Tokio 2020 / Baloncesto

Luka Doncic, el genio de la lámpara maravillosa

La deflagración descomunal del esloveno, rival este domingo de España, a ambos lados del océano deja al mundo entero con la boca abierta

Ángel Resa
ÁNGEL RESA

A Luka Doncic, el genio de la lámpara maravillosa, lo reclutó el Real Madrid con trece añitos y un porvenir de primera fila, aunque quizá entonces no se le intuía la descomunal deflagración que protagoniza y deja al mundo entero con la boca abierta y la baba colgando. A la edad actual de veintidós, pese a manejarse sobre la cancha con las conchas de un galápago veterano, lidera la selección eslovena, un país con la población de Euskadi que perpetúa la fe trascendente del baloncesto. El chico que ha ensanchado el cuerpo desde que voló a Dallas en el verano de 2018 reventó los Juegos Olímpicos en diferido (los de Tokio'2020 que se celebran una temporada después por la maldición del bicho) desde la primera pelota al aire. 31 puntos de su puño y firma en el descanso ante Argentina, 48 al final. Una muestra de despotismo ilustrado, un régimen autoritario de rostro amable y sonrisa aún juvenil. Nacido para la canasta en el célebre Tívoli de Liubliana y desarrollado en la cantera de la casa blanca, el fenómeno de los Mavericks ha ido cumpliendo las etapas que dicta la lógica mediante un do sostenido y permanente.

Debutó en el equipo de Pablo Laso a los dieciséis, un dato que lo identifica como el tercer jugador más joven en abrirse paso entre los codos afilados de la ACB. Sólo Ricky Rubio, que ingresó por el real decreto de Aíto con catorce y once meses y un tal Ángel Rebolo (quince) le preceden en la orden de la precocidad andante. Durante sus tres campañas madridistas Luka logró otros tantos torneos domésticos, dos Copas y -nada menos- una Euroliga. Hay chavales que se apresuran a saltar el océano y en el pecado llevan la penitencia, pero el esloveno que se mueve entre las posiciones 1-2-3 e incluso 4 al ritmo creciente del mambo manejó los tiempos oportunos. Cuando ya había dejado en la atmósfera el olor a la pólvora incandescente (MVP del máximo campeonato continental) decidió que su próxima estación deportiva le conduciría al estado de Texas.

En realidad lo eligió Atlanta en el 'draft' de 2018, pero en esas operaciones mercantiles que distinguen a la competición norteamericana acabó en el estrado con la gorra de Dallas sobre la cabeza. Unos cuantos datos equiparan a la maravilla de Liubliana con la carrera legendaria de Pau Gasol, que por edad podría ostentar la paternidad del chico. Cierto que el barcelonés arrasó en una sola campaña (2000-2001) con el doblete de Liga y su deslumbrante Copa. Como verdad es que también al mayor de la saga de Sant Boi lo seleccionaron los Hawks antes de enviarlo inmediatamente a Memphis. ¿Más coincidencias? Ambos presumen de número 3 en la noche de las elecciones -únicamente seis europeos entre la media docena más selecta- y de lucir el título individual de novato del año en la NBA. A Doncic le faltan los dos anillos que posee Pau, pero trayectoria tiene por delante para cincelar aún más su futuro supuestamente espléndido. Y nada menos que en la ciudad donde triunfó por todo lo alto (2,13 de estatura) el alemán Dirk Nowitzki.

Sobrenatural

En la matinal de mañana dirimirán España y Eslovenia el primer puesto del grupo tras ganar ambos y de manera holgada a Japón y Argentina. Pues del duelo contra el combinado albiceleste conviene escribir largo y tendido. Más bien de la actuación casi sobrenatural del líder que triunfó en Madrid antes de sostener las llaves del estado de Texas. Muchas virtudes separadas con comas. A saber: manejo del balón entre las piernas, paso atrás, triples en un rango de tiro enorme, amagos para las penetraciones, tiros a una pierna, facilidad para convertir lo arduo en sencillo, canastas complicadas, recursos infinitos, reversos desde el poste bajo cuando decide no subir la bola con la solvencia de los sobrados, decisión, ignorancia del vocablo 'miedo'… Y todo ello con la imagen de no romper un plato cuando destroza vajillas enteras.

Sergio Scariolo, un estratega táctico de primer nivel, ya meditará con sus ayudantes el modo de reducir siquiera algo su casi incontenible veneno. Según se posicione dentro de la cancha este diablo de cara angelical cabe intuir que el técnico italiano le enviará los cancerberos Rudy, Abalde y Claver. Aunque tal vez valga con maniatar al resto mientras España luce el fondo de armario de un grupo, hasta la fecha, convincente y completo.