay, además, un aprecio mutuo, también «admiración a un maestro», como se refiere Víctor a Moriana, al que considera «un referente». Miradas cómplices y el histórico fundador le cubre de elogios: «Lo conozco desde pequeño, desde que le pusieron un balón en las manos». Y en esa retrospectiva, a modo de reflexiones compartidas con motivo de la entrega de esta distinción, arrancan dos sabios un diálogo de los que sientan cátedra.

« Veo en Víctor la continuidad de un espíritu. Ese espíritu nace en el año 63, después se recupera en el 76 y se implementa con todo lo que surge cuando se inaugura el colegio de Tamaraceite. A partir de ahí hay una revolución de compromiso y fidelidad con la tierra. De esa generosidad y entrega aparece el gesto de entregar el nombre del equipo a la isla, cambiando la denominación original. Un detalle de ida y vuelta por el orgullo de que Gran Canaria tenga este equipo. Si mantenemos esta autenticidad, este club será eterno como la UD, porque es un inventario glorioso de sentimientos de un montón de gente, muchos de los cuales ya no están», asegura Moriana

Víctor asiente y argumenta: « Es el único club en el que he estado y esto supone reconocer lo que es el legado de Pepe Moriana. Ahora el club tiene una consolidación, un crecimiento. Pero hay que irse años atrás, cuando se pasó de jugar en Tamaraceite al Centro Insular y ahora al Gran Canaria Arena. Desde tener la oficina en Pío XII, luego a la Vega de San José y disfrutar, en estos momentos, de las instalaciones que tiene la entidad. En esos tiempos era todo muy difícil. Yo también estudié en el Claret, de los 3 a los 18 años. Y ese sentimiento de pertenencia que tengo, por la relación indisoluble del colegio y el club, convierten este premio para mí en un orgullo y una alegría».

El valor de la vocación cobra aquí la dimensión justa y necesaria: «Me considero un afortunado de poder vivir de lo que es mi pasión -continúa el ahora auxiliar de Porfi Fisac-. Mucha gente no encuentra su sitio. Y en mí, cuando me pusieron un balón en la mano de pequeño, ya se convirtió en pasión, Jugar, entrenar cada día... Cuando dejé de jugar me llenaba ser entrenador y lo importante era disfrutar del camino. Para mí es muy importante que a los jugadores y técnicos que llegan que se les explique el significado de este club y lo que importa en la isla. Lo que ha costado estar donde estamos. De ser un equipo amateur que subió a Primera, bajó y, con mucho esfuerzo volvió a subir, y luego con toda la continuidad y avances para estar donde estamos. Llevo doce temporadas consecutivas en el primer equipo y los momentos buenos sobrepasan de manera considerable a los malos. Aunque los malos también nos han ayudado a ser mejores. Hemos ido derribando listones, meternos en playoffs, en finales, ganar una Supercopa... Ha sido un proceso evolutivo imparable. Yo soy entrenador ayudante y tengo muy clara mi función».

Moriana pone en valor el perfil de la figura que ahora se homenajea con el premio que lleva su nombre: «No me gusta decir progresando, me gusta decir cimentando y madurando. No hay que agradecer a nadie, ni siquiera a Scariolo, que a Víctor se le haya proyectado profesionalmente en la selección. Porque sabíamos lo que vale, lo que tiene en la cabeza, lo que ama el baloncesto y la esponja que era cada vez que acudía a un clinic para absorber conocimientos. El entrenador de baloncesto es algo más que un jugador, viene del espíritu de James Naismith, que fue el inventor del baloncesto. Y viene de una filosofía estoica impregnada en la formación de la juventud. Y eso Víctor lo ha vivido y lo sabe. A veces vemos entrenadores que no irradian ilusión ni saben transmitir el punto pedagógico de este deporte. No es, ni mucho menos, el caso de Víctor».

Se dieron un abrazo al saludarse y otro cuando tocó despedida. Empatía manifiesta la de estos dos apasionados del baloncesto y de contribución sustancial a su desarrollo en Gran Canaria y en el Gran Canaria.