Elaine Thompson-Herah celebra su victoria en el 100 lisos femenino. / Pawel Kopczynski / Reuters

Un espectáculo fantástico

La organización fue valiente, salvó los Juegos y los deportistas olímpicos han estado de '10'

MARTÍN FIZ

Con la experiencia que me da haber participado en tres Juegos, debo decir que, a pesar de la falta de público, estas dos semanas hemos vivido un espectáculo fantástico en Tokio. No habrán sido los mejores, pero los organizadores y el COI han salvado los muebles. Los deportistas han estado impresionantes. Por un efecto más político-sanitario que deportivo, meses antes de los Juegos se dudó de la capacidad de los japoneses y estuvieron a punto de no celebrarse. Pero fueron valientes y el resultado ha sido impecable.

Sigo impresionado con el rendimiento de los deportistas. Sabía, porque fui olímpico, que se iban a esforzar al máximo, pero después de año y medio con muy pocas competiciones, con la duda siempre de si se iban a celebrar o no los Juegos, los nervios les consumían. Y hemos tenido hasta la suerte de ver récords mundiales. ¡Qué más podemos pedir!

Italia ha ganado el 100 y el relevo. Jacobs no será Bolt pero ha sido el más rápido. Ha habido muchos más grandes: los récords del noruego Karsten Warholm y la estadounidense Sidney Mclaughlin en los 400 metros vallas. Yilimar Rojas más que saltar voló en triple salto. Y en los 1.500 femenino y masculino volaron también. Faith Kipyegon le zurró bien a Hassan y el noruego Ingebrigtsen demostró que puede ser más rápido que El Guerrouj. La jamaicana Thompson-Herah, oro en 100, 200 y relevo corto, ha sido la reina del atletismo y para elegir al faraón olímpico he tenido mis dudas: finalmente, mi vena de 'fondista' me ha hecho inclinar la balanza a favor del ugandés Cheptegei, oro en 5.000 y plata en 10.000.

Siempre creí que la reina iba a ser Sifan Hassan pero tanto egoísmo... Soñaba con tres oros. Agradezco su esfuerzo pero ha demostrado que, aun a pesar de su talento, cuando alguien está cansada y se enfrenta a deportistas como la campeona keniana Kipyegon, se hace vulnerable. Y Hassan es humana.

En el salto de altura masculino todo fue muy fair play. A mí la decisión de Tamberi y Barshim de compartir el oro me pareció un gesto muy elegante y emocional, pero luego me hizo recordar que las medallas no son un regalo, hay que competirlas. ¿Qué les hubiera parecido si en el Mundial de Atenas Antón y yo hubiéramos entrado de la mano? Somos compatriotas, pero ni de coña. Ese día fui el más perjudicado. ¡Tenía que haber negociado...! Lo digo con ironía.

Los grandes perdedores tienen nombre propio y no es otro que el equipo masculino estadounidense. Un oro para un país acostumbrado a bañarse en este metal es un pobre bagaje. Me rindo a los pies de Kipchoge. Hubo otras épocas y muchos otros maratonianos: Bikila, Zatopek, Lopes... Kipchoge es la reencarnación de todos ellos.

¿Cómo ha estado España? A un gran nivel. Ana Peleteiro es nuestra reina. Se lo creyó, dio el salto de su vida, se hizo con el bronce, y eso que estuvo en una final muy cara. De hecho, Yilimar Rojas, oro, batió el récord del mundo. En cuanto a los chicos, no me voy a decantar por uno, pero sí por una disciplina: la marcha. Qué cerca han estado Álvaro Martín, María Pérez y Marc Tur, cuartos, de conseguir una medalla. Y aunque nos parezca que el cuarto puesto (a 3 centímetros de la medalla) logrado por Eusebio Cáceres sea agridulce, me quedo con sus palabras: «Lo di todo y me ganaron porque fueron mejores». ¡Bravo! Muy competitivo Asier Martínez en las vallas altas, sexto.

Y qué decir del quinto puesto de Adríán Ben, primer finalista español de los 800 en unos Juegos. Adel Mechaal fue quinto pero estuvo fantástico. El maratoniano Ayad Lamdassem recorrió las calles de Sapporo en busca de una medalla, luchó lo indecible y al final tuvo la recompensa de un quinto y diploma olímpico. ¡Magistral! Katir me hizo soñar con una de las tres medallas. Mereció mejor suerte que un octavo puesto. Un bronce y once finalistas es un gran bagaje. Se puede decir que el atletismo español respira con aires de un futuro muy prometedor en París 2024. Enhorabuena.

Mención especial para Bragado, 51 años y ocho Juegos, y para Alisson Felix, 10 medallas. A los maratonianos, por su esfuerzo y por salir vivos de Sapporo. Al comité organizador por su valentía. Sin público, sí. Pero nos habéis hecho vivir unos Juegos Olímpicos.