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Transgrancanaria cosmopolita y sugerente

Transgrancanaria cosmopolita y sugerente

«Los participantes de muy diversos países mostraban su enorme satisfacción en los muy diversos y cambiantes parajes cumbreros que atravesábamos, uniéndose a la idea de que esto era muchísimo más que una prueba de trail de primera categoría»

Juan José Laforet / Las Palmas de Gran Canaria

Lunes, 26 de febrero 2018, 12:38

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Si una nota predominante se puede resaltar de las primeras horas del sábado en Artenara, como también ocurría en El Garañón, era el espléndido amanecer que Gran Canaria brindaba a los corredores de la Trans tras una madrugada brumosa y fría que ya venían soportando los corredores de la modalidad de 125 kilómetros que eran acogidos a su paso por el pueblo de Nuestra Señora de La Cuevita con aplausos y palabras de ánimo.

La naturaleza quiso el sábado brindar una verdadera tregua entre lluvias, viento y tormentas, con un día fresco, soleado y absolutamente adecuado para la carrera de montaña, algo que permitió no sólo las importantes marcas logradas, sino la satisfacción de la inmensa mayoría de participantes que bien en el recorrido, o al llegar a meta, se mostraban muy felices no sólo con sus respectivos resultados, sino con la jornada que habían disfrutado. Una intervalo inesperado y sugerente que deberíamos recordar con el apelativo de «Tregua Transgrancanaria».

Otra cuestión que llamaba muchísimo la atención entre los corredores isleños, e incluso entre muchos de los que suelen acudir desde la Península y son ya habituales de esta prueba, era la más que notoria presencia de participantes de muy diversos países, que mostraban su enorme satisfacción en los muy diversos y cambiantes parajes cumbreros que atravesábamos, uniéndose a la idea, como me resaltaron muchos de ellos, de que esto era muchísimo más que una prueba de trail de primera categoría. Y es que, a paisajes, monumentos, rincones de gran tipismo, se unía una aproximación a la misma gastronomía insular, como ocurrió ya en el primer avituallamiento en el pueblo de Tejeda, donde pudieron degustar no sólo las tradicionales papas arrugadas, con un poquitín de mojo (estábamos en carrera y no se podía uno exceder), taquitos de queso cumbrero, con algo de pan bizcochado o un caldo de gallina de los de verdad, sino productos de la isla como unos aguacates magníficos de sabor y textura, como ocurría con tomates de huerta o pepino fresquísimo.

Quizá por ello un matrimonio británico que hacía la Advanced, muy emocionados, no dudaron en señalar que Transgrancanaria no sólo era atravesar la isla, sino llevarla muchísimo más allá de sus fronteras atlánticas. Ésta más que relevante presencia de participantes internacionales, que se debe cuidar y mantener, justifica y exige que, en todas las pruebas, ya sean de trail o de maratón, con estos niveles de participación se exija como poco la más que digna, elegante, moderna y efectiva expo deporte y zonas de entrega de dorsales y de corredores que Transgrancanaria viene ofreciendo en ExpoMeloneras. Gran Canaria, a los ojos del mundo, tiene que verse tan digna y adecuadamente representada como se ha logrado allí y en el mismo entorno de este moderno Palacio de Congresos.

La tercera nota de la jornada la ponía el agua que corría por todas partes, y con ella el barro que complicaba la carrera y la hacía mucho más técnica en muy diversos tramos que, si de por sí ya presentan una alta dificultad, ahora los hacían enormemente exigentes. Correr por medio de verdaderos riachuelos, o por senderos convertidos en auténticas escorrentías era un placer que llenaba el alma y que compensaba el enorme esfuerzo extra que se debía realizar.

En la bajada de La Plata el paisaje de presas y pinares fue único, por el pinar de Pilancones el agua en pequeños charcos y en los cuencos de las rocas traía el mismísimo significado de su nombre «pilancones». Ya al anochecer, la llegada a la meta en Maspalomas estuvo acompañada de un pequeño chispeo, quizá porque el agua quería también estar presente en esos momentos en los que la alegría, la satisfacción y el orgullo de los corredores se mostraba en su entusiasmo a flor de piel, quedando postergado el cansancio lógico y natural tras una jornada dan intensa y dura, como bella y sugerente.

Otra nota, que bien puede ser la primera, fue el homenaje que con esta carrera se hacía a Tolo, Antonio García Artiles, el gran deportista y enamorado de la montaña que tanto contribuyó a difundir esta modalidad en Gran Canaria, que se percibió no sólo en las actividades programadas al efecto, sino en las incesante palabras y comentarios de recuerdo y afecto que tenía hacía él muchísimos corredores ya en los momentos previos a la salida, o a lo largo de la carrera, en lo que se palpó que la Transgrancanaria 2018 era también un gran homenaje a su memoria. Algo de lo que también se percató buena parte del público que la siguió de forma muy notable no sólo en las poblaciones por las que pasaba, sino en puntos como la Cruz de Tejeda, La Culata, Llanos de La Pez, salida de Los Vicentillos y ya en meta.

Tengo que reconocer que la meta de la Transgrancanaria es de las metas más sugerentes y alentadoras de las que se puede uno encontrar, tanto para los participantes, como para el mismo público que la arropa durante horas.

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