Víctor García -en el centro de la imagen-, con Tomás Bellas a la izquierda e Israel González a la derecha, celebra la victoria contra el Madrid en el curso 2010-2011, su primero en ACB. / CBGC

Pepe Moriana y CANARIAS7 reconocen el camino de Víctor García en el Granca

El premio que lleva el nombre del fundador de la entidad claretiana en 1963 recae en el técnico grancanario para resaltar una trayectoria de fidelidad y compromiso

ÓLIVER SUÁREZ ARMAS Las Palmas de Gran Canaria.

Del patio del colegio Claret a la selección española absoluta. Una vida entregada al baloncesto y marcada por el amor incondicional al Club Baloncesto Gran Canaria. Víctor Jesús García Guadarrama (Las Palmas de Gran Canaria, 6 de febrero de 1980) simboliza los valores, la pasión y el crecimiento de un club amarillo que mamó desde que tenía nueve años hasta tocar el cielo de la élite nacional e internacional. Paso a paso, disfrutando y forjándose en todas las categorías de formación hasta consolidarse como una pieza capital en el cuerpo técnico del primer equipo.

El premio CANARIAS7-Pepe Moriana, que lleva el nombre del fundador del CB Gran Canaria en 1963, valora en su novena edición la trayectoria del entrenador isleño. Lo hace por transmitir el sentimiento de este deporte durante 32 años y por ser un ejemplo perfecto para los niños y niñas que se adentran con el deseo de alcanzar sus sueños. Jugador y entrenador para todo y para todos en constante formación, y que este periódico pretende poner en valor con un galardón que ya poseen Spencer Nelson, Tomás Bellas, Edy Tavares, Albert Oliver, Kyle Kuric, Eulis Báez, Xavi Rabaseda y, de forma honorífica el pasado año, el histórico CB SPAR Gran Canaria.

Víctor García tenía nueve años cuando empezó a botar un balón de baloncesto. Quizás lo hacía con anterioridad, pero fue en ese momento cuando se sumergió en el Claret, donde practicó, jugó y aprendió hasta finalizar la etapa júnior. Todos los que seguían sus pasos veían que era de esos jugadores que ya ejercían como entrenador. Tenía esa cualidad innata y, como no podía ser de otra manera, pasó al banquillo cuando decidió cambiar su rumbo con 18 años.

Ejerció en todas las categorías de formación de un Granca en el que también fue responsable de la cantera durante tres ejercicios, entrenando desde minibasket hasta la Liga EBA. Muchos años y muchas vivencias, pero hay una que luce en las paredes del pabellón Vega de San José: el título en el prestigioso torneo júnior de la Euroliga en Roma. Hizo historia junto a su inseparable Cristo Guerra en 2008 en un equipo con Óscar Alvarado, Ale López, Milan Jaros, Samu Domínguez, Christian Díaz, Fabio Santana, Jonay Cazorla, Jesús López, Rafa Rodríguez, Bakary Konate o David Delgado. Y es que hay momentos que perdurarán para siempre. La importancia de disfrutar del proceso de formación y del camino.

2010, el año de promoción

Dos años después, con apenas 30 años y con Himar Ojeda en la dirección deportiva y Raúl Rodríguez como responsable de cantera, tuvo la oportunidad de promocionar a la ACB como técnico asistente de Pedro Martínez, el entrenador que más le marcó por su forma de entrenar y con el que más temporadas coincidió en la entidad insular. Un club en el que durante sus 12 campañas -más de 500 encuentros- seguidas como ayudante trabajó también con Salva Maldonado, Aíto García Reneses, Luis Casimiro, Fotis Katsikaris y Porfi Fisac, aportando todo lo que requiere su jefe y su conocimiento en scouting.

Un periplo en el que vivió los logros de conquistar la Supercopa Endesa en Vitoria en 2016, de disfrutar una final de la EuroCup en 2015, de estar a un paso de tumbar al Real Madrid en la final de la Copa del Rey en 2016 en A Coruña, de acariciar otra Supercopa ante el Valencia en el Gran Canaria Arena en 2017 o de conseguir la clasificación para la Euroliga por primera vez para el Granca en la Fonteta en 2018. Precisamente, una competición continental en la que obtuvo su primer triunfo como entrenador jefe del equipo de su tierra tras suplir a Salva Maldonado. Fue en la pista del Olimpia de Milán y dejó su cargo a Pedro Martínez tres meses después y justo tras ganar en la pista del Lenovo Tenerife. La oportunidad le llegó en un ejercicio complejo, pero no se arrugó.

Muchos capítulos para sonreír, para creer y crecer, para lamentarse y para identificarse con la filosofía de un club que conoce a la perfección. Exigencia y formación continua, esa que también lo lleva cada verano a la franquicia NBA de los Utah Jazz y que propició que Sergio Scariolo confiara en él para la selección absoluta. Se trajo el oro de China en 2019 con los también amarillos Xavi Rabaseda y Javier Beirán, y, dos años después tras estar en los Juegos Olímpicos de Tokio, prosigue con la confianza del seleccionador y técnico del Virtus italiano. Precisamente, el premio será entregado este miércoles, a partir de las 20.00 horas, en la visita de la pléyade de talento de la escuadra transalpina al recinto de Siete Palmas, con motivo del compromiso europeo.

Un hombre de club, de esos que solo conocieron unos colores como profesional como el mito Jim Moran hizo durante una década en la isla. Un entrenador con mayúsculas, de esos de trabajo diario y de los que muestran el cómo hacerlo a los profesionales y a los que se inician en el baloncesto. Querido y respetado por los aficionados y por los que forman y formaron parte de la estructura. Uno de los nuestros.