Tokio 2020 | Balonmano Las Guerreras encuentran el camino

Brasil se estrella ante Silvia Navarro y la defensa de ayudas de las españolas

ELOY DE LA PISA

Las Guerreras, con Silvia Navarro inconmensurable en la portería (18 paradas y rozando el 50% de acierto) y Lara González gobernando la defensa, sumaron su segunda victoria en el torneo olímpico. Y lo hicieron ante la poderosa Brasil, la gran potencia sudamericana del balonmano y cuyas jugadoras se desempeñan con nota en los equipos europeos. Carlos Viver y su equipo tenían muy bien estudiado el encuentro y supieron siempre encontrar las soluciones. En especial cuando las pérdidas de balón y el bloqueo del último cuarto de partido hicieron temer que se escapara el choque. No fue así. La victoria ante Francia ha rearmado anímicamente a un grupo muy compacto y que sabe perfectamente qué necesita y cómo debe jugar en cada momento.

Jorge Dueñas, el seleccionador de Brasil, fue el técnico que armó la arquitectura actual de la selección española. Su trabajo, y el de las jugadoras, puso en el mapa al balonmano femenino, entonces residual. Lo llevó al bronce olímpico en Londres, al tercer puesto mundial en 2011 y a la plata europea en dos ocasiones. Tres medallas. Dueñas conduce ahora a la selección de Brasil, una potencia histórica en el balonmano femenino. Su sello se nota en las sudamericanas, que a las condiciones naturales que atesoran unen una indudable capacidad defensiva y unos fundamentos ofensivos de muchos quilates. Su juego coral, ahí es donde está la mano del técnico, se vio contraprogramado por el indómito estilo de las españolas.

Las Guerreras, como el día anterior los Hispanos, empezaron mal. Ni defensa, ni ataque, pérdidas infantiles... Para suerte de las de Carlos Viver, en la portería Silvia Navarro estaba en modo cerrazón y con sus paradas pudo mantener vivo al equipo en los momentos en que la defensa no encontraba el sitio y el ataque carecía de la necesaria velocidad.

27 España

Silvia Navarro (18 paradas) y Merche Castellanos. Marta López (2), Carmen Martin (2), Eli Cesáreo (1), Nerea Pena (7), Lara González (3), Soledad Lopez (4), Alicia Fernández, Almudena Rodríguez (1), Ainhoa Hernández (2), Paula Arcos, Sandy Cabral (3) y Mireya González (2).

23 Brasil

De Arruda (4 paradas) y Arenhart (3 paradas). Bruna (8), Do Nascimento (3), De Araujo (2), Rodrigues (2), Amorim (2), Araujo (1), Cardoso (1), Vieira (1), Guarieiro, Bitolo, Matieli (2) y Ventura (1).

  • Marcador cada cinco minutos: 1-2, 3-5, 5-7, 6-9, 10-10, 13-13 -descanso-, 17-14, 20-16, 21-18, 21-20, 24-20 y 27-23.

  • Árbitros: Handsen y Madsen, de Dinamarca. Se comieron bastantes jugadas de pasos, pero fueron equitativos. Expulsaron a Eli Cesáreo por un golpe en la cara a Bruna y excluyeron a Amorín, De Araujo y Guarieiro, por Brasil. Y a Lara González.

Las Guerreras lograron ir solucionando los problemas a base de trabajo defensivo, para crecer desde ahí en el ataque. La seguridad atrás se tradujo en más fluidez en el área rival y con ello Nerea Pena y Alicia Fernández lograron encontrar a las extremos. Esa era la clave. La basculación de las sudamericanas para anular a Eli Cesáreo en los seis metros tiene ese riesgo. Y las de Viver empezaron a castigar a Arruda, la portera brasileña, desde los lados más cerrados.

El choque era una especie de calco de lo que había sucedido el día anterior con los chicos. Hasta los árbitros eran lo mismos. Incluso las Guerreras invirtieron lo mismo que los hombres en ponerse por delante: 27 minutos. Un 'deja vu' imperfecto de lo más peculiar, porque cuando tomaron la delantera ya no la abandonaron.

Ni siquiera la crisis que pasa todo equipo en la segunda parte fue un problema. Para las brasileñas sí, porque su mala salida en la segunda mitad permitió a las españolas situarse con una renta que ya fue insalvable. España supo cambiar su manera de jugar para adaptarse a los problemas que le planteó el rival pero, sobre todo, encontró en Silvia Navarro la palanca necesaria para tener seguridad atrás y completar una defensa de ayudas majestuosa que terminó por doblegar la superioridad física de las sudamericanas.