El piloto francés Fabio Quartararo. / efe

Análisis

Una competición en modo 'casting'

Quartararo domina un Mundial de MotoGP en el que muchos de sus pilotos conviven con la necesidad de lograr resultados para poder garantizarse un futuro en la categoría

BORJA GONZÁLEZ Madrid

Cada dos años, MotoGP vive una situación parecida. Son años de mercado. Pilotos y equipos suelen firmar contratos bienales, todos a la vez, lo que hace que en un momento del tiempo coincidan la mayoría de las renovaciones o cambios de cromos. Una situación que puede afectar (y afecta) al rendimiento de los competidores. 2022 es uno de esos momentos. A este curso se llegó solo con la certeza de que Marc Márquez y Brad Binder tenían el futuro resuelto. Los dos tras haber firmado la última vez por cuatro temporadas, de 2021 a 2024, ambas incluidas; y también con la seguridad de que Franco Morbidelli también tenía su 2023 listo, después de que Yamaha le confirmase.

Un cambio de paso que probablemente le genere al italiano quebraderos de cabeza dentro de unos meses, en unos mercados que cada vez se activan antes. Y el de 2022 con una variable sorpresa que lo ha revuelto todo: el adiós de Suzuki que dejó sin moto a dos pesos pesados como Joan Mir y Álex Rins, una vez que su destino no era otro que renovar con la casa japonesa. Y dejó con dos motos menos la parrilla de 2023, lo que alentó una especie de juego de las sillas, en el que todos se miran de reojo para no perder en un mal movimiento y de manera inesperada una plaza en la competición.

Antes de comenzar esta temporada, Ducati anunciaba la renovación de su número uno, Pecco Bagnaia. Otra pieza colocada. Y la espantada de Suzuki dejó sin armas para negociar al actual campeón del mundo, Fabio Quartararo, que coqueteó con esta marca pero que tuvo que terminar aceptando la propuesta de Yamaha, que ahora mismo depende por completo de su pilotaje. Uno menos en un juego con varios puntos calientes (también Aprilia confirmó a Aleix Espargaró y a Maverick Viñales a la vez que abría el 'casting' para sus dos nuevas motos satélites). Por un lado, Honda. En cualquier otro momento, la mayoría huiría de la peor moto de la parrilla.

La otrora dominadora de la categoría se mantiene desde hace muchos grandes premios en la cola de la clasificación de constructores, y en Alemania rizó el rizo del fracaso viendo cómo ninguna de sus cuatro motos puntuaba: Álex Márquez y Pol Espargaró se tuvieron que retirar, el primero por un problema técnico, el segundo por uno físico, Takaaki Nakagami terminó por los suelos y Stefan Bradl cruzó la meta decimosexto y último (algo que no ocurría desde 1982). Pero, pese a esto, se da por hecho que Mir agarrará el sitio de Espargaró como compañero de Marc Márquez, mientras que para la moto de Álex Márquez se han ofrecido muchos pilotos (la de Nakagami la gestiona Japón, que está pensando en subir a Ai Ogura desde Moto2). Por otro, KTM, otra moto que este año está siendo poco competitiva pero cuyos gestores se dedican ahora a elegir entre todas las opciones que tienen. La semana previa al fin de semana de Sachsenring confirmaron a Jack Miller como compañero de Brad Binder, mientras que el actual inquilino de esa plaza, Miguel Oliveira, aseguraba que no iba a seguir en la casa austríaca, que solo le había ofrecido una montura en su estructura satélite.

El movimiento de Miller, tercero el domingo, se debe a que ya sabía que en Ducati habían puesto en marcha una especie de duelo entre Jorge Martín y Enea Bastianini por ver quién se iba a quedar con su moto. El español comenzaba el año con ventaja, pero el italiano consiguió desplazarle con sus tres victorias en 2022. Una situación que mantiene en tensión a los dos pilotos. Un estado con el que conviven y han estado conviviendo todos esos que aún no saben qué va a ser de ellos en 2023, algo poco recomendable cuando se compite al más alto nivel. «El futuro parecía casi claro, pero ahora la sensación es que tenemos que entender dónde estaré el año que viene. A veces pensando en el futuro es difícil gestionar la presión y estar centrado al cien por cien, pero he aprendido que no puedes ponerte nervioso por cosas que no puedes controlar», confesaba Martín, como referencia de lo que pasa en estos momentos por la cabeza de muchos de los pilotos de MotoGP.