La legendaria historia del Faro de Maspalomas

En el año en que se cumple el vigésimo aniversario de su fallecimiento, recordar su legado único es un acto de justicia histórica

PEDRO REYES Las Palmas de Gran Canaria

Está cercana la fecha del vigésimo aniversario de la muerte de José Rodríguez Franco, El Faro de Maspalomas, mítico luchador de mitad del siglo pasado y el hombre que hizo resurgir el levantamiento del arado. Jamás hubo nadie como él.

Pepito o Maestro Pepe, como así le conocían de manera familiar, había nacido en El Pajar de Arguineguín, en marzo de 1912. Por motivos laborales de su padre se trasladaba a la ciudad de Telde con solo seis años de edad.

De niño ya vio una luchada en un solar entre los bandos de San Juan y San Gregorio y se enamoró del vernáculo deporte, que comenzó a practicar con su hermano Valentín desde los 11 años. Con 19 años hacía su primera incursión seria en el Campo Canario, donde ya tiró a tres adversarios y comenzaba a forjarse su leyenda. En su segunda luchada, pudo con Domingo Mederos, Pollo de Gáldar, y ahí comenzó a ganar prestigio y reconocimiento. Su gran maestro fue José Santana, Florido, y fue Juan Torres quien le puso el apodo de Faro de Maspalomas, tras verlo en una luchada en el Campo España. El servicio militar y la Guerra Civil le apartaron de los terreros por unos años.

En su regreso, la lucha canaria no estaba muy bien en los inicios de la década de los cuarenta, pero, aun así, se proclamaba campeón de Gran Canaria tras eliminar al propio Domingo Mederos, Pollo de Gáldar, Cristóbal Ramos y Manuel Marrero, Pollo de Buen Lugar. Su imponente figura y fortaleza, 1,98 metros y 90 kilos de peso, hacía estragos entre sus rivales. Decían de él que no tenía gran técnica luchística, pero cuando ponía la mano en la espalda de un adversario era prácticamente invencible.

Para promocionar una decaída lucha canaria, el periódico Falange del 20 de febrero de 1940 exponía en un artículo que «uno de estos luchadores del partido del Sur, conocido por el Faro de Maspalomas, José Rodríguez Franco, aceptaría con muchísimo gusto cualquier reto que se le dirigiese con cualquiera de sus antiguos contrincantes, siempre que esto sea para fomentar este bello y típico deporte en las Islas Canarias». Ya desde 1942 estaba en la selección de Las Palmas que competía con Tenerife con asiduidad en un año que estos enfrentamientos hacían resurgir a la afición. En su primera aparición, vencía a Pedro Rodríguez, Pollo de Las Canteras, y posteriormente lo hizo con Víctor Rodríguez y con Vicente Saavedra, Pollo de Güímar

Tumbó a un rival con dos dedos

Ese mismo año, el propio José Rodríguez en una entrevista al periódico Falange, contaba una anécdota de su servicio militar en Melilla. «Sucedió en Marruecos, en plena campaña de liberación. Discutía con varios soldados peninsulares sobre si nuestra lucha era o no arte. Un andaluz simpático como él solo, que por cierto no levantaba dos cuartas del suelo, y digo levantaba porque el pobre ya falleció, era el más empeñado en demostrar que nuestro deporte es solo manifestación de fuerza. No pudiendo nosotros los canarios, convencerle, porque aquel tío hablaba mejor que un abogado y ya cansado de tanta discusión, le dije yo: Mira, sevillano; voy a demostrarte que la lucha canaria es arte y no fuerza. Comprenderás que, si yo empleo mi cuerpo para tirarte, no tendría mérito alguno mi demostración; pero, ¿Hace una cerveza para los reunidos aquí a que te tiro con solo dos dedos? Nos fuimos hacia un rincón del patio del cuartel en que tuvo lugar la escena y agarramos. Le pegué un desvío con dos dedos, y fue tan grande el talegazo que el andaluz botó en el suelo como si fuese una pelota, produciendo un aterrizaje forzoso y un gran alborozo entre los espectadores. Nuestro hombre, perdida la apuesta, completamente mosca, muy dolorido y con una cara que daba pena, gritaba en el suelo sin poderse mover: —¡Un 'arzenzó', hombre!».

En 1942 logra el título provincial al vencer al Pollo de Gáldar en el primer desafío y darse por vencido en el segundo por una lesión, logrando la Copa Cabildo de Gran Canaria. Ya la prensa se hacía eco que el Faro no tenía contrincante. El legendario Justo Mesa opinaba así del Faro de Maspalomas en 1943 y su falta de técnica, que era lo que sus detractores le recriminaban. «Lo que pudiéramos llamar la clásica técnica de la lucha canaria, no la practica, pero a su manera, el Faro sabe luchar y sabe defenderse».

Campeonísimo

En 1943, el Faro era prácticamente invencible en Gran Canaria donde tuvo desafíos con Calero, Tacoronte, el herreño Leandro Padrón e incluso vencía al considerado mejor luchador de las islas, Pancho Camurria en una luchada de selecciones, además de al Pollo de San Andrés en un desafío en Tenerife, por lo que se le consideró campeón de las islas Canarias.

Ese mismo año se creaba la Federación Canaria de Lucha, y en diciembre, en Tenerife, se celebraba el primer Campeonato de Canarias oficial, donde el Faro llegó a la final con el teguestero, Víctor Rodríguez, pero caía por 3-2, lo que resultó una sorpresa. Al año siguiente se tomaba la revancha y logró el máximo entorchado que no cedería ya hasta 1952 pero sin luchar. Ese primer título oficial, declaraba que había sido la mayor de las alegrías, al poder tomar la revancha de Víctor Rodríguez al que derrotaba por 3-2 e iniciar su reinado.

Con la creación de los equipos, al haber ya federación, ficharía por el Adargoma, pero «eran muchas veces que los pasaba en el banquillo sin salir al terrero por ser un conjunto muy potente y no tener contrincante que a él se enfrentara. De mutuo acuerdo entre los presidentes del Adargoma, Juan Mujica y del Tumbador, Tomas Medina, llegan a un convenio para que el Faro defendiera, por una temporada, los colores del equipo del Puerto, lo que hizo con gran satisfacción ya que ahí sí tuvo que sudar la camiseta. Terminado su compromiso con el club y animado por la afición de Telde, decide fundar su equipo. Este hecho ocurre el 16 de noviembre de 1946. Se bautiza el club con el nombre de Juan Castro Morales». Así lo reflejaba Santiago Henríquez en su libro 'Historia de la lucha canaria. Telde 1870-1985'.

Sus inigualables desafíos

El 10 de febrero de 1946, caía en un desafío ante Pepe Araña, Pollo de Arucas, que obtuvo el trofeo Marqués de la Florida por ello, además de caer con el Pollo de Buen Lugar en la lucha corrida celebrada ese mismo día. Como no le gustaba perder nunca, rápidamente pedía la revancha. La expectación fue tan grande, que una semana después, el propio Gobernador Civil de la provincia donaba un trofeo al vencedor de la misma.

Sería en un abarrotado Campo España el 18 de febrero de 1946, dentro de la luchada en favor de los enfermos de tuberculosis. La isla se paralizó para presenciar el evento y se realizaron apuestas importantes sobre dicho enfrentamiento. En esta ocasión, el Faro podía con el norteño dándole las tres luchas. Araña luchaba a mano abajo mientras el sureño lo hacía a mano arriba o mano metida, en un Campo España donde no cabía ni un alfiler.

Algo similar ocurrió con Leoncio de la Rosa, Carampìn, que podía con el Faro en un encuentro de selecciones en Tenerife el 19 de diciembre de 1948. Inmediatamente le solicitó la revancha, lo que fue el acontecimiento luchístico más importante del año y donde el hércules grancanario vencía por 3-1 el 28 de diciembre «dando en una de las agarradas, el sacón de aire por el que se quedó con el pantalón en la mano haciendo honor al gran poder que le caracterizaba». Así lo expresaba Henríquez en su libro de 'Historia de la lucha canaria. Telde 1870-1985'.

Levantamientos de arado

Además del deporte vernáculo, el Faro se hizo famoso por los levantamientos de arado que practicó hasta los 70 años, según Henríquez o hasta los 73 según el periódico El País, demostrando su fortaleza y habilidad, mientras que la lucha la hizo hasta los 48.

Por donde quiera que iba llenaba los campos y por ello siempre era requerido si se quería garantizar el éxito de público en el espectáculo ya que era considerado el superhombre del siglo XX por su poder y las proezas realizadas con el arado, que levantaba con todos sus aperos de labranza al completo.

En una entrevista con Alfredo Ayala, el propio luchador contaba que había matado un toro de un puñetazo, que era capaz de cargar dos sacos de cemento, uno en cada hombro y colocarse el tercero en la cintura, levantar una mesa de billar o 'empenicar' el arado entre otras cosas.

La muerte de su hijo a principio de la década de los 50 le hace retirarse de la lucha, incluso no defendiendo su título regional, aunque regresó años más tarde, pero de manera intermitente y sin ser el mismo de antaño, luchando entre otros en el Telde, retirándose definitivamente en 1961 a pesar de las ofertas para que volviera a luchar. Permaneció recorriendo los terreros con el levantamiento del arado hasta la década de los 80.

Falleció en septiembre de 1991 a los 79 años.