Jordi Alba (i), en un entrenamiento con la selección española. / Afp

Catar 2022

Jordi Alba y Luis Enrique, ante su segunda reconciliación

El lateral zurdo apunta a titular en Georgia con un seleccionador con el que tuvo rencillas en el Barça y que le lanzó un mensaje desafiante el día de la convocatoria

P. RÍOS

Jordi Alba, 32 años recién cumplidos y 70 veces internacional, es uno de los tres supervivientes, junto a Sergio Ramos y Sergio Busquets, de la selección española que ganó su último título, la Eurocopa 2012, competición en la que marcó un gol en la final ante Italia (4-0) y en la que fue titular, como en el Mundial 2014, en la Eurocopa 2016 y en el Mundial 2018. El gran momento del lateral zurdo en el Barça, con cinco goles entre Liga y Copa y once asistencias oficiales directas y varias indirectas, le ha permitido volver a La Roja. El jueves fue el suplente del valencianista Gayà, pero el domingo apunta a titular en Georgia en el inicio de la clasificación para el Mundial de Catar 2022, dispuesto a ganarse una plaza en esa cita y también en la Eurocopa 2021 que se juega este verano con un año de retraso.

Tendrá que convencer Alba a Luis Enrique por lo que haga en los partidos pero también por cómo se comporte en los entrenamientos o fuera de las instalaciones deportivas. Algo se rompió en su día en su relación en el Barça, donde coincidieron entre 2014 y 2017, y parece que no está reparado del todo. «Conocerse mucho tiene cosas buenas y a lo mejor otras no tan buenas. En mi caso creo que es positivo que conozca tanto a Jordi y que él me conozca tanto a mí. Ya sabe de qué pie cojeo. Ahora mismo, de ninguno», explicó el seleccionador cuando dio la lista en lo que pareció una amenaza. Para el catalán es un 'déjà vu' porque ya volvió con Luis Enrique a la selección cuando parecía que le había puesto la cruz.

Cuando Luis Enrique asumió las riendas de La Roja tras la cita de Rusia, se intuyó que Alba iba a dejar de tener protagonismo porque su relación en el Barça entre 2014 y 2017 no había acabado de la forma ideal y, efectivamente, faltó en sus dos primeras convocatorias, aunque reapareció en la tercera para jugar el 23 de marzo de 2019 ante Noruega (2-1) y dar un gol a Rodrigo. Repitió en junio de 2019 como titular en el 3-0 a Suecia, también clasificatorio para la Eurocopa de 2020 que se acabará jugando en 2021. Si hubo alguna rencilla o desconfianza, parecía olvidada.

Sin embargo, el técnico asturiano tuvo que dejar el cargo temporalmente por problemas personales en manos de Robert Moreno, quien le citó en septiembre de 2019 en un partido ante Rumanía (1-2) en la que es la última internacionalidad del catalán, hace ya 18 meses, porque cuando Luis Enrique recuperó el mando en septiembre de 2020 no lo volvió a llamar. Ahora Jordi Alba ha vuelto en el inicio de la clasificación para el Mundial de Catar 2022 con la fase final de la Eurocopa 2021 a la vuelta de la esquina.

La intrahistoria del conflicto

El conflicto nace en la última temporada de Luis Enrique como entrenador del Barça, la 2016-17, concretamente en París en la ida de los octavos de la Liga de Campeones. El PSG se impuso 4-0 en un partido en el que el técnico acabó harto de Alba, que no cumplió con las órdenes tácticas ni siquiera cuando en el descanso le intentó corregir. Se intuye que descuidó la zona defensiva más de lo necesario en su afán de atacar y por su espalda entraron como quisieron Di María, Draxler y compañía. En la vuelta, el día de la remontada (6-1), ya no jugó.

Mathieu volvió a quitarle el sitio en Turín en la ida de cuartos ante la Juventus (3-0). Ahí sí que volvió en la vuelta (0-0), pero se perdió otros partidos importantes por decisión técnica primera vez en su carrera. Y no lo llevó bien, En París también hubo crisis con Sergio Busquets y Andrés Iniesta, que dejaron dudas en los medios de comunicación sobre el planteamiento, pero con los dos centrocampistas sí recondujo la situación.

Con Alba no fue así hasta el punto de que el lateral, sin calcular que podrían volver a encontrarse en otro club o en la selección, le lanzó un par de indirectas tanto como cuando llegó Ernesto Valverde al Barça ( «seguro que me va mejor que con Luis Enrique», dijo con tono vengativo) como cuando alabó a Julen Lopetegui en la selección ( «se agradece que él sí vaya de cara», señaló en modo comparativo). Luis Enrique ya se olvidó de todo eso la primera vez que le rescató. Ahora todo depende del estado de forma de Alba. Y que cada uno deje de buscar el pie del que cojea el otro.