Las Guerreras, tras perder la medalla de bronce en el Mundial. / EFE

Mundial de balonmano femenino

Las Guerreras acaban cuartas para empezar a mirar a París

Superada por Dinamarca en casi todo, España demostró un envidiable potencial para los Juegos Olímpicos

ELOY DE LA PISA

España se quedó con la medalla de chocolate, el cuarto puesto. Que queda para el palmarés, que no es ninguna tontería, pero que para un Mundial jugado en casa puede parecer al profano un fiasco. Nada más lejos de la realidad. La calidad del combinado español es notable. Basta con mirar dónde juegan la mayoría de las Guerreras, pero aún no da para plantar cara con más suficiencia a combinados nórdicos o a Francia. En cualquier caso, el cuatro puesto debe ser puesto en valor por lo que significa cuando se mira hacia los Juegos de París. Hay relevo porque la generación actual ha puesto el balonmano femenino en el punto de mira.

José Ignacio Prades, el técnico español, tenía extraordinariamente bien preparado el partido. Y la prueba de ello estuvo en el arranque del encuentro. Profundas en defensas, con constantes ayudas, laboriosas y pacientes en ataque, las españolas se las tenían tiesas con las poderosas danesas. Las nórdicas tienen más banquillo, tienen más lanzamiento y poseen una actitud defensiva muy propia de la escuela escandinava, y sobre esas patas fueron construyendo su juego. Les costó, mucho. Pero cuando tienes lanzamiento exterior es todo relativamente más sencillo.

De entrada las Guerreras descentraron al rival con un 5:1 en el que Sandy o Paula Arcos colapsaban las circulaciones. Cuando España pudo defender en ese sistema con continuidad Dinamarca sufrió. En ataque Prades había mentalizado a sus jugadoras de que había que ser paciente, buscar a las pivotes o a las extremas y, sobre todo, imprimir velocidad al balón aunque fuera a costa de sufrir algunas pérdidas. El riesgo era asumible. Balones se te van a escapar siempre, así que la apuesta era correcta. Lo que ya no funcionó tan bien fue la efectividad. Desde el principio se vio que las extremos no tenían el día, sobre todo Jenifer Gutiérrez en la izquierda. Las pivotes sí. Kaba y Eli Cesáreo ponían en la jaula casi cada balón que les llegaba. Lo malo es que en el balonmano actual no puedes fiar todo al juego entre líneas; alguna vez has de marcar desde nueve metros. Y ahí España estaba huérfana ante el muro rival. Las danesas dan mucha estopa, los árbitros suelen ser permisivos con ellas, y eso acaba minando mucho la moral del adversario.

35 Dinamarca

Toft (10 paradas), Reindhart (1 parada), Pederse (-), Hansen (4, de penalti), Heindahl (3) Haugsted (4), Bohme (-), Tranborg (2), Jorgensen (6), Jensen (2), Burgaard (7), Petersen (2, 1 de penalti) Hojlun (1), Friis (1), Iversen (2) y Moller (-).

28 España

Silvia Navarro (4 paradas), Merche Castellanos (3 paradas), Carmen Martín (6), Carmen Campos (5, 1 de penalti), Silvia Arderius (1), Eli Cesáreo (2), Jenifer Gutiérrez (-), Maitane (-), Sole López (2), Kaba Gassama (3); Ali Fernández (-), Espínola (1), Paula Arcos (2), Sandy (4, 2 de penalti) y Mireya (2).

  • Marcador cada cinco minutos: 1-2, 4-4, 8-6, 10-10, 14-10, 16-13 (descanso); 19-13, 22-15, 23-17, 28-20, 32-25 y 35-28.

  • Árbitros: Los bosnios Amar y Dino Konjicanin. Correctos.

  • Incidencias: Partido por el tercer y cuarto puestos del Mundial de balonmano femenino, disputado en el Palau d'Esports de Granollers.

España fue haciendo la goma en el primer acto. Aprovechó las superioridades y aguantó las inferioridades, hasta que Toft, la guardameta danesa, empezó a intimidar a la segunda línea hispana y con ello obligó a buscar lanzamientos más complicados desde seis metros. Y complicación en balonmano, por lo general, equivale a error. Y esos errores pesan.

Tanto que el 3-0 de parcial en contra en el inicio del segundo acto fueron el perfecto ejemplo. Dinamarca jugaba cada vez mejor y España se empequeñecía cada vez más. Cinco minutos le costó hacer subir el primer gol de la segunda parte. Y la distancia para entonces ya empezaba a ser sideral. Prades se la jugó y ordenó una doble mixta. Más huecos atrás, pero había que intentarlo. Funcionó a medias. Lo que tampoco empaña el gran resultado de las Guerreras. Cuartas de mundo no es una tontería.