Esquiadores con mascarilla ascienden en el telesilla a las pistas de Sierra Nevada, uno de los destinos preferidos en España para los amantes de la nieve. / EUROPA PRESS

Esquís para remontar un año en blanco

Estaciones de esquí y aficionados, desde el Pirineo a Sierra Nevada, tienen sus esperanzas depositadas en la próxima temporada invernal tras el descalabro que ha supuesto la pandemia. Ahora sólo falta que nieve

SERGIO GARCÍA

A José Ricardo Abad, Jorri, como le conocen en la Federación Aragonesa de Deportes de Invierno, el corazón le dio un salto en el pecho este pasado lunes cuando al levantarse vio nevadas las cumbres del Pirineo. Es comprensible, después de año y medio de cierres perimetrales y restricciones que en su demarcación obligaron a clausurar todas las pistas de esquí salvo Astún. A 888 kilómetros de allí, en Sierra Nevada, Jesús Ibáñez, presidente de ATUDEM, que aglutina a las 35 estaciones españolas y director de la granadina, mira con arrobo la joya de su corona, los 1.200 metros de desnivel esquiable, el más largo del país, convencido de que el mercado nacional se va a dinamizar como antes de la pandemia. «Años malos siempre ha habido, pero esta vez las pérdidas han sido catastróficas -la facturación en su caso cayó un 60%-. Pese a eso, aquí estamos», dice con tono desafiante.

El quebranto causado por la emergencia sanitaria ha puesto contra las cuerdas a un sector que, lejos de echar la toalla, se lanza ahora a exprimir la temporada que arrancará en unos casos a finales de noviembre y en otros, durante el puente de la Constitución. Las estaciones, polos de atracción de un deporte que combina práctica saludable, acto social y negocio, se han propuesto no dejar escapar el próximo remonte. Ahí van algunos datos: la temporada que estalló la pandemia dieron empleo directo a 3.100 personas y tuvieron tiempo de facturar 120 millones.

Reflejo de ese entusiasmo ante el inicio de una temporada que les permita pasar página, las estaciones se han lanzado a una carrera de inversiones para recuperar el tiempo perdido. Juegan a su favor el declive del virus -aún presente, pero con un 78% de la población vacunada-, el consiguiente relajamiento de las restricciones y la derogación de aquellos cierres perimetrales que durante meses impidieron el tránsito entre comunidades y hasta localidades.

Con sabor a desquite. Las empresas confían en recuperar los niveles de actividad pre-pandemia. «La gente tiene muchas ganas», coinciden. / europa press

Nuevos remontes y cañones

«La gente tiene ganas de esquiar y eso se nota», afirma José Ricardo Abad. Las empresas actúan en consecuencia. Si en 2019 se gastaron 36 millones en mejora de servicios, este año la apuesta es también formidable: 20 millones las cuatro estaciones aragonesas del grupo Aramon, 7 millones Sierra Nevada, otros tantos Baqueira Beret... El Pirineo concentró en la temporada 2019-2020, la última con apariencia de normalidad, al 72% de los aficionados a la nieve que hay en España. Complejos como Formigal y Panticosa, en manos del Gobierno de Aragón e Ibercaja, o Baqueira, Candanchú y Astún (de gestión exclusivamente privada) trabajan ya en armar una temporada con sabor a desquite. Ampliación de pistas, nuevos remontes, cañones de nieve, mejores controles de acceso, máquinas pisapistas, remodelación de taquillas...

No están solos, la competencia es brutal. Andorra, por ejemplo, con Grandvalira a la cabeza y más de 310 kilómetros esquiables, ha convertido el turismo -y en particular el esquí- en un motor económico formidable, una auténtica estrategia de país. En Francia, donde el Gobierno ha indemnizado generosamente a los que trabajaban en las estaciones -casi todas públicas- «se lanzan ahora a la carga con forfaits de temporada a 500 euros que te permiten también usar los remontes en verano para practicar bike-park gratis», asegura Germán Ausín, un bilbaíno enamorado del snowboard, que ya se relame pensando en que dentro de un par de meses estará deslizándose por el Plateau du Bernasau o en una zona de 'free ride' con el Pic du Midi de fondo.

El comportamiento del sector ha sido muy desigual durante estos meses. Mientras las cuatro estaciones del grupo aragonés Aramon -el 25% del mercado nacional- echaron la persiana, otras como Astún (Huesca), Baqueira (Lleida), Sierra Nevada (Granada) o Alto Campoo (Cantabria) aguantaron abiertas, aunque eso significara arrostrar pérdidas en momentos en que el confinamiento sólo permitía esquiar a los vecinos del pueblo donde se levanta el complejo o a equipos federados con licencia para entrenar.

Incluso Candanchú estuvo a punto de desaparecer -en su caso los problemas económicos venían de tiempo atrás- y si se ha salvado es por una línea de crédito de 2 millones aprobada 'in extremis' por el Gobierno de Aragón. En Canfranc, donde el 75% de sus 600 habitantes viven del turismo, respiran tranquilos. El primero su alcalde, Fernando Sánchez, que confía en que se cumplan las previsiones de los expertos de que tendremos un invierno húmedo. «Incertidumbres no tenemos ninguna, sí desafíos. Si algo bueno hemos sacado de la pandemia es que nos ha unido a todos los habitantes del valle», dice.

Sánchez encara el futuro con acuerdos como el que se ultima para recuperar el '100K', el forfait conjunto que ya tuvieron hace dos años Astún y Candanchú, para el que los ayuntamientos se han comprometido a costear el bus que una ambas pistas. Pero los planes no acaban ahí. Para vencer la reticencia de los visitantes a quitarse los esquís, la Mancomunidad del Alto Valle de Aragón trabaja en un plan de 9 millones de euros con cargo a los Fondos Europeos para crear un remonte entre las dos estaciones.

Reinventarse o morir

En la cordillera Cantábrica, Jorge Lladó mira expectante al norte, de donde vienen las borrascas que cubren de precipitaciones Valdezcaray, en contraste con los vientos del este y el oeste, «que traen frío pero ni un copo», dice. Hace dos años, antes de que estallara la emergencia sanitaria, la estación de esquí que dirige apenas registró una nevada en enero y el viento sur no tardó en llevarse el manto blanco que lo cubría todo. Diecinueve días aguantaron, un único fin de semana. Este 2021 contaron con la tormenta 'Filomena', pero la evolución del covid les impidió sacarle partido. El balance fue tan fácil de hacer como difícil de sobrellevar. Cero días abiertos. «Menos mal que los meses estivales han funcionado».

Al detalle

  • 4.792.639 visitantes recibieron las estaciones de esquí en la temporada 2019-2020, a pesar de que la emergencia sanitaria obligó a adelantar el cierre casi un mes. El 71,9% de los practicantes se concentraron en el Pirineo.

  • 96 días abrieron de media las estaciones, que en su conjunto realizaron una inversión de 36 millones de euros en mantenimiento y mejora de servicios

  • Pirineo aragonés Candanchú, en el Valle del río Aragón, abrirá del 3 de diciembre, mientras que la vecina Astún no ha confirmado todavía. Formigal-Panticosa (Valle de Tena) y Cerler (Benasque), ambas del grupo Aramon, tienen previsto hacerlo el fin de semana del 26 de noviembre.

  • Pirineo catalán La temporada en Baqueira Beret (167 kilómetros abiertos) también arrancará el 26 de noviembre y sus responsables esperan prolongarla hasta el 18 de abril. No se descarta que se incorporen ese primer fin de semana las estaciones del grupo FGC (La Molina, Vall de Núria, Vallter, Espot, Port Ainé y Boí Taüll).

  • Sierra Nevada En la estación granadina (111 k. de pistas y el mayor desnivel esquiable de España. con 1.200 metros), calculan abrir a finales de noviembre.

  • Andorra Grandvalira -un 'monstruo' de 210 km.- y Pal Arinsal se estrenarán el 3 de diciembre. Ordino Ardalis, integrada en la primera, lo hará siete días antes.

Si algo ha evidenciado la pandemia es la necesidad de las estaciones de esquí de reinventarse, más aún cuando un telesilla cuesta 6 millones y «amortizarlo es un objetivo siempre a largo plazo», explica Jesús Ibáñez. Dicho de otro modo, que el blanco se apoye en el verde. Todas las estaciones sin excepción con las que se ha contactado para este reportaje reconocen la dependencia del verano para cuadrar las cuentas. ¿Cómo? Recurriendo a deportes de montaña como el bike park, la tirolina, el senderismo, el descenso de cañones. También campamentos de verano y hasta observatorios astronómicos. El caso es sacar rendimiento en verano a unas instalaciones que no pueden permitirse el lujo de anclarse en los 4 ó 5 meses que, en el mejor de los casos, dura la temporada de nieve.

Porque ese parece a la larga el escenario sobre el que se debatirá la supervivencia del sector, que se apoya en la contratación de fijos discontinuos. Empresas como Aramon abrían esta semana su web buscando 200 plazas para atender sus instalaciones. Y eso, cuando no existen certezas de que vaya a nevar ni cuánto; tampoco de que se puedan garantizar en todo momento los -2º que hacen falta para tener operativos los cañones de nieve artificial. Las previsiones, sin embargo, parecen buenas, y a ellas se agarran todos los implicados con ahínco.

«Pedimos a las Administraciones que apoyen a un sector que es el principal recurso de los valles de montaña, donde los esquiadores gastan entre seis y ocho veces más que en la propia estación -reivindica José Ricardo Abad-. ¿Alguien concibe que el Gobierno no haga todo lo posible por retener a la Volkswagen en Navarra, o la Citroën en Vigo? Pues estas son nuestras fábricas, el último recurso de esa España vaciada ahora en boca de todo el mundo. Si queremos que nuestros jóvenes vuelvan aquí en busca de trabajo, tenemos que ponerlas en valor y asegurarnos de que representan una solución todo el año».

El cambio climático amenaza las pistas «por debajo de los 2.000 metros»

El cambio climático figura entre las principales preocupaciones de un sector que es testigo de un paulatino retroceso de la cota de nieve, que ya es visible en glaciares y neveros. Un informe del Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico alerta de que su incidencia en las reservas nivales reducirá su espesor y duración, «hasta el punto de que muchas estaciones de esquí dejen de ser viables a pesar de la producción de nieve artificial». Una alternativa, recuerda el estudio, que puede impactar negativamente en el caudal de los ríos de montaña.

Las mismas fuentes advierten que «los establecimientos por debajo de los 2.000 metros (la mayoría de los españoles) podrían desaparecer o reconvertirse hacia otras modalidades turísticas por falta de precipitaciones». Así, zonas como la Cordillera Cantábrica presentan señales de mayor vulnerabilidad que las situadas, por ejemplo, en Sierra Nevada o en la frontera con Francia.

¿Negocio viable a 4 grados?

En el Pirineo, el informe asegura que «un escenario de 4 grados dejaría como viables sólo el 7% de las estaciones, porcentaje que subiría hasta el 44% con temperaturas medias de 2 grados (hasta un 85% si se emplean cañones de nieve)». En línea con estas conclusiones, el estudio señala que se vería afectada la duración de la temporada, un 15% en los lugares más elevados, con orientación norte o próximas al Atlántico, y hasta el 38% en el resto. Ni siquiera el Principado de Andorra escaparía a esta dinámica, con «reducciones puntuales de la temporada que no podría paliar la nieve artificial y que traería una reducción de visitantes del 15%».

El Ministerio desliza en este sentido que la dependencia de los deportes de invierno puede incidir también en la viabilidad económica de algunos alojamientos, debido al cierre o reducción de la temporada de esquí, la escasez de agua o la pérdida de valores estéticos del paisaje como consecuencia de incendios o sequías.