Tokio 2020 / Atletismo

La marcha y la maldición de Sapporo

Legendario lugar para el esquí español por el oro de Paquito Fernández Ochoa, se convierte en un escenario odiado para una disciplina que suma tres cuartos puestos en apenas 24 horas

IGOR BARCIA Enviado especial a Tokio

Hasta esta semana, Sapporo era un lugar de muy grato recuerdo para el deporte español. Allí, en el norte de Japón, Paquito Fernández Ochoa conquistó el oro en el eslalon de los Juegos de Invierno de 1972 y allí decidió trasladar el Comité Olímpico Internacional las pruebas de marcha y maratón, en acuerdo con la World Athletics, para mitigar en lo posible el calor de Tokio, una medida que se ha visto del todo innecesaria. Está claro que si para el esquí español Sapporo sigue siendo un lugar legendario, para la marcha es desde ya un lugar 'non grato', frustrante y amargo como esa medalla de chocolate a la que se refirió Álvaro Martín.

Tres cuartas plazas, cada una de ellas con menos margen que la anterior respecto al podio, además de la sexta de Diego García, dejan dos lecturas. La positiva es que la marcha española sigue en primera línea mundial y es aspirante a todo. La negativa, que el esfuerzo de Martín, Marc Tur y María Pérez se quedó sin el premio que merecía el trabajo realizado, tanto en Japón como sobre todo el previo. Si hace dos años en Doha se criticó que la hoja de ruta en cuando a la preparación y aclimatación a unas condiciones extremas no habían sido las adecuadas, esta vez toca aplaudir la labor de entrenadores, médicos y atletas. Después de tiempos muy complicados en medio de una pandemia, los deportistas han llegado a Japón en un gran estado de forma y adaptación que les ha permitido estar en la pelea por el podio en las tres distancias que se han disputado en Sapporo.

La cuarta plaza de María Pérez fue la tercera en 24 horas. De variar un solo puesto, se estaría hablando de un día histórico para la marcha, pero por desgracia, el podio de Sapporo ha dado la espalda a esta disciplina que siempre está para tirar del atletismo nacional desde que Jordi Llopart abrió la puerta con aquella inolvidable medalla de plata en Moscú'80 y que María Vasco secundó para las mujeres en Sídney 2000. La secuencia vivida en Sapporo es por un lado para estar más que satisfechos de la marcha, pero por otro lado no deja de ser la historia de esa sensación de injusticia deportiva que hay dentro del equipo español. Álvaro Martín y Diego García fueron los primeros en mostrar el jueves su buen estado de forma, pero el extremeño cedió en el tramo final para quedarse a 16 segundos del bronce. «Al llegar pensaba en que más tengo que hacer para limar esa diferencia, menos de un segundo por kilómetro», se fustigaba Martín.

Pero si duro fue lo suyo, la palma de la desgracia se la llevó ayer por la mañana (hora japonesa) Marc Tur, que después de trabajar duro para seleccionar el grupo, ya veía en la recta final el bronce de los 50 kilómetros colgado en su cuello cuando ha visto que mientras las fuerzas le abandonaban, el canadiense Dunfee le pasaba camino del podio. Nueve segundos le sobraron al ibicenco y 500 metros para estar celebrando lo que sería un éxito en su primera presencia olímpica. «En el último kilómetro me he encontrado un muro que no he sabido sortear. Me encontraba totalmente al límite», admitió Tur, que incluso se dio golpes en la cara en el tramo final para tratar de reaccionar.

Lo de María Pérez fue la gota que colmó el vaso de la desgracia en Sapporo. Pese a quedar cortada en el grupo de seis marchadoras que se jugaban los metales, supo insistir porque había rivales avisadas por delante. Le sucedió a la china Yang y en la recta final a la brasileña Sena. Pero no pudo con la segunda atleta china, Hong Liu, que le dejó a solo 8 segundos del bronce. La historia, por desgracia, se repetía. Mientras las rivales celebraban el podio, el marchador español de turno se arrodillaba, exhausto y cabizbajo, con el sabor del chocolate amargo en la boca y pensando qué más había que hacer para lograr una recompensa.