Jim Moran: «Quiero ganar un campeonato de la NBA»

Jim Moran, leyenda del Club Baloncesto Gran Canaria, se curte de forma meteórica en la mejor liga del mundo. Llegó a la franquicia de los Portland Trail Blazers como coordinador de vídeo en 2015 hasta ser promocionado como técnico asistente del entrenador jefe Terry Stotts. El neoyorquino vistió la camiseta amarilla durante una década (2001-2011), su único equipo como profesional. Protagonista de hazañas que perdurarán para siempre en el CID y con un corazón que hacía creer que todo era posible.

Un pasado inolvidable en la cancha y un presente y un futuro para soñar en los banquillos. El líder silencioso en el vestuario y en el parqué despierta su vocación para formar, orientar y trasladar su espíritu y su corazón a jugadores con hambre. Jim Moran, leyenda del Club Baloncesto Gran Canaria, aterrizó en la franquicia NBA de los Portland Trail Blazers en 2015 tras llevar a cabo un destacado trabajo como entrenador de desarrollo de jugadores con Maine Red Claws en la NBA Development League desde 2013.

Moran fue contratado como como coordinador de vídeo y tecnificación y su crecimiento en el cuerpo técnico es meteórico hasta promocionar esta temporada a la primera línea de asistentes del máximo responsable técnico del combinado de Oregón, Terry Stotts, en los compromisos.

«Estoy muy orgulloso de todo el trabajo realizado en la sala de vídeo para aprender los detalles del estilo de baloncesto que se practica en la NBA. La experiencia me hizo mejor entrenador. Tengo la oportunidad de aprender y seguir creciendo junto a algunos de los mejores jugadores de la competición y con entrenadores de este nivel. Estoy muy agradecido a Portland Trail Blazers y quiero ganar un campeonato de la NBA», valora.

En su cuarta campaña como preparador asistente y de labor de técnificación y mejora individual antes y después de los entrenamientos en la mejor liga del mundo, Moran desliza que «trabajo con el entrenador Stotts sobre nuestro ataque y el plan de juego en cada partido. También me encargo del análisis de varios equipos, me preparo ediciones de vídeo para mirar con nuestros jugadores».

El preparador neoyorquino está disfrutando de la mejor etapa reciente de los Portland Trail Blazers, una franquicia por la que pasaron los españoles Fernando Martín, Sergio Rodríguez, Rudy Fernández, Víctor Claver y Pau Gasol -este curso, pero se lesionó en noviembre- y también el canterano claretiano Joel Freeland, desde la llegada de Stotts, técnico asistente de George Karl durante diez años, hace ocho temporadas, firmando un récord de 53 victorias y 29 derrotas el pasado ejercicio para disputar los playoffs por sexto año consecutivo y acceder a la final de la conferencia oeste 19 años después, tras tumbar a Oklahoma City y Denver, cayendo por la vía rápida ante los Warriors por 4-0.

A la espera de la decisión del comisionado Adam Silver sobre la presente temporada -se espera antes de la finalización de este mes-, suspendida el pasado 11 de marzo por la pandemia del coronavirus, Portland Trail Blazers ocupa la novena posición en el oeste con un balance de 29 triunfos y 37 tropiezos.

«Disfruto trabajando con nuestros jugadores. Tenemos algunos con mucho talento y todos quieren mejorar. Es muy gratificante trabajar con ellos y verlos crecer, eso es lo que me encanta de ser entrenador», resalta sobre un plantel con Damian Lillard, Carmelo Anthony, CJ McCollum, Jusuf Nurkic, Hassan Whiteside, Trevor Ariza, Rodney Hood, Zach Collins, Gary Trent o Anfernee Simons, entre otros.

Moran se ha ganado el respeto de su jefe y de sus compañeros en el cuerpo técnico, pero también de unos jugadores que aprecian mejoras en todos los apartados del juego. «Jim crece cada año, se trata de un trabajador incansable y esperamos su continuo desarrollo», afirmó Stotts a principio de curso cuando anunció que promocionaba a la primera fila del banquillo en los partidos, mientras que CJ McCollum destacó públicamente la tecnificación con él.

Tampoco le ha ido nada mal al asumir ser entrenador jefe con los jóvenes en la Liga de Verano, ya que en 2017 le dieron la oportunidad y alcanzó una final en Las Vegas que perdió ante Los Angeles Lakers. Fue una tarjeta de presentación que llamó la atención y, a pesar de que Stotts es partidario de rotar entre sus asistentes en la época estival, Moran repitió al año siguiente, conquistando el título tras tomarse la revancha ante Lakers.

«Fue una gran experiencia para mí. Pude entrenar al equipo y estar en condiciones de tomar todas las decisiones. Era muy diferente a mi rol cotidiano y aprendí mucho. Estaba muy feliz de que nuestro equipo tuviera éxito porque trabajaron muy duro para lograrlo», recuerda.

El sueño de que sus hijos vean el ‘20’ en el Arena

El dorsal 20 que Jim Moran defendió hasta la extenuación en el Club Baloncesto Gran Canaria durante una década (2001-2011) lució en lo más alto del Centro Insular de Deportes en su recta final como fortín inexpugnable amarillo y ahora lo hace en el Gran Canaria Arena. El simple hecho de pronunciar o leer su nombre provoca una sonrisa y hasta escalofríos a una afición que lo idolatró por su entrega e identificación infinita con una isla y un club en crecimiento.

«Todavía tengo mucho que aprender sobre este juego y quiero seguir creciendo. Amo lo que hago y me encanta venir a trabajar todos los días. Si algún día tengo la suerte de ser entrenador jefe, estaré muy feliz y muy agradecido», argumenta. Pero verlo dirigir a su único equipo como profesional sería un sueño para muchos que el técnico norteamericano todavía no quiere pensar. «No lo sé. Por ahora quiero convertirme en el mejor entrenador que pueda ser y seguir mejorando», asegura.

Moran, quien disputó 358 partidos en la ACB, acumulando 7.452 minutos, 2.060 puntos, 802 rebotes, 321 asistencias y 296 recuperaciones, y siendo histórico del Granca en muchos apartados, lamenta no haber pasado de ronda en la Copa del Rey ni en el Playoff durante su etapa en la isla, pero no esconde su felicidad por los éxitos obtenidos en las últimas temporadas con la Euroliga, finales y el título de la Supercopa.

«Por supuesto que sigo al Granca. Estoy muy feliz por el club y por el éxito, pero todavía más por la marea amarilla porque son los mejores y se lo merecen. Sigo en contacto con Sitapha Savané, Roberto Guerra, José Sánchez, Josh Fisher y más. Esta temporada vi algunos partidos de la ACB con Pau Gasol, pero nunca apoyo al Barça», señala entre risas.

Nacido en Syosset hace 41 años, el máximo responsable de la parcela deportiva insular, Berdi Pérez, lo reclutó para el Granca directamente desde la Universidad de William & Mary y confiesa que aún se emociona cuando recuerda todo lo vivido. «Estoy muy agradecido por mi tiempo en Gran Canaria, fue increíble con la afición, con los compañeros y con los amigos que hice. Siempre estaré orgulloso de ser canarión. Espero que algún día pueda llevar a mis hijos a un partido para ver la camiseta de su papá», manifiesta.

«Me encantó jugar en el CID y para una afición a la que extraño. Se me ponían los pelos de punta cuando gritaban mi nombre. Esa era mi casa y me encantaba jugar ante nuestra gente. Mi parte favorita cuando salía del Centro Insular era ver el hermoso océano», ahonda.

La pareja que formaba con Sitapha Savané dentro y fuera de la cancha definió al club claretiano durante muchos años. Ambos lograban la adaptación de los recién llegados en un tiempo récord y propiciaron que la afición creyera y disfrutara. Más allá de la victorias, estaba el compromiso con una tierra y con un club.

«Fue un orgullo compartir equipo con Sitapha, uno de los mejores jugadores con los que he jugado y un gran amigo. Creo que es un gran comentarista porque es muy inteligente y entiende muy bien el juego. Y también le encanta hablar, no le digas que dije eso», bromea con complicidad, mientras añade que «definitivamente merece su camiseta retirada en Gran Canaria».

Su huella es imborrable como la del médico Pedro Montesdeoca. «Estoy muy triste por la muerte del Doc Pedro. Fue una gran persona y un gran amigo. Envío mis oraciones a su familia, lo voy a extrañar mucho», concluye.