Juan Luis Pulido, este martes en su domicilio de la capital grancanaria. / juan CARLOS ALONSO

«Pensé en retirarme, pero tuve fuerzas y ahora estoy en Primera División. Soy un privilegiado»

Juan Luis Pulido, colegiado grancanario que acaba se ser ascendido a la máxima categoría, saborea su éxito tras una carrera de superaciones

Juan Luis Pulido (Las Palmas de Gran Canaria, 1983) lleva dos días instalado en el cielo. Luego de confirmarse su ascenso a Primera División, ayer fue declarado mejor árbitro de Segunda División en la recién finalizada temporada 2021-22 con el trofeo Vicente Acebedo, galardón creado en 2008, a propuesta de Victoriano Sánchez Arminio, presidente del Comité Técnico de Árbitros de la Federación Española, tomando el nombre de Vicente Acebedo, que fue vicepresidente de dicho organismo y miembro del Comisionado de la FIFA para el estudio de las reglas de juego. Pulido ha dirigido un total de 249 partidos en las últimas dieciséis temporadas (diez de ellas en Segunda B y seis en Segunda A), además de que en las últimas dos se ha encargado de dirigir encuentros en promoción de ascenso a Primera, un hecho que en el mundo arbitral se considera un examen final para optar al ascenso. También fue partícipe de esta situación en la temporada 2018-19.

- ¿Puede pedir más después de todos los focos que le están iluminando últimamente?

-No me puedo quejar, esa es la verdad. Si lograr el ascenso a Primera División ha supuesto para mí algo espectacular, un sueño cumplido, que encima me designen como mejor árbitro de Segunda División supone otro reconocimiento que me llena de orgullo y de satisfacción.

-Desde abajo, campos de tierra y condiciones precarias, a la cima, que se dice pronto.

-Como todos. Empecé por mi padre, que fue árbitro, Juan Luis Pulido Armas, y con el que llegué a coincidir en Tercera División. Antes pasé por las categorías regionales, Preferente, Tercera y Segunda División B. Estuve 10 años en Segunda B y, tengo que renocerlo, fue una etapa en la que viví momentos duros, con lesiones en etapas muy puntuales que me perjudicaron mucho. Tuve que ser muy fuerte para no dejar el arbitraje entonces.

-¿Pensó en esa larga espera que no llegaría, que ahí acababa todo?

-Sí. Me llegué a plantear hasta la retirada porque pensaba que estaba estancando, que mi momento podía haber pasado. Fueron muchas piedras en el camino, dificultades que superé armándome de paciencia y de fuerza de voluntad. Lo digo sin vanidad, mi historia da para mucho porque lo he pasado muy mal. Ahora disfruto, miro atrás y me considero un privilegiado. Pero verte tanto tiempo en la Segunda B, parado por lesiones, sin un horizonte claro... Fue realmente duro y casi tiro la toalla. Reconozco que quise hacerlo, que pensé que no llegaría.

-¿Qué palanca se activó para cambiar su suerte?

-El ascenso a Segunda. Fue un impulso tremendo. Me dio un subidón, por así decirlo. Fue en la campaña 2016-17. Desde entonces, la verdad, todo me ha salido muy bien, hasta el punto de lo que he vivido esta última temporada que me ha valido lo que siempre he querido: arbitrar en la máxima categoría.

-¿Sus vivencias mandan un mensaje a todos los árbitros que empiezan de que sí se puede?

-No pretendo ser un ejemplo para nadie. Pero, repito, si yo pude, desde luego que todos también si le ponen ganas, trabajo, sacrificio, constancia e ilusión. He podido disfrutar de mi vocación y no me ha importado nunca renunciar a lo que fuese por ello. Y aquí estoy.

-Clausuró el curso dirigiendo en el play-off de ascenso en la eliminatoria entre Eibar y Girona. Curioso porque si UD Las Palmas y Tenerife no se hubiesen medido en semifinales le habrían dejado sin esa posibilidad al ser canario. ¿Eso hubiese complicado su candidatura a Primera?

-No podía pitar ni a UD ni a Tenerife, es la realidad. Y si cada uno de los equipos hubiese disputado el primer cruce por separado y alguno hubiese alcanzado la final, me habría quedado fuera. Al final no fue así y pude arbitrar en una de las eliminatorias. ¿Que si me hubiese perjudicado ese supuesto? Es muy importante estar presente en estos partidos decisivos, pero pienso que siempre se evalúa por los méritos acumulados durante los meses anteriores. Acumulé 21 encuentros de Liga y 2 de Copa del Rey. Si no hubiese estado a buen nivel en el global de esos encuentros de nada me hubiese valido hacerlo bien al final. Es como un maratón.

-Se define como un colegiado «dialogante y empático».

-Me gusta dejar jugar, permitir el juego de contacto hasta lo que marca el reglamento claro. Tengo claro que el futbolista te pierde el repeto si te pones a pitar tonterías. Eso sí, marco siempre una línea de autoridad pero desde la comprensión al jugador. No es un autoritarismo estricto y que no admite el diálogo. Al fin y al cabo, árbitros y jugadores compartimos en el terreno de juego la tarea de que todo salga bien y tenemos que colaborar y ayudarnos, sabiendo que, evidentemente, cada equipo busca sus intereses y ganar.

-Ya no cabe en el fútbol la figura del colegiado al que no se le podía ni dirigir la palabra...

-Eso está fuera de catálogo ya. En otras épocas es verdad que se vivieron circunstancias que hoy sería impensable. Dentro de un respeto, de una cordialidad, por supuesto que un jugador puede dirigirse a un árbitro controlando la tensión, las revoluciones de un partido. Creo que el fútbol, en este sentido, ha experimentado grandes avances.

-Incluso a la hora de exponerse a los medios de comunicación. Frecuentemente acceder a su gremio supone mil trabas e impedimentos.

-Respeto a los compañeros, pero, en mi caso, siempre estoy abierto. Y más en estos momentos, en los que todos hablan tan bien de mí... (ríe).

-¿Y ahora? ¿Cómo visualiza el futuro? Bernabéu, Nou Camp, Wanda... Le esperan las mejores plazas.

-Realmente no me ha dado ni tiempo para asimilar y masticar todo. Todavía estoy contestando mensajes de felicitación y tratando de digerir lo que me ha tocado vivir. Lo mismo en un par de semanas ya me hago a la idea. Ahora quiero descansar unos días, recuperarme de tanta exigencia física y mental.

-Será el único árbitro en Primera de la tierra junto al lanzaroteño Hernández Hernández.

-Hay asistentes de aquí, pero como árbitro principales es verdad que seremos los únicos. Supone un orgullo compartir ese privilegio con un compañero como él, al que conozco desde hace muchos años. Es un referente por todo lo que ha hecho. Alejandro ascendió muy pronto a Primera, ya es internacional... Compartimos muchas vivencias aunque, desde que se trasladó a vivir a Madrid, no podemos tener un contacto tan frecuente.

-¿Le hubiese gustado que su ascenso coincidiera con el de la UD Las Palmas?

-Por supuesto. Como amante del fútbol y aficionado, no puedo negar que siempre quiero al equipo de mi isla, la UD Las Palmas, entre los mejores. Fue una pena que no lo lograra este año. Ojalá que sí lo consiga en el próximo intento. Creo que para el fútbol canario es muy importante que tanto UD Las Palmas como CD Tenerife compitan al máximo nivel.

-¿Cambiará su rutina de trabajo ya como árbitro de Primera?

-Para nada. A inicios de julio iniciaré mi pretemporada a nivel físico y luego afrontaré la concentración que siempre desarrollamos y que es previa al inicio del calendario. Es la misma rutina que cuando estás en Segunda División. Además, yo siempre me lo he tomado todo con la misma exigencia.

-¿Llevará a su padre a algún partido la próxima temporada?

-Él nos inició a mí y a mi hermano en el arbitraje. Está, como toda la familia, muy feliz de verme en Primera y seguro que voy a buscar el momento para que me pueda acompañar a algún partido y lo disfrute desde la grada.