Álvaro Bautista, celebrando su título de campeón del mundo de Superbike en Talavera de la Reina. / Manu Reino (Efe)

Perfil

Álvaro Bautista, el renacido

Fue campeón del mundo en 2006, compartió la generación de oro del motociclismo español junto a Dani Pedrosa y Jorge Lorenzo, se quedó sin sitio en MotoGP y se reinventó en Superbike, donde ha vuelto a coronarse dieciséis años después

JESÚS GUTIÉRREZ MADRID

El pasado 13 de noviembre, Álvaro Bautista (21/11/1984, Talavera de la Reina) se convertía en el segundo piloto español en proclamarse campeón del mundo de Superbike. Carlos Checa ya había traspasado en 2011 la última frontera para el motociclismo nacional, que tradicionalmente siempre ha puesto el foco en MotoGP. El Mundial de toda la vida. El de los Ángel Nieto, Álex Crivillé o Marc Márquez. El mismo en el que el piloto talaverano había forjado toda su carrera entre el año 2003 y el 2018. Después de quedarse sin sitio en aquella parrilla, optó por un camino alternativo: el Mundial de Superbike, el gran desconocido salvo para los más 'cafeteros' del motociclismo.

La diferencia entre uno y otro es sencilla. Mientras que en MotoGP las motos son prototipos creados expresamente para la competición; Superbike es un campeonato de producción. Es decir, compiten motos homologadas para su comercialización y que cualquiera podría comprar en un concesionario. Aunque no hay tanta diferencia en prestaciones, siendo entre uno y dos segundos más lentas en circuitos donde compiten ambas categorías. «En España Superbike se ve un poco como la segunda división. Reconozco que yo lo sentía así antes de venir y me sorprendió», comentaba Bautista recién aterrizado en España tras la gira asiática en la que se coronó campeón. «Cuando estaba en MotoGP no lo veía como una posibilidad. Fui allí porque no me quedaba otra oportunidad, y descubrí un campeonato muy chulo. Con un ambiente distinto y más contacto con el público. Un campeonato menos imagen y más real. Como era el de MotoGP hace diez años».

Superbike siempre ha cargado con el sambenito de 'cementerio de elefantes'. Una etiqueta que le cuesta desprenderse por éxitos como el de Bautista o Checa, o el de Max Biaggi, en su día antagonista de Valentino Rossi y que se retiró en Superbike después de ganar dos títulos con 39 y 41 años. Sin embargo, se trata de ejemplos más puntuales y mediáticos que otra cosa, y es que durante tres décadas este campeonato ha forjado sus propias leyendas (Carl Fogarty, Troy Bayliss o el récordman Jonathan Rea). Una parrilla donde tradicionalmente los pilotos anglosajones han sido mayoría y que no siempre ha acogido con apego a las estrellas de MotoGP. O al menos así lo ha sentido el propio Bautista: «Yo he tenido la sensación de que como vengo del otro campeonato, a los pilotos les da más recelo que yo gane, pero no lo pienso mucho. Si les fastidia, pues lo siento», dejando claro que el talaverano está en Superbike para ganar y no para hacer amigos,

Una temporada excelsa

Álvaro Bautista iba camino de los 22 años cuando ganó el título de 125 cc en 2006. Ya habían explotado algún año antes Dani Pedrosa y Jorge Lorenzo, y juntos formaron la primera generación de oro del motociclismo español que asaltó el Mundial de MotoGP. Los tres fueron protagonistas de una foto histórica en 2012. Por primera vez tres banderas españolas ondearon en el podio de la categoría reina en el circuito de Motegi (Japón). El piloto talaverano nunca contó con las mismas armas que sus compatriotas en MotoGP y tuvo que batallar con marcas menos competitivas y motos satélites de equipos privados. «Yo creo que si hubiese tenido esa oportunidad con Honda o Ducati oficial podría haber conseguido podios e incluso victorias». Quizás todavía le quede una bala en la recámara y es que no descarta participar como piloto invitado en algún gran premio en 2023. «Lo estoy tratando con Ducati…». La sonrisa pícara le delata. Le haría una ilusión tremenda, aunque su sitio ahora está en Superbike.

Bautista es consciente de que se acerca el final de su carrera, después toda una vida encima de la moto y ya con familia formada como padre de dos niñas. Siempre soñó con volver a saborear esa sensación de ser campeón del mundo y le ha llegado a los 38 años recién cumplidos. «Cambia bastante la película porque en 2006 éramos 'pilotillos' y me vino un poco inesperado. Este título ha sido más trabajado, más currado, era el objetivo cuando empezó el año y estoy muy orgulloso de lo que he logrado». La temporada del talaverano ha sido excelsa, sumando 16 victorias y 31 podios en 36 carreras. Ahora se tomará un merecido descanso, disfrutando de su familia, pero tiene claro que defenderá su corona de Superbike en 2023 y lo único que le falta por decidir es el número de su dorsal. «Pensaba usar mi número de toda la vida (el 19) pero viendo cómo queda el 1 en la moto y que es un número que solo puedes llevar porque te lo ganas, no porque lo elijes, ahora dudo. Al final lo van a decidir mis niñas». La vida de un bicampeón del mundo a los 38 años.