La lucha canaria y su inmersión en el Sáhara hasta la Marcha Verde

Emigrantes isleños llevaron a tierra africana las excelencias de su deporte y crearon vínculos que todavía son recordados con emoción

PEDRO REYES Las Palmas de Gran Canaria

El Parlamento de Canarias aprobaba, a finales de abril, una proposición no de ley para reconocer la labor de los bregadores canarios en el Sáhara, donde llevaron su identidad, sus costumbres y la lucha canaria. Con este acuerdo, mostró el reconocimiento a toda la emigración canaria y, especialmente, a los luchadores que llevaron este deporte y construyeron junto al pueblo saharaui «un entorno de prosperidad y armonía en el mayor terrero del mundo».

El vernáculo deporte se practicó en Al Aaiún desde principios de la década de los 60 hasta la Marcha Verde de 1975. Para conocer esta etapa, tres voces son de obligada referencia por el protagonismo que tuvieron: Roberto Martín, Juan Bolaños y Francisco Montesdeoca.

Un palmero universal

En Geneto, ante un vaso de vino y con la presencia de Pepe Díaz, El estudiante, Roberto Martín, El Mocho, el gran luchador palmero, residente en Tenerife, desgrana sus recuerdos.

En 1970 se iba al Sáhara a trabajar, después de dos años fuera de La Palma, aunque sus inicios fueron en Tazacorte. «Me fui con mi mujer y mis dos hijos. Luché en Al Aaiún, en el Seven Up todo el tiempo, salvo en alguna ocasión que reforzaba algún equipo», recuerda.

Tuvo sus triunfos personales: «Ganamos algún título con Manolo, El Trota, en paz descanse. Los luchadores eran de buena calidad. Cuando venían equipos de Las Palmas, tenían que tirarnos. Por allí pasaron, hombres como El Estudiante, Molina II, Miguel Primera o Marcos Galván. Fueron para reforzar equipos en luchadas concretas», insiste.

Con añoranza rememora a sus compañeros. «En el Sáhara vivían bregadores de la calidad de Juan Bolaños, Domingo Guerra, Casañas, Francisco Rodríguez Méndez Pinganito, Paco, El Peluquero, Carlos, El Palmero, Verdellada o Raúl León entre otros. Competían siempre 4 o 5 equipos, los cuales cambiaban de nombre», detalla.

El rival que más problemas le dio, fue Carlos El Palmero: «Era muy complicado porque luchaba muy abajo. Nos tirábamos mutuamente, aunque todos eran muy buenos. También Bolaños, que luchaba cruzado arriba, o Verdellada y Raúl León, que eran grandes luchadores, al igual que Paco El Peluquero. Todos nos tirábamos alguna vez».

De gente autóctona de la zona, recuerda a Ramadán. «Fue el único saharaui que tuvo calidad para luchar y además fue al campeonato de España de lucha libre olímpica y quedo tercero. Era un hombre muy habilidoso».

Se emociona cuando evoca esos años. «Del Sáhara me vienen solo cosas buenas. Fue una gran época y tengo grandes vivencias. Con Paco El Peluquero, me acuerdo que yo me peinaba para atrás y me dijo que me iba a quitar cinco años y me cambió el peinado. Los que luchamos allí, somos buenos amigos y mantenemos el contacto a pesar del tiempo transcurrido».

Bolaños y El Pala

En su Gáldar natal, Juan Bolaños, el gran luchador norteño, también exhibe memoria. Se fue al Sáhara en 1967 por el trabajo. El Tacuense quería que siguiera en Tenerife o el San Bartolomé de Lanzarote, con Mencara, deseaba ficharlo. «Como trabajaba en una empresa del Gobierno, tuve que irme porque me destinaron. Enmirsa -entidad minera del Sáhara- que pasó a ser Fosbucraa, tenía un equipo que era pionero de los años 60. El Enmirsa, el Unión Temporal y el Unión Parada fueron los tres equipos promotores desde principio de la década de los sesenta. Era lucha entre amigos. Se hizo la Federación y se llegó a cinco equipos, aunque tres estuvieron poco tiempo: el Espasa con Verdellada, el Gran Canaria y el Virgen de Loreto. Cuando Enmirsa desapareció, nos fuimos al Virgen de Loreto. También luché en la auto escuela Sáhara con Pingano».

Estuvo casi nueve años, pero ya en 1975 regresó como todos, por la Marcha Verde. «Jesús Vega hizo casi todas las fotos de lucha del Aaiún. Los saharauis eran muy aficionados a la lucha canaria pero no a luchar, salvo Ramadán».

El luchador que más se le resistía era Carlos El Palmero, pero recuerda el mérito de Juan Sánchez El Pala que llegó a ser campeón: «El Pala, que era de Vecindario, aprendió a luchar en el Aaiún. Por ello me alegró que lograra el título, aunque me tirara a mí. En la lucha siempre tenemos luchadores encontrados como Guerra o El Palmero», revive con nostalgia, así como los mejores luchadores de Canarias que pasaron por allí en alguna ocasión. «Barbuzano, Valencia o El Estudiante, que estuvo a punto de quedarse«, dice.

El reconocimiento del Parlamento le dio una gran alegría. «A uno le gusta que le reconozcan sus méritos. En el Sáhara no había deporte y la lucha era lo único que se podía ver. Los domingos los llenos eran impresionantes».

Su etapa de luchador no fue fácil. «Estaba casi solo en mi equipo, pues mis compañeros eran trabajadores de la empresa, hasta que me negué a seguir. Era encargado o hacía de chófer y trabajaba a 110 km del Aaiún .No tenía con quien entrenar. Conocía a Roberto Martín del Tacuense y no quería luchar contra mí porque éramos como hermanos, pero lo convencí para que lucháramos y ese día pudo conmigo», evoca.

Los saharauis eran apasionados de la lucha, aunque no la practicaban. «Había uno que le encantaba la lucha. Un día Valerio hizo una gran agarrada y le tiró la chaqueta para que cogiera la cartera y el dinero que quisiera», insiste.

Las anécdotas le vienen a la mente con celeridad. «En una luchada contra el Unión Parada, íbamos empatados a 11 y quedaba solo El Herreño. El presidente del Unión Parada, que era palmero y peletero, gritó que habría un par de zapatos para el que quedara en pie. Diciendo eso y le pego la 'desabría', una lucha mía y lo tumbo. El público le gritaba que trajera los zapatos y tuvo que ir a buscarlos».

Una peluca para despistar

En su peluquería de Playa del Inglés sigue presente Francisco Montesdeoca, Paco El Peluquero. Se fue en 1965 al Sáhara por motivos laborales y estuvo 10 años. «Mi familia era muy humilde y me ofrecieron luchar allí además de un trabajo. Me daban también el apartamento. Estuve en el Unión Parada hasta la Marcha Verde. Siempre luché en el mismo equipo», dice con orgullo.

Solo tiene buenos recuerdos de esa etapa. «Fueron unos años muy buenos y éramos todos una familia, todos amigos. Fueron buena parte de los mejores años de mi vida». El reconocimiento lo ve muy positivo . «Lo del Parlamento es una idea genial ya que nosotros dábamos clase, no solo de lucha canaria, sino de greco con Casañas, además de judo. Teníamos un campo de lucha donde había de todo. Estaba muy bien organizado y es hora que se reconozca la labor, ya que era lo mejor que había en la zona, la lucha canaria».

El binomio saharaui y canario funcionaba bien. «La relación con los saharauis fue muy buena hasta que llegó la Marcha Verde. El final fue muy duro para todos. Una noche en el casinillo, hubo tiros, alguna bomba y nos preocupó bastante como estaba la situación».

Para el grancanario, los mejores luchadores eran Roberto El Mocho, Pinganito, El Palmero, Raúl León, «que era un fenómeno luchando», Pedro Sánchez, ya fallecido,-Verdellada o El Artillero. «Los domingos eran un río de gente para ver la lucha, apunta.

La anécdota más graciosa que recuerda fue la de la peluca rubia. «Una vez estaba yo luchando contra el Mogán, me puse una peluca rubia para que no me reconocieran porque estaba en la mili y no podía luchar. Ese día tiré a cuatro o cinco, pero el capitán presenciaba la luchada. Cuando recogía dinero del público, me llama y me dice que no sabía esa faceta mía. El lunes en el cuartel, me hizo presentarme ante él y fui muy asustado por las posibles consecuencias, pero me sorprendió, porque me dijo que me daba tiempo libre para poder entrenar. La verdad que fueron unos grandes años».

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