El inglés Lewis Hamilton, vigente campeón del mundo de Fórmula 1. / Reuters

Análisis

Lewis Hamilton se abraza al discurso victimista

El británico, líder destacado del Mundial y gran favorito, acusa a la FIA de oscuras intenciones por la sanción que le impusieron en Sochi, aunque luego fue rebajada

DAVID SÁNCHEZ DE CASTRO Madrid

Lewis Hamilton falló en su primer 'match ball' para igualar las 91 victorias en Fórmula 1 de Michael Schumacher, por un absurdo error de su ingeniero, el siempre alabado Peter Bonnington. Antes de la salida del GP de Rusia, el hexacampeón preguntó que si podía hacer ensayos de salida fuera del lugar permitido y su voz al otro lado de la radio le dijo que sí. Nadie había tenido la idea de salirse de la zona acotada, pero él quería tener un punto extra de ventaja. Aunque saliera desde la 'pole' con un coche muy superior y que siempre se ha llevado la victoria en Sochi, Hamilton quería una ventaja extra, aunque fuera en un detalle tan absurdamente nimio como el lugar donde hacer ensayo de salida.

Unos dicen que fue por soberbia, otros por mero desconocimiento y los menos que un simple despiste tanto del piloto como del ingeniero, pero lo cierto es que la FIA se lo tomó muy en serio. No solo cometió una, sino dos infracciones del reglamento deportivo de las carreras de Fórmula 1. En los puntos 19.1 y 19.2, referidos precisamente a los ensayos de salida, establece que «deben hacerse únicamente en el lado derecho después de que se abra la salida del pitlane» y «por razones de seguridad y equidad, los coches no deben parar en el carril rápido en ningún momento desde que la salida del pit está abierto sin una razón justificable, y un ensayo de salida no se considera una razón justificable». Por cada una de estas infracciones, Hamilton recibió cinco segundos, para un total de diez, que a la postre le costaron el liderato y con ello la victoria en la carrera.

En primera instancia, la FIA también le endosó dos puntos de penalización en su superlicencia, en esa suerte de 'carnet por puntos' que consta de 12 en total. Si se agotan en menos de un año, el piloto será excluido en la siguiente carrera. Hamilton ha ido recibiendo pequeños (pero no irrelevantes) castigos de este tipo desde que el año pasado embistiese a Alexander Albon en Brasil (lo que a la postre le dio el primer podio de su carrera a Carlos Sainz), y después de la cita del domingo ya había perdido diez. Entrar en boxes con estos cerrados (en el GP de Italia), marcar vuelta rápida con banderas amarillas, sacar de pista a un rival… Son solo lo algunos incidentes por los que Hamilton perdió puntos, siempre bajo el pulcro cumplimiento del reglamento.

Se arriesgaba a ser excluido en cualquier momento y por cualquier detalle (dos puntos se pierden, por ejemplo, por estorbar a un piloto durante una vuelta de clasificación), así que la FIA escuchó las súplicas del piloto y del equipo, anularon esos dos puntos e impusieron una multa de 25.000 dólares a Mercedes, al entender que Hamilton había cometido la infracción por hacer caso a su ingeniero. Todo este culebrón reforzó el argumento que lleva usando, dentro y fuera de las carreras, desde un tiempo a esta parte: se siente víctima de una persecución social y deportiva.

Víctima de una conspiración

Lewis Hamilton se convertirá en el piloto con más victorias de la Fórmula 1 y, si continúa, en el de mayor títulos mundiales. Ya es toda una leyenda del automovilismo, gracias a haber aterrizado en la estructura de McLaren cuando tenía 11 años. Nadie se fijó si era un niño negro: solo vieron a un piloto rapidísimo y con unas dotes innatas. El tiempo dio la razón a Ron Dennis.

Años después de aquellas carreras de karts, Hamilton es un multimillonario deportista que está empezando a hacer sus pinitos en la música bajo el pseudónimo de XNDA (colaboraciones con Christina Aguilera incluidas) y que se ha cogido la bandera del activismo en favor de los negros. Y, por supuesto, cuenta con el respeto y el apoyo de la Fórmula 1, que no solo ha aceptado su nueva faceta con gusto, incluso metiéndolo en la ceremonia inicial de cada carrera.

Pese a ello, a que este año ha ganado seis de nueve grandes premios disputados, que lleva cinco títulos en los últimos seis años y va camino del séptimo en trece, Hamilton se siente perseguido. «La sanción (de Rusia) es excesiva, pero era de esperar. Están tratando de frenarme como sea», se quejó el británico. Michael Masi, el director de carrera, le recordó que ese mismo castigo se lo impondrían a cualquiera de los otros 19 pilotos.

Hamilton será el mejor piloto de la historia por números, pero actitudes como la del domingo en Sochi no le ayudan, ni mucho menos, a mantener la cabeza baja y seguir buscando la mayor de las gestas deportivas en la F1 jamás vista.