Carlos Sainz. / EP

Análisis

Carlos Sainz y Lando Norris, o cuando perder un podio no es tan agrio

La lucha entre el madrileño y su compañero en el Gran Premio de Austria se saldó a favor del británico, pero el español dio una lección de deportividad al aceptar sin mucho problema el resultado final

DAVID SÁNCHEZ DE CASTRO MADRID

De un tiempo a esta parte, se ha puesto muy de moda el concepto 'inteligencia emocional'. Se refiere a la virtud de saber utilizar la parte menos analítica en favor de las sensaciones, sentimientos y, en definitiva, emociones. Conceptos como resiliencia, empatía y solidaridad se han impuesto en las relaciones personales, sociales y laborales.

En un ámbito como el deportivo, esa inteligencia emocional es más compleja de sobrellevar. Un delantero siempre quiere marcar, un pívot coger el rebote y un piloto ganar. Sea quienes sean sus rivales, que muchas veces son sus propios compañeros, si su nombre puede estar en lugar del otro, mejor que mejor. En la Fórmula 1 se produce una curiosa paradoja: es un deporte formado por equipos en el que los individuos luchan por sí mismos. Es por ello que se producen situaciones que en otras disciplinas son impensables, como que haya dos estructuras de ingenieros y preparadores independientes, que deben responder ante una dirección común.

Carlos Sainz dio una lección de cómo equilibrar ambas situaciones en el Gran Premio de Austria. El piloto español no fue el líder de la estrategia de McLaren desde el momento en el que el sábado su compañero Lando Norris clasificó por delante. En su último año en la escudería de Woking antes de irse a Ferrari, no tiene nada que perder desde el punto de vista deportivo: puede comportarse de la manera más egoísta del mundo, no aceptar las órdenes ni la disciplina que le impongan y, aun así, tiene garantizado su asiento en 2021 en Ferrari.

Pero no. Sainz aceptó de buena lid, no sin rechinar un poco los dientes, que Norris era quien tenía más opciones de llegar al podio en el caótico arranque del tardío campeonato del mundo de Fórmula 1 de 2020. Su pelea rueda a rueda con su compañero se saldó de la manera más limpia posible, y Sainz aceptó el resultado, no sin obviar que sin esa pequeña refriega posiblemente habría sido él quien peleara por el tercer puesto que festejó a lo grande. Sin dejar de recordarlo después de la carrera, Sainz admitió con una gran deportividad que esta vez no estaba para él y que sólo podía felicitar a su compañero.

¿Habría ocurrido lo mismo con otros? ¿Se habría tomado con la misma filosofía verse perjudicado en caso de ser, por ejemplo, en su época en Toro Rosso con Max Verstappen? Probablemente no. El buen ambiente que ha cundido en los últimos tiempos en McLaren, en buena medida por la llegada de Andreas Seidl a la gerencia del equipo, permea todos los ámbitos de la escudería. No es lo mismo una relación cuando menos tensa como la que viven, por ejemplo, Charles Leclerc y Sebastian Vettel, que el buen rollo que existe entre Norris y Sainz. El madrileño sabe, porque se han encargado de que quede bien claro, que no habrá ningún problema en que las tornas cambien si en próximas carreras se ve él en situación de llegar al podio.

La pertenencia a un equipo en el que se siente en familia también quedó clara a la hora de repartir la cuota de responsabilidad en los fallos. Carlos Sainz admitió que la tardía última parada en boxes, que no le dio el rédito que esperaba, fue decisión suya y no del equipo. Lo fácil hubiera sido repartir las culpas con un plural mayestático, un 'nosotros' que en realidad significa 'ellos' con el que muchos pilotos suelen cargar las culpas cuando las estrategias no salen bien. Este tipo de actitudes también las ha fichado Ferrari.

La cuota española en el podio de Norris

Aunque no hubo bandera española en el podio, que en la nueva normalidad no es más que una pequeña plataforma en la parrilla, sí hubo una parte importante de la celebración en la que se festejó en el idioma cervantino.

Lando Norris cuenta desde este año con un ingeniero de pista nuevo, en sustitución de Andrew Jarvis. McLaren fichó desde Haas al albaceteño José Manuel López, que en los últimos años se hizo cargo del rendimiento en pista de Kevin Magnussen en el caótico equipo estadounidense. Fue él quien le informó por radio de que había marcado la vuelta rápida de carrera en el último giro del Gran Premio que le permitió neutralizar los cinco segundos que necesitaba para superar a Lewis Hamilton tras la sanción.

Entre gritos de alegría, Norris le dio su parte alícuota de éxito en este podio. «José, obviamente tú eres la clave de todo esto. ¡Vamos!», dijo por la radio, con la última palabra en perfecto castellano.